Alegría, enojo, sorpresa, reflexión, entusiasmo, mutismo, indiferencia, euforia, festejo, resignación... Como en cada elección y como en todo el país, en nuestra Redacción se exteriorizan todo tipo de sentimientos a medida que se va conociendo el escrutinio. "¡Mirá quién entró, nadie le daba dos pesos!". "¡Qué paliza!". "¡Qué mal le fue, no lo votó ni la madre!". "¡Chau chau, gracias por todo!". "¡Se viene el Cristinazo!". "¡Viva el voto en blanco!". "¡Viva la patria!". "¡Mejor me voy a vivir a Libia!". Y así, durante todo el día, algunos en broma, otros en serio, los periodistas fueron expresando sus emociones y puntos de vista. Una forma de aflojar tensiones y relajar los nervios que se anudan en el cuello y en la espalda a lo largo de una jornada intensa y extenuante. Es que el objetivo es uno solo y no tiene diferencias partidarias ni ideológicas: hacer el mejor diario posible y que al otro día nos explote el pecho de orgullo. "Listo, cerramos, ¿quién paga el whisky?".
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