Termina una de las semanas más nerviosas para el oficialismo en sus ocho años de gestión. Una en la cual la fractura entre el alperovichismo y el amayismo fue una posibilidad cierta.
La crisis se gestó en la intención de la Casa de Gobierno de dejar a la intendencia sin un solo lugar en la conducción del Concejo Deliberante. El Ejecutivo provincial avanzó con la propuesta de reelegir a Ramón Santiago Cano en la presidencia, secundado por Ignacio Golobisky como vicepresidente primero, y por José Luis Avignone como vicepresidente segundo. O sea, para el Ejecutivo municipal, ni Justicia. Ni un cargo, pese a que Domingo Amaya sacó más votos que José Alperovich en la Capital. Y a que el matrimonio Beatriz Ávila - Germán Alfaro le ganó a la sociedad de los "Cacho" (Armando Cortalezzi y Cano). De hecho, los del "vamos por todo" querían dejar sin nada al intendente no "a pesar" de sus victorias sino "justamente" por ellas.
En el amayismo, que recibía trato de "enemigo", leyeron la situación a lo Clausewitz. Aceptaron que el gobernador mantuviera a Cano en la conducción del Concejo, para que convirtiera en un triunfo político la derrota electoral. Pero de ahí a ser ninguneados en el resto de la mesa hay un largo trecho: el que convierte los triunfos comiciales de Amaya y de Alfaro en un desastre político.
Mano a mano
La sangre no llegó al río. El gobernador y el intendente se encontraron en el palacio de San Martín y 25 de Mayo. Tuvieron una conversación primero privada, después abierta a otros funcionarios. Alperovich sacó facturas domésticas. La más airada fue la de que Alfaro había "exagerado" con la movilización de seguidores que terminaron haciendo de la entrega de diplomas a los ediles una fiesta amayista. A ese mismo reclamo ya lo había formulado, puertas adentro, a los "Cacho". Que se dejaran ganar las tribunas fue una inexcusable falta de reflejos, para decirlo de manera elegante.
Amaya no llevó reclamos. Podría haber expresado que el memorial de agravios que recibe su gestión de parte de la Casa de Gobierno, además de larga, es onerosa. Un ejemplo es el Fondo Soja: desde 2009 (cuando fue creado) hasta ahora, la gobernación se quedó ya con $ 70 millones que eran para San Miguel de Tucumán. Y en 2012 retendrá $ 40 millones más, para asfaltar 350 cuadras. Sale cara la democracia pavimentadora: en principio, esa obra insume sólo $ 21 millones.
El intendente, aparentemente, sólo llevó un planteo: no podían dejarlo sin nada. Y él no acudía a solicitar un lugar para Alfaro (el ex diputado -que denunció hace un par de años acuerdos entre el alperovichismo y el bussismo- dijo a los suyos que, tras su victoria en las urnas, no necesita un cargo para ostentar poder). Iba a pedir la vicepresidencia primera para su actual ocupante: Eloy del Pino. Para Alperovich, sonó a que todo queda igual. Y aceptó. Como analiza un ministro -pero con otras palabras-, el mandatario puede acometer algunas locuras, pero de ninguna manera es un loco.
El puesto y el jefe
¿Qué pierde Amaya? La presidencia del Concejo, que le corresponde con legitimidad política a Alfaro: haber arrodillado a sus competidores alperovichistas lo convierte en el "guapo" del recinto. Al no conseguir la cima del órgano deliberativo, el intendente también ratifica que aunque él tiene votos y estructura (y alta imagen positiva en toda la provincia), el único conductor del proyecto político oficialista sigue siendo, sin escalas, el mandatario provincial.
¿Qué gana? Un puesto estratégico en un Concejo de 18 miembros, que está ciertamente escindido. Hoy, la oposición cuenta dos escaños radicales, uno republicano y otro del PRO. El amayismo tiene los tres ediles del acople de Alfaro. Cristian Rodríguez y Oscar Cano son "no alineados", pero el amayismo los proclama "contenidos". Y el alperovichismo reúne a los otros ocho concejales (resta definir si el edil 18 será la opositora Sandra Manzone o el peronista Claudio Morata). Luego, el alperovichismo no puede por sí solo imponer una ordenanza perjudicial para la intendencia, porque a Amaya le alcanza con correrse a Las Termas para que "Cacho" Cano deba suplirlo en la intendencia; y para que Del Pino, como titular interino del Concejo, tenga doble voto para desempatar.
Dos desafíos, un corolario
¿Qué obtiene Alperovich? Además de lo dicho, logra mantener un oficialismo cohesionado frente a un escenario doblemente desafiante. Por un lado, en lo político, aparece la futura reforma de la Constitución, que promete polarización. Por otra parte, en lo económico, la crisis financiera global y la caída de los commoditties preanuncian vacas no tan gordas para 2012. Según trascendió, los economistas que el gobernador tiene dentro del Gobierno, pero afuera del Ministerio de Economía, le advirtieron que en 2012 deberá "bajar el ritmo de las paritarias": si concede mejoras salariales como las que le dio este año a la Policía, directamente, no podrá pagar los sueldos. Marzo vendrá movido.
¿Que resigna el gobernador? Que se formule un corolario para una doctrina que no tenía contestes desde hace ocho años. "El que se enfrenta con Alperovich, pierde", dice la máxima oficialista, tan repetida como comprobada. Ahora habrá que agregar que a ese alperovichismo triunfal tampoco le resulta conveniente enemistarse del "amayismo".
En baja
Si bien no hay ganador indiscutido, sí hay dedos señalando perdedores, aunque algunos con atenuantes. Apuntan a los ediles que se quedaron fuera de la mesa, como Golobisky, a quien los amayistas dan por derrotado, pero que el alperovichismo rescata como "hombre de reserva": telegrama para Cano. Quien quedaría mal parado es Avignone. El radical no sólo decidió intervenir en la interna del peronismo, sino que eligió favorecer al alperovichismo. Y en desmedro de su "amigo" Alfaro.
En la intendencia aseguran que aunque el "correligionario" nunca llamó para comentar sobre su postura (por aquel padrenuestro peronista que reza: "el que avisa no traiciona"), ya lo veían venir. Por eso, explican, nunca consideraron forzar un "nueve a ocho" para elegir las autoridades del Concejo: "Avignone iba abortar el 'nueve' para nosotros", se enoja un "cerebro" amayista.
Para peor, no se descarta que el alperovichismo, ahora, no le dé la vicepresidencia al radical. Ayer mencionaban como favorito al peronista Luis Marcuzzi (referente de Rolando "Tano" Alfaro).
La postura frente a la Casa de Gobierno divide a la UCR también en la Legislatura. Están de un lado los que sostienen que hay que apoyar lo bueno del oficialismo y criticar lo malo. Y, del otro, los que aseveran que debe denunciarse hasta en la Justicia lo malo de esta gestión, que ya tiene mayoría propia para hacer aplaudir sus bondades. Federico Romano Norri y Roberto Sánchez integrarían un bloque, Ariel García y Silvia Elías de Pérez conformarían otro.
El otro, el mismo
La crisis superada deja dos escenarios claramente delineados. El primero, de forma, está dado por una llamativa coincidencia: se encumbran las embestidas contra el amayismo cuando Jorge Gassenbauer asciende como súperministro de Coordinación. A su sector le endilgan la tesis de que Amaya es un eventual competidor al que debe eliminarse políticamente. Una postura que contrasta con la del senador Sergio Mansilla, a quien le atribuyen una buena y dilatada relación con Alfaro. Y con la de Osvaldo Jaldo, a quien le asignan la tesis de que se "invirtió mucho" en Amaya (y en hacer que la Capital dejara de ser electoralmente adversa) como para sacrificarlo.
La segunda situación, de fondo: la Casa de Gobierno sacándose chispas con la intendencia es igual a alperovichismo vs. alperovichismo. El amayismo se presenta como la "Evolución": no se muestra contrario del alperovichismo, sino que se promete mejorado. O sea, el "modelo pavimentador" está a salvo. Y en este punto, es clave el "cuando" de la pelea entre "josesistas" y "dominguistas". Se da después de los comicios provinciales, pero no por el resultado que obtuvo cada lado, sino por el que recogió la oposición. Sembraron casi nada, cosecharon casi nadie. Entonces, para contradecir al alperovichismo, sólo hay más alperovichismo. El nuevo mandato comienza en una semana.
La crisis se gestó en la intención de la Casa de Gobierno de dejar a la intendencia sin un solo lugar en la conducción del Concejo Deliberante. El Ejecutivo provincial avanzó con la propuesta de reelegir a Ramón Santiago Cano en la presidencia, secundado por Ignacio Golobisky como vicepresidente primero, y por José Luis Avignone como vicepresidente segundo. O sea, para el Ejecutivo municipal, ni Justicia. Ni un cargo, pese a que Domingo Amaya sacó más votos que José Alperovich en la Capital. Y a que el matrimonio Beatriz Ávila - Germán Alfaro le ganó a la sociedad de los "Cacho" (Armando Cortalezzi y Cano). De hecho, los del "vamos por todo" querían dejar sin nada al intendente no "a pesar" de sus victorias sino "justamente" por ellas.
En el amayismo, que recibía trato de "enemigo", leyeron la situación a lo Clausewitz. Aceptaron que el gobernador mantuviera a Cano en la conducción del Concejo, para que convirtiera en un triunfo político la derrota electoral. Pero de ahí a ser ninguneados en el resto de la mesa hay un largo trecho: el que convierte los triunfos comiciales de Amaya y de Alfaro en un desastre político.
Mano a mano
La sangre no llegó al río. El gobernador y el intendente se encontraron en el palacio de San Martín y 25 de Mayo. Tuvieron una conversación primero privada, después abierta a otros funcionarios. Alperovich sacó facturas domésticas. La más airada fue la de que Alfaro había "exagerado" con la movilización de seguidores que terminaron haciendo de la entrega de diplomas a los ediles una fiesta amayista. A ese mismo reclamo ya lo había formulado, puertas adentro, a los "Cacho". Que se dejaran ganar las tribunas fue una inexcusable falta de reflejos, para decirlo de manera elegante.
Amaya no llevó reclamos. Podría haber expresado que el memorial de agravios que recibe su gestión de parte de la Casa de Gobierno, además de larga, es onerosa. Un ejemplo es el Fondo Soja: desde 2009 (cuando fue creado) hasta ahora, la gobernación se quedó ya con $ 70 millones que eran para San Miguel de Tucumán. Y en 2012 retendrá $ 40 millones más, para asfaltar 350 cuadras. Sale cara la democracia pavimentadora: en principio, esa obra insume sólo $ 21 millones.
El intendente, aparentemente, sólo llevó un planteo: no podían dejarlo sin nada. Y él no acudía a solicitar un lugar para Alfaro (el ex diputado -que denunció hace un par de años acuerdos entre el alperovichismo y el bussismo- dijo a los suyos que, tras su victoria en las urnas, no necesita un cargo para ostentar poder). Iba a pedir la vicepresidencia primera para su actual ocupante: Eloy del Pino. Para Alperovich, sonó a que todo queda igual. Y aceptó. Como analiza un ministro -pero con otras palabras-, el mandatario puede acometer algunas locuras, pero de ninguna manera es un loco.
El puesto y el jefe
¿Qué pierde Amaya? La presidencia del Concejo, que le corresponde con legitimidad política a Alfaro: haber arrodillado a sus competidores alperovichistas lo convierte en el "guapo" del recinto. Al no conseguir la cima del órgano deliberativo, el intendente también ratifica que aunque él tiene votos y estructura (y alta imagen positiva en toda la provincia), el único conductor del proyecto político oficialista sigue siendo, sin escalas, el mandatario provincial.
¿Qué gana? Un puesto estratégico en un Concejo de 18 miembros, que está ciertamente escindido. Hoy, la oposición cuenta dos escaños radicales, uno republicano y otro del PRO. El amayismo tiene los tres ediles del acople de Alfaro. Cristian Rodríguez y Oscar Cano son "no alineados", pero el amayismo los proclama "contenidos". Y el alperovichismo reúne a los otros ocho concejales (resta definir si el edil 18 será la opositora Sandra Manzone o el peronista Claudio Morata). Luego, el alperovichismo no puede por sí solo imponer una ordenanza perjudicial para la intendencia, porque a Amaya le alcanza con correrse a Las Termas para que "Cacho" Cano deba suplirlo en la intendencia; y para que Del Pino, como titular interino del Concejo, tenga doble voto para desempatar.
Dos desafíos, un corolario
¿Qué obtiene Alperovich? Además de lo dicho, logra mantener un oficialismo cohesionado frente a un escenario doblemente desafiante. Por un lado, en lo político, aparece la futura reforma de la Constitución, que promete polarización. Por otra parte, en lo económico, la crisis financiera global y la caída de los commoditties preanuncian vacas no tan gordas para 2012. Según trascendió, los economistas que el gobernador tiene dentro del Gobierno, pero afuera del Ministerio de Economía, le advirtieron que en 2012 deberá "bajar el ritmo de las paritarias": si concede mejoras salariales como las que le dio este año a la Policía, directamente, no podrá pagar los sueldos. Marzo vendrá movido.
¿Que resigna el gobernador? Que se formule un corolario para una doctrina que no tenía contestes desde hace ocho años. "El que se enfrenta con Alperovich, pierde", dice la máxima oficialista, tan repetida como comprobada. Ahora habrá que agregar que a ese alperovichismo triunfal tampoco le resulta conveniente enemistarse del "amayismo".
En baja
Si bien no hay ganador indiscutido, sí hay dedos señalando perdedores, aunque algunos con atenuantes. Apuntan a los ediles que se quedaron fuera de la mesa, como Golobisky, a quien los amayistas dan por derrotado, pero que el alperovichismo rescata como "hombre de reserva": telegrama para Cano. Quien quedaría mal parado es Avignone. El radical no sólo decidió intervenir en la interna del peronismo, sino que eligió favorecer al alperovichismo. Y en desmedro de su "amigo" Alfaro.
En la intendencia aseguran que aunque el "correligionario" nunca llamó para comentar sobre su postura (por aquel padrenuestro peronista que reza: "el que avisa no traiciona"), ya lo veían venir. Por eso, explican, nunca consideraron forzar un "nueve a ocho" para elegir las autoridades del Concejo: "Avignone iba abortar el 'nueve' para nosotros", se enoja un "cerebro" amayista.
Para peor, no se descarta que el alperovichismo, ahora, no le dé la vicepresidencia al radical. Ayer mencionaban como favorito al peronista Luis Marcuzzi (referente de Rolando "Tano" Alfaro).
La postura frente a la Casa de Gobierno divide a la UCR también en la Legislatura. Están de un lado los que sostienen que hay que apoyar lo bueno del oficialismo y criticar lo malo. Y, del otro, los que aseveran que debe denunciarse hasta en la Justicia lo malo de esta gestión, que ya tiene mayoría propia para hacer aplaudir sus bondades. Federico Romano Norri y Roberto Sánchez integrarían un bloque, Ariel García y Silvia Elías de Pérez conformarían otro.
El otro, el mismo
La crisis superada deja dos escenarios claramente delineados. El primero, de forma, está dado por una llamativa coincidencia: se encumbran las embestidas contra el amayismo cuando Jorge Gassenbauer asciende como súperministro de Coordinación. A su sector le endilgan la tesis de que Amaya es un eventual competidor al que debe eliminarse políticamente. Una postura que contrasta con la del senador Sergio Mansilla, a quien le atribuyen una buena y dilatada relación con Alfaro. Y con la de Osvaldo Jaldo, a quien le asignan la tesis de que se "invirtió mucho" en Amaya (y en hacer que la Capital dejara de ser electoralmente adversa) como para sacrificarlo.
La segunda situación, de fondo: la Casa de Gobierno sacándose chispas con la intendencia es igual a alperovichismo vs. alperovichismo. El amayismo se presenta como la "Evolución": no se muestra contrario del alperovichismo, sino que se promete mejorado. O sea, el "modelo pavimentador" está a salvo. Y en este punto, es clave el "cuando" de la pelea entre "josesistas" y "dominguistas". Se da después de los comicios provinciales, pero no por el resultado que obtuvo cada lado, sino por el que recogió la oposición. Sembraron casi nada, cosecharon casi nadie. Entonces, para contradecir al alperovichismo, sólo hay más alperovichismo. El nuevo mandato comienza en una semana.







