Narcodrama en cinco escenas

Roberto Delgado
Por Roberto Delgado 25 Octubre 2011
Escena 1: La Costanera. Un hombre distribuye cocaína, "paco" y marihuana para pequeños consumidores. Su negocio es próspero. "Trabajan" con él su mujer, que coordina la venta, y también su amante, que sale a entregar la droga. Los detuvieron el sábado pasado.

Escena 2: barrio Juan XXIII ("La Bombilla"). "La Malvina" reincidió. Estaba presa en su domicilio y vendía marihuana, en pequeñas cantidades, junto a sus dos hermanos y su madre, y el sábado 15 la atraparon in fraganti.

Escena 3: comisaría 7a. Es el miércoles 19. "El Correntino", preso por drogas, usa un alicate para tratar de romper los barrotes de la ventana y escapar. Lo ve un suboficial y se traba en lucha con él; lo domina y evita la fuga. Había sido detenido el 17 de agosto en un procedimiento en Villa Fiad, donde se encontró una finca con 600 kilos de marihuana. La finca era administrada por "El rubio" que, desde su celda en la comisaría de Aguilares, seguía moviendo los hilos para la distribución de droga en el sur. ¿Qué hacía "El Correntino" en la seccional 7a, en Villa Luján? Es que no hay cupo en la cárcel de Villa Urquiza para presos federales. Había sido enviado allí desde la seccional 12a, que a su vez lo había recibido del sur de la provincia. En la comisaría 7a estaba alojado en una habitación, no en una celda. Por ello, y porque nadie ha podido explicar qué hacía el preso con el alicate (que antes había sido visto en otra parte de la comisaría), el jefe de la seccional, el comisario Mario Medina, quedó en disponibilidad y estará bajo sumario durante 90 días.

Escena 4: tres funcionarios que trabajan en la Zona Franca de Tucumán fueron detenidos el miércoles 15 por Gendarmería, en el marco de la investigación por el tráfico del "narcocarbón", por el que se enviaba cocaína "negra" de Joaquín V. González (Salta) a Lisboa (Portugal). Hubo 10 detenidos en varias provincias. Se encontraron 365 kilos de droga. Los tres detenidos vivían en Yerba Buena. Uno era jefe de Aduana, los otros dos eran despachantes.

Escena 5: el sábado 22, en Villa 9 de Julio, una patota mató a sangre fría, en "El puente negro", a Marcos Adrián Toro, hijo de Verónica Toro, condenada por tráfico de estupefacientes, quien cumple prisión domiciliaria. Sus furiosos familiares culpan a un clan rival y vecino, de apellido Luna, que niega vinculación con el ataque. No obstante, en febrero uno de ellos, Jonathan Luna, murió apuñalado en una pelea y por eso está preso Maximiliano Toro, otro hijo de Verónica.

Epílogo: El jefe de la dirección de Drogas Peligrosas, comisario Fabián Salvatore, da su explicación de lo que sucede: "Los grupos que distribuyen drogas en Tucumán suelen estar formados por familias o personas que son amigos entre sí". Hasta ahí tiene razón y eso permite entender que haya muchas mujeres en el "negocio" (se les suele dar prisión domiciliaria, como se ve, por cuestiones de edad o de hijos) y que los vínculos se extiendan hasta el nivel de hermanos, padres, esposos, amantes y amigos.

Mejor lo describió hace dos semanas el gobernador José Alperovich: "la droga entró y penetró en todos lados; es impresionante", opinó, aunque no está claro si el Gobierno y la sociedad tienen una dimensión exacta del fenómeno. Salvatore dice que no hay bandas que operen en la provincia "y mucho menos con poder de fuego", pero la violencia que reina en Villa 9 de Julio y el modo en que los narcos parecen contaminar oficinas públicas como la Aduana o una comisaría desbaratan sus argumentos: la cultura narco está aún en la periferia, pero ya se desborda, se disemina por el vasto cuerpo de la sociedad y conforma una nueva forma de vivir para mucha gente. Y ese es el gran drama.

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