20 Julio 2003 Seguir en 
El viaje, la ruta de lo desconocido y el anhelo de impresiones nuevas han seducido siempre al inquieto espíritu humano. Con el paso de los siglos, el turismo se convirtió en muchos países no sólo en una fuente de ingresos importante, sino en una industria poderosa, como sucede en las naciones europeas. Suele decirse que imitar lo bueno es un rasgo de inteligencia. En la Argentina, hay provincias, cuyos sucesivos gobiernos entendieron muy bien que la industria sin chimeneas era fundamental para el desarrollo de la economía y, por ende, del progreso. Se dedicaron entonces a hermosear sus bondades naturales, dotándolas de la infraestructura necesaria; a preservar el patrimonio histórico; a construir caminos, y a promover en forma coordinada y sostenida manifestaciones culturales, de manera que estuviesen preparados para recibir al turista todo el año y no sólo durante una temporada.
Pese al empuje del secretario de Turismo, quien trabajó junto a la Cámara de Turismo de la provincia por posicionar a Tucumán a nivel nacional, hay asignaturas pendientes que impiden hasta ahora que el esfuerzo realizado se consolide. Se avanza por un lado, pero se retrocede por el otro. La anterior ley de promoción turística permitió dotar a Tafí del Valle de una hotelería de muy buen nivel, y sobre esa base, la ciudad vallista se erigió en la "joya" tucumana, como consecuencia de la difusión constante que impulsó el organismo provincial. Hace pocas semanas, la Secretaría y la Cámara lanzaron en la Capital Federal el programa "Tucumán en su mesa" para promocionar nuestra gastronomía y los productos artesanales, conscientes de que promover el turismo no significa solamente difundir paisajes, sino también nuestra identidad.
Pero aún falta mucho camino por recorrer. Por ejemplo, la provincia carece de un estadio polideportivo -pese a que hay un proyecto diseñado en la década del 70-, y tampoco posee un centro de convenciones. "En 1993 hubo 120 congresos nacionales en Tucumán y en 2002 no superaron los 20", señalaba el titular de la Cámara de Turismo, lo cual da una idea de un retroceso significativo en ese aspecto.
No se consideró en la Legislatura una nueva ley de promoción turística que, como la anterior, promueva las inversiones en materia hotelera. No existe una ley de desgravación impositiva. La ciudad y la provincia carecen, por ejemplo, de un parque de diversiones de grandes dimensiones como existe en Córdoba. Los asuntos viales siguen descuidados y la señalización es deficiente. No hay coordinación entre la Provincia y los municipios. Parece un contrasentido que "El Jardín de la República" tenga una capital que se caracteriza por la suciedad y por la falta de cuidado. En plena temporada, prosiguen los trabajos de repavimentación que convierten al microcentro en un infierno cotidiano. Los empleados municipales aplican multas sin contemplaciones a los visitantes que, por desconocimiento, suelen cometer infracciones en el tránsito, especialmente en la calle Crisóstomo Alvarez.Mientras en otras provincias, las casas y edificios antiguos son considerados reliquias, en Tucumán caen inexorablemente bajo la piqueta; no se explotan los ricos yacimientos arqueológicos ni los sitios históricos. Pero también falta una conciencia ciudadana de preservar, de cuidar el lugar donde se vive.
En 2002 el turismo le dejó a la provincia $ 100 millones y se estima que este año la cifra rondará los $ 120 millones. Sin embargo, lo insólito es que la Secretaría Provincial de Turismo carece de presupuesto. Ello demuestra el escaso interés de nuestros gobernantes -incluyendo a los legisladores-, por desarrollar el turismo. Mientras la clase dirigente siga más preocupada en preservar sus lotes de poder que en gobernar para el pueblo, Tucumán no logrará subirse nuevamente al tren del progreso.
Pese al empuje del secretario de Turismo, quien trabajó junto a la Cámara de Turismo de la provincia por posicionar a Tucumán a nivel nacional, hay asignaturas pendientes que impiden hasta ahora que el esfuerzo realizado se consolide. Se avanza por un lado, pero se retrocede por el otro. La anterior ley de promoción turística permitió dotar a Tafí del Valle de una hotelería de muy buen nivel, y sobre esa base, la ciudad vallista se erigió en la "joya" tucumana, como consecuencia de la difusión constante que impulsó el organismo provincial. Hace pocas semanas, la Secretaría y la Cámara lanzaron en la Capital Federal el programa "Tucumán en su mesa" para promocionar nuestra gastronomía y los productos artesanales, conscientes de que promover el turismo no significa solamente difundir paisajes, sino también nuestra identidad.
Pero aún falta mucho camino por recorrer. Por ejemplo, la provincia carece de un estadio polideportivo -pese a que hay un proyecto diseñado en la década del 70-, y tampoco posee un centro de convenciones. "En 1993 hubo 120 congresos nacionales en Tucumán y en 2002 no superaron los 20", señalaba el titular de la Cámara de Turismo, lo cual da una idea de un retroceso significativo en ese aspecto.
No se consideró en la Legislatura una nueva ley de promoción turística que, como la anterior, promueva las inversiones en materia hotelera. No existe una ley de desgravación impositiva. La ciudad y la provincia carecen, por ejemplo, de un parque de diversiones de grandes dimensiones como existe en Córdoba. Los asuntos viales siguen descuidados y la señalización es deficiente. No hay coordinación entre la Provincia y los municipios. Parece un contrasentido que "El Jardín de la República" tenga una capital que se caracteriza por la suciedad y por la falta de cuidado. En plena temporada, prosiguen los trabajos de repavimentación que convierten al microcentro en un infierno cotidiano. Los empleados municipales aplican multas sin contemplaciones a los visitantes que, por desconocimiento, suelen cometer infracciones en el tránsito, especialmente en la calle Crisóstomo Alvarez.Mientras en otras provincias, las casas y edificios antiguos son considerados reliquias, en Tucumán caen inexorablemente bajo la piqueta; no se explotan los ricos yacimientos arqueológicos ni los sitios históricos. Pero también falta una conciencia ciudadana de preservar, de cuidar el lugar donde se vive.
En 2002 el turismo le dejó a la provincia $ 100 millones y se estima que este año la cifra rondará los $ 120 millones. Sin embargo, lo insólito es que la Secretaría Provincial de Turismo carece de presupuesto. Ello demuestra el escaso interés de nuestros gobernantes -incluyendo a los legisladores-, por desarrollar el turismo. Mientras la clase dirigente siga más preocupada en preservar sus lotes de poder que en gobernar para el pueblo, Tucumán no logrará subirse nuevamente al tren del progreso.







