La Presidenta ante el reto de encauzar una gestión dialoguista

Frente a un triunfo casi seguro, la mandataria deberá elegir entre la profundización del discurso único o la apertura. Los mercados.

Por Patricia Vega 23 Octubre 2011
BUENOS AIRES- La bochornosa disputa radial que se registró el jueves entre los periodistas Magdalena Ruiz Guiñazú y Víctor Hugo Morales ha puesto descarnadamente en el escenario la característica central de estas horas previas a las elecciones presidenciales de 2011: la sociedad está políticamente dividida y se muestra los dientes, tal como nunca antes ocurrió desde la recuperación de la democracia.

En este clima de secesión que tiene su raíz en rigideces ideológicas de difícil conciliación, del cuál las divergencias entre periodistas son sólo un ejemplo de la intolerancia ambiente, se llega a esta instancia con la incógnita de saber cómo se va a concretar la casi segura continuidad del gobierno kirchnerista en relación con esa preocupación; algo que Cristina Fernández resumió en su discurso de cierre de campaña con un llamado a lograr un "punto de unión para superar las diferencias, sin perder la identidad".

Sin embargo, con actores de la política y de la economía que buscan subirse al carro del oficialismo y con otros que, como Hugo Moyano, van a ser reemplazados por otros probablemente menos conflictivos y con militantes e ideólogos del ala más radicalizada, ¿qué pasará a partir de mañana? ¿Triunfará la hegemonía o la pluralidad? ¿Ganará la militancia o la independencia?

Fortalecida como estará la Presidenta, bien podría encauzar a los defensores del discurso único o a quienes en su entorno hacen un culto permanente del maniqueísmo. De allí que, para Cristina, cumplir con esa promesa será todo un desafío.

Lamentablemente, los antecedentes no juegan a su favor a la hora de la construcción de consensos, como pasó después de las elecciones de 2009, con el gobierno nacional en extrema debilidad y con un llamado a la Casa Rosada que sólo Elisa Carrió no aceptó y que para el resto de la oposición resultó ser un verdadero chasco. También Mauricio Macri puede dar fe de lo difícil que es conversar de igual a igual con el gobierno nacional.

En otro orden y porque se confía en que se alcanzará un número de bancas considerable entre las propias y las aliadas, desde el kirchnerismo legislativo ya se promete que el Ejecutivo llevará a Sesiones Extraordinarias, para imponerlas, la prórroga de la Ley de Emergencia Económica, la extensión del Impuesto a los débitos y créditos bancarios, el pacto fiscal con las tabacaleras y sobre todo una modificación a la Carta Orgánica del Banco Central que permita el uso de las Reservas de Libre Disponibilidad por encima de los actuales parámetros que son un resabio de la Convertibilidad.

Tampoco descartan los más recalcitrantes kirchneristas que una mayoría bien amplia permita avanzar luego hacia una declaración de necesidad de Reforma de la Constitución, ya sea para cambiar el régimen presidencialista por otro parlamentario o directamente, como quiere el ideólogo Ernesto Laclau, por la reelección indefinida, tema bien controvertido si los hay.

Otra historia de imposiciones ha ocurrido con el llamado "modelo" económico, donde nadie puede meter baza ni siquiera para ayudar a recortar sus rigideces, por más que buena parte de los fundamentos que instauró Néstor Kirchner casi como un credo en sus primeros años, se hayan ido por la rejilla. Lo poco que ha quedado del programa original se dice que es intocable y hasta los que piden un plan son tildados de desestabilizadores. Mientras tanto, sin ningún tipo de coordinación, la economía local ha quedado a la intemperie, a merced de los vientos de la situación internacional.

Hoy las condiciones no son apocalípticas; pero hay mayor debilidad que en la recesión global de 2008. En esta oportunidad, la crisis sucede cuando la Argentina ya lleva casi cinco años de inflación recurrente, lo que ha ampliado la brecha con la paridad cambiaria, mientras dispone de menor cantidad de dólares provenientes del comercio exterior y muestra un déficit fiscal plagado de subsidios de todo tipo que, en la actualidad, sólo se mitiga con fuentes de financiamiento ajenas al Tesoro.

En tanto, desde el exterior, hay alertas por los menores precios de las materias primas, especialmente por la soja y por la devaluación de la moneda brasileña, que habrá que ver a qué distancia por debajo de la barrera de los 2 reales por dólar se ubica en los próximos días, tras las elecciones argentinas.

Igualmente, a muchos especialistas les parece que la presión externa ha mermado, pese a que se pronostican graves complicaciones económicas para el año próximo si no se toma el toro por las astas.

"El comportamiento de los mercados, fundamentalmente el valor de las acciones, está asignando una alta posibilidad de recesión en Unión Europea, una moderada probabilidad de muy débil crecimiento en los EE.UU. y una significativa desaceleración en el mundo emergente", sintetiza el Departamento de Investigaciones del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF).

En tanto, un Informe de la Escuela de Negocios de la Universidad Austral (IAE) que dirige Juan Llach se ocupa de los temas que podrían impactar en la Argentina: "Es posible que, salvo un derrumbe global, las materias primas hayan tocado un piso después de caer entre 15% y 20% por el desarme de las carteras de los fondos especulativos. Por otro lado, Brasil acentuaría su política devaluatoria sólo en un escenario tipo 2008-09, ya que la inflación anualizada a septiembre llegó a 7,31% anual, muy por encima de los objetivos del programa monetario", dice.

El informe añade que igualmente, "aunque estos dos frentes se estabilicen, la desaceleración global también se manifestará en 2012 en la Argentina" y calcula que "es muy poco probable" que el PIB crezca el 5,1% previsto en el Presupuesto y que 4% "sería para festejar". Como la "buena noticia" para el año próximo, el IAE señala que es probable que se produzca una reducción del aumento de precios por una menor inflación importada, "pero eso dependerá en gran medida de los aumentos salariales a otorgarse", opina.

Pese a estos pronósticos, es probable que las causas más fuertes que han desembocado en las múltiples inconsistencias económicas sobre las que el gobierno nacional no ha querido operar a la espera de los resultados eleccionarios, hayan sido el descalabro y el oportunismo político descripto. Está claro que no se podía explicitar que hay rumbos demasiado grandes abiertos por debajo de la línea de flotación del programa económico y que esto, junto al cada día mayor aislamiento internacional (FMI, Club de París, GAFI, etcétera) es lo que ha terminado provocando una fuga de capitales mayúscula, que podría superar el récord de 2008, de US$ 23.800 millones. ¿Qué debería pasar con el dólar en el cortísimo plazo? Aquí, el camino puede ir por dos lados diferentes. Si el Gobierno se escuda en una conjura de las grandes empresas y de los bancos, niega el problema con mayores controles y repite el esquema de poner la Gendarmería en las bocas de expendio como el viernes pasado, entonces la corrida seguirá, sólo que a través de los canales informales, lo que acentuará la brecha con el marginal y estimulará la sobrefacturación de importaciones y la subfacturación de exportaciones.

En cambio, hay quienes opinan que si al conjuro de los resultados electorales se apela a una conducción menos politizada de la economía y se permite que el dólar se eleve un porcentaje de golpe, se evitará caer en la recurrencia de correr detrás de los acontecimientos, tal como ha sido siempre la constante en los gobiernos que se resisten a reconocer la realidad, aunque ello generará sin dudas un salto inflacionario.

En busca de un colchón

Los partidarios del shock suponen que si la maniobra resulta y se logra convencer a los mercados, un nuevo equipo económico de características más profesionales hasta podría quedarse con algún colchón para intentar corregir las demás variables que se han escapado, aunque de aquí a fin de año se deberá hacer mucha sintonía fina, opinan, como inicio de un programa de estabilización y reactivación.

Esta columna ya había advertido que muchos de quienes votarán por la Presidenta eran en buena parte responsables de la presión que se nota sobre el tipo de cambio que, en estos últimos tiempos, el Banco Central no ha querido convalidar con una devaluación mayor. Es más, usó el artilugio ortodoxo de la pulseada contra las tasas y poco obtuvo, mientras que la venta de dólares a futuro lo ayudó a pasar el trance, aunque en la City muchos dudan sobre el cumplimiento efectivo de las compensaciones del próximo fin de mes.

Dicho de otra manera, el BCRA ha sacrificado el nivel de reservas y ha entregado a sabiendas dólares baratos, entre otros a muchos votantes kirchneristas, que probablemente son los que esperan que quienes armaron el desaguisado económico lo arreglen mejor que los opositores, aunque que, por las dudas, mantienen su dinero fuera del circuito.

En este punto, hay que consignar que el divorcio entre pros y antis que se ha hecho evidente en temas políticos no ha conseguido por ahora superar el escollo de la víscera más apreciada por todos los argentinos: el bolsillo. Toda una definición de las ambigüedades que predominan en la sociedad. (DYN)

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