Revuelo en la Rosada

La invitación de Bush le dio más aliento al gobierno de Kirchner.

19 Julio 2003
Por Angel Anaya

BUENOS AIRES.-Muy poco tiempo descansó Néstor Kirchner del intenso trajín europeo para hacerse presente en la AMIA para recordar la voladura de su sede social, y escuchar duras críticas contra el espectro político menemista, imputado en la ocasión de complicidad con la tragedia. Al Presidente se lo vio comprometido con la misma línea de acción política que no repara en la acción frontal, y que arrecia cada vez que se lo señala por ella, lo mismo que con su saco cruzado y abierto al vuelo en pleno protocolo ceremonial. Ese estilo, un tanto premeditado, tuvo durante el acto en cuestión el aliento notorio que la inesperada invitación de George W. Bush, para el miércoles próximo en la Casa Blanca, ha derramado sobre el gobierno. Las conjeturas que los medios progresistas locales plantearon tras la asunción de Kirchner, sobre un endurecimiento de las relaciones con Estados Unidos, han tomado a partir de ese llamado una dirección diferente. Ahora apuntan a especular sobre un mejor destino de las relaciones con Washington y el supuesto propósito de Bush de amortiguar su señalamiento de Brasil como líder hemisférico. Análisis más centrados y pragmáticos señalan la necesidad de la administración republicana de precisar el marco de relaciones para preservar la condición de aliado extra OTAN, asignada por Washington a nuestro país durante el menemismo.

La agenda
Ese último es el sentido de la "alianza bilateral" mencionada oficiosamente en la Casa Blanca tras conocerse la invitación, y tiene suficiente entidad como para posponer cualquier consideración estridente como las que frecuentemente se escuchan aquí, alentadas especialmente por voces que parten de la Jefatura del Gabinete y la SIDE. Dada la velocidad de los hechos, todavía no está definida la comitiva que tendrá Kirchner, pero se considera que de la misma formarán parte el canciller Rafael Bielsa y el ministro de Economía, Roberto Lavagna. Al cierre de este Panorama, desde la Casa Rosada se ajustaba una agenda de actividades con el flamante embajador en Washington, José Octavio Bordón, cuya presentación de credenciales fue adelantada al lunes por el Departamento de Estado. Aquí hay un interés especial para que en esa agenda figure una reunión en el National Press Club, donde los invitados distinguidos hablan y dialogan con lo más representativo del periodismo estadounidense, alcanzando gran repercusión.
En el medio kilo de papel requerido por el descargo de Eduardo Moliné O´Connor ante la Comisión de Juicio Político de Diputados, lo más sustancioso es la referencia al principio según el cual un juez no puede ser juzgado por el contenido de sus sentencias. Si así fuere -sostiene el integrante de la Corte Suprema- el Poder Legislativo dictaría la orientación de los fallos ignorando la independencia de los poderes. Pero más interesante aun es el argumento de que el juicio político debería alcanzar a todos los jueces que suscribieron las sentencias cuestionadas, recibiendo igual castigo. (De nuestra Sucursal)

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