Trampas urbanas que atentan contra los ciegos

19 Octubre 2011
Recientemente, Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) difundió una encuesta en la que los pobres, los discapacitados, los feos y los gordos figuraban en primer lugar en materia de segregación en nuestro país. La Organización Mundial de la Salud define la discapacidad como toda restricción o ausencia (debido a una deficiencia) de la capacidad de realizar una actividad en la forma o dentro del margen que se considera normal para un ser humano.

El sábado pasado se recordó el Día Mundial del Bastón Blanco. En 1930, George Benham, presidente del Club de Leones de Illinois, propuso para uso de los discapacitados visuales un bastón blanco con extremo inferior rojo, a fin de que se les otorgara prioridad de paso. La propuesta fue aceptada y en poco tiempo el uso de dicho bastón se hizo universal. En 1964, se dispuso que esa recordación internacional se celebrara el 15 de octubre como una contribución a la integración de las personas discapacitadas visuales.

Los ciegos tucumanos padecen con frecuencia la segregación o indolencia de una comunidad y de quienes construyen diariamente la ciudad porque no piensan que también viven en ella personas con dificultades físicas o motoras. Sostienen que las trampas urbanas atentan contra su humanidad, tales como las veredas rotas, las columnas del alumbrado público ubicadas en medio de la acera, los toldos a baja altura, las ramas bajas de los árboles, las motos estacionadas en las veredas, así como las mesas y sillas de los bares que no dejan espacio para circular.

Uno de los cuatro docentes ciegos de la Escuela Luis Braille afirmó que el principal obstáculo que afrontan es la falta de comunicación con la gente. "Los peatones no saben cómo dialogar con nosotros. Muchos ven que necesitamos ayuda y, aunque tienen intensión de hacerlo, se bloquean", dijo. El docente, que perdió la vista en un accidente a los 27 años, señaló que la ciudad, hay dos o tres semáforos sonoros y que, en general, funcionan mal. "En algunos barrios, podemos transitar sin problemas, pero en el centro tenemos que pedir ayuda para cruzar una calle o una avenida", subrayó.

La discapacidad cuenta con varias leyes protectoras en Tucumán, pero una buena parte de ellas no está en vigencia porque no han sido reglamentadas, lo cual habla de la lentitud e indolencia de las autoridades que deben ocuparse del asunto. Con frecuencia, los expertos en barreras arquitectónicas piden que se cumpla con la ley 24.314, referida a la accesibilidad de las personas con movilidad reducida al medio físico.

Con buen criterio, en pocos colegios secundarios, se dispone que una vez al año los alumnos de algunos cursos vivan la experiencia de caminar unas cuadras como si fuesen ciegos para tomar conciencia de los obstáculos y peligros urbanos que atentan contra ellos. Sería positivo que esta práctica aislada se ampliara no sólo hacia todos los establecimientos educativos, sino también hacia los integrantes de la Legislatura, del Poder Ejecutivo, de la intendencia y del Concejo Deliberante, así como a los estudiantes y docentes de Arquitectura e Ingeniería, que tienen una responsabilidad directa o indirecta en materia urbana.

Tal vez de ese modo, los discapacitados se sentirían más incluidos socialmente y podrían circular por una ciudad que fuera para todos los ciudadanos y no para los "normales".

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