El alperovichismo inicia un tercer mandato que, en realidad, de nuevo sólo tiene la fecha. Las formas, los métodos y las actitudes demuestran que el Gobierno profundizará -o al menos lo intentará- su esquema de poder por los próximos cuatro años.
Aunque mañana hay elecciones, la atención política estará puesta en la sesión inaugural del Concejo Deliberante, que se realiza hoy. El amayismo y el alperovichismo ofrecerán más de lo mismo, pero con mayor cantidad de escenas no aptas para menores. El intendente cumple el papel de malo de la película entre los interlocutores de los que se rodeó el gobernador. Por eso, en la última semana, en Casa de Gobierno se analizó cómo neutralizar los intentos autonomistas del jefe municipal. El grupo de talibanes alperovichistas, que encabeza el superministro Jorge Gassenbauer, avivó fantasmas e intrigas. Hubo desde quejas porque Amaya se cortó solo en la campaña cristinista hasta reclamos porque Germán Alfaro entró en andas al acto de proclamación. En el PE no toleran que el jefe municipal sea el único dirigente que, a la vuelta de ocho años, concentre un porcentaje de adhesión que desafíe al gobernador. Es que no se trata de simpatías, sino de supervivencia: cómo llegar a 2015.
Hasta el jueves a la noche, el alperovichismo contaba los votos para imponer una conducción del Concejo sin amayistas. Pero ayer, cara a cara, Alperovich y Amaya tuvieron una discusión poco diplomática. El gobernador le recriminó sus gestos independentistas y la falta de lealtad de los suyos. El intendente le respondió que nada ameritaba la humillación de convertirlo en el único jefe municipal sin concejales en la cúpula. Dicen que se bajó la tensión y que, otra vez, acordaron no retirar embajadores. Sin embargo, el alperovichismo lejos está de buscar la paz: avanzará sobre la estructura administrativa del Concejo Deliberante, copada por dirigentes vinculados a Alfaro.
La identificación de Amaya como enemigo ya genera divisiones en el alperovichismo. Los más serenos del gabinete admiten que sus aspiraciones son legítimas. Otros insisten para que el gobernador le ponga ya mismo un freno al desbocado intendente. El problema, según leen algunos alperovichistas, es que el gobernador inicia su tercera gestión más aislado de los moderados. Y más cerca de los fundamentalistas. Estos mismos que advierten sobre el peligro del aislamiento miran con recelo a Gassenbauer. Sin Juan Manzur en Tucumán, el superministro se convirtió en el guardián de las decisiones del gobernador. Además, Alperovich lo jerarquizó porque su intención es "despolitizar el gabinete". Aunque suene paradójico, claro está, porque el gassenbauerismo hace política. En realidad, lo que el mandatario busca es que la política pase por esas manos. Así se explican los cambios: David Mizrahi al Ipacym, Jorge Feijoó a Producción, Enrique Zamudio a Desarrollo Social y Juan Luis Pérez al Ente de Infraestructura Comunitaria.
En definitiva, "despolitizar el gabinete" es un eufemismo para barrer a los huérfanos de agosto: Alperovich pasó la escoba para evitar que la interna por la sucesión le licue el poder. Es decir, aunque haya pateado la discusión sobre la reforma constitucional, el alperovichismo más duro sí piensa en 2015. Hasta el mandatario es consciente de que esta será la gestión más política. Porque a Amaya lo presiona Alfaro, que sueña con la intendencia, porque muchos peronistas empujan a Osvaldo Jaldo, y porque el bettismo le dice a Beatriz Rojkés que ella es la sucesora.
Así las cosas, Alperovich iniciará su tercer mandato con una premisa: que el poder no se diluya. ¿Cómo? Yendo por todo. Por lo pronto, ya avisó que a ninguno le sobrará nada. Especialmente a Amaya.
Aunque mañana hay elecciones, la atención política estará puesta en la sesión inaugural del Concejo Deliberante, que se realiza hoy. El amayismo y el alperovichismo ofrecerán más de lo mismo, pero con mayor cantidad de escenas no aptas para menores. El intendente cumple el papel de malo de la película entre los interlocutores de los que se rodeó el gobernador. Por eso, en la última semana, en Casa de Gobierno se analizó cómo neutralizar los intentos autonomistas del jefe municipal. El grupo de talibanes alperovichistas, que encabeza el superministro Jorge Gassenbauer, avivó fantasmas e intrigas. Hubo desde quejas porque Amaya se cortó solo en la campaña cristinista hasta reclamos porque Germán Alfaro entró en andas al acto de proclamación. En el PE no toleran que el jefe municipal sea el único dirigente que, a la vuelta de ocho años, concentre un porcentaje de adhesión que desafíe al gobernador. Es que no se trata de simpatías, sino de supervivencia: cómo llegar a 2015.
Hasta el jueves a la noche, el alperovichismo contaba los votos para imponer una conducción del Concejo sin amayistas. Pero ayer, cara a cara, Alperovich y Amaya tuvieron una discusión poco diplomática. El gobernador le recriminó sus gestos independentistas y la falta de lealtad de los suyos. El intendente le respondió que nada ameritaba la humillación de convertirlo en el único jefe municipal sin concejales en la cúpula. Dicen que se bajó la tensión y que, otra vez, acordaron no retirar embajadores. Sin embargo, el alperovichismo lejos está de buscar la paz: avanzará sobre la estructura administrativa del Concejo Deliberante, copada por dirigentes vinculados a Alfaro.
La identificación de Amaya como enemigo ya genera divisiones en el alperovichismo. Los más serenos del gabinete admiten que sus aspiraciones son legítimas. Otros insisten para que el gobernador le ponga ya mismo un freno al desbocado intendente. El problema, según leen algunos alperovichistas, es que el gobernador inicia su tercera gestión más aislado de los moderados. Y más cerca de los fundamentalistas. Estos mismos que advierten sobre el peligro del aislamiento miran con recelo a Gassenbauer. Sin Juan Manzur en Tucumán, el superministro se convirtió en el guardián de las decisiones del gobernador. Además, Alperovich lo jerarquizó porque su intención es "despolitizar el gabinete". Aunque suene paradójico, claro está, porque el gassenbauerismo hace política. En realidad, lo que el mandatario busca es que la política pase por esas manos. Así se explican los cambios: David Mizrahi al Ipacym, Jorge Feijoó a Producción, Enrique Zamudio a Desarrollo Social y Juan Luis Pérez al Ente de Infraestructura Comunitaria.
En definitiva, "despolitizar el gabinete" es un eufemismo para barrer a los huérfanos de agosto: Alperovich pasó la escoba para evitar que la interna por la sucesión le licue el poder. Es decir, aunque haya pateado la discusión sobre la reforma constitucional, el alperovichismo más duro sí piensa en 2015. Hasta el mandatario es consciente de que esta será la gestión más política. Porque a Amaya lo presiona Alfaro, que sueña con la intendencia, porque muchos peronistas empujan a Osvaldo Jaldo, y porque el bettismo le dice a Beatriz Rojkés que ella es la sucesora.
Así las cosas, Alperovich iniciará su tercer mandato con una premisa: que el poder no se diluya. ¿Cómo? Yendo por todo. Por lo pronto, ya avisó que a ninguno le sobrará nada. Especialmente a Amaya.







