Cuando uno es chico convive con perros y gatos. Están ahí para jugar y punto. De vez en cuando hay que bañar al perro y de la comida se encargan mamá o papá.
Segunda etapa: uno se hace adulto y los chicos se encariñan con un animalito de ojos dulces que parece un gizmo pero es gremlin. Uno se pasa la vida bañándolo, comprándole comida, enseñándole dónde es su baño, qué cosas no debe hacer, tratando de hacer que deje de ladrar cada vez que pasa un desconocido. El bichito es insoportable y cansador, pero los chicos lo aman.
Tercera etapa: los niños crecieron, dejaron atrás la mascota. Y ahora es la abuela la que reinicia el ciclo con un super malcriado caniche toy. Uno le dice que los animales tienen que saber quién manda, pero ella nada, le pone su comida en el plato mientras le da de comer en la boca. Eso sí, es una gran compañía para ella.
Cuarta etapa: uno comenta con sus amigos las excentricidades de la abuela y descubre que varios de ellos hacen lo mismo: parecen Homero Simpson con el puercoaraña. ¿Insólito? No. El 78% de los hogares argentinos tiene mascotas (dice una encuesta) y sus dueños establecen con ellas una fuerte relación afectiva.
Un día uno, sin darse cuenta, acepta tener un perrito y lo lleva a pasear a la plaza. Ese día cerró el círculo: volvió a ser niño. O se hizo abuelo. O las dos cosas a la vez.
Segunda etapa: uno se hace adulto y los chicos se encariñan con un animalito de ojos dulces que parece un gizmo pero es gremlin. Uno se pasa la vida bañándolo, comprándole comida, enseñándole dónde es su baño, qué cosas no debe hacer, tratando de hacer que deje de ladrar cada vez que pasa un desconocido. El bichito es insoportable y cansador, pero los chicos lo aman.
Tercera etapa: los niños crecieron, dejaron atrás la mascota. Y ahora es la abuela la que reinicia el ciclo con un super malcriado caniche toy. Uno le dice que los animales tienen que saber quién manda, pero ella nada, le pone su comida en el plato mientras le da de comer en la boca. Eso sí, es una gran compañía para ella.
Cuarta etapa: uno comenta con sus amigos las excentricidades de la abuela y descubre que varios de ellos hacen lo mismo: parecen Homero Simpson con el puercoaraña. ¿Insólito? No. El 78% de los hogares argentinos tiene mascotas (dice una encuesta) y sus dueños establecen con ellas una fuerte relación afectiva.
Un día uno, sin darse cuenta, acepta tener un perrito y lo lleva a pasear a la plaza. Ese día cerró el círculo: volvió a ser niño. O se hizo abuelo. O las dos cosas a la vez.







