Hasta hace pocos años, una de las ventajas que Tucumán ofrecía a las inversiones era un suministro ilimitado de energía, tanto de gas como de electricidad. Así, a un emprendimiento que demandaba estos insumos vitales para funcionar le era mucho más razonable instalarse en nuestra provincia que en otra, aun cuando el flete y la elevada presión fiscal hubieran constituido un importante sobrecosto. Hoy la energía es escasa no sólo acá sino también en todo el país, de manera que este factor atrayente se fue diluyendo y Tucumán ya no presenta ventajas importantes que neutralicen la lejanía ni la sobrecarga impositiva.
Para colmo, la provincia está supersaturada en varios aspectos. El Censo 2010 reveló que en este distrito hay 1,34 millón de habitantes, lo que la consolida como la más densamente poblada del país (64,3 habitantes por km2, contra 50,8 habitantes por km2 en Buenos Aires y 10,7 del promedio nacional). Estos datos son alentadores para el consumo, pero a su vez reflejan una sensación de caos permanente en una provincia donde circulan 430.000 automotores de todo tipo, según se desprende de datos de la Asociación de Fábricas de Automotores (Adefa) y de la Asociación de Concesionarios Automotores de la República Argentina (Acara). Muchos vehículos demandan mucho combustible, insumo que falta en forma permanente en la provincia, porque los cupos que envían las petroleras no se actualizan al ritmo que crece el parque automotor. Curiosamente, este desabastecimiento crónico sólo afecta a las regiones ubicadas del centro hacia arriba del mapa nacional. En consecuencia, circular por Tucumán es bastante ingrato, por el exceso de vehículos, en especial en la caótica Capital, y porque no se consigue combustible. Punto en contra para captar inversiones.
En el período de mayor crecimiento de la Argentina, de 2003 a la fecha, Tucumán acompañó esa bonanza con mejoras en sus indicadores generales, en particular los que refieren a empleo, educación y mortalidad infantil, por mencionar los más mediáticos. Sin embargo, no hubo inversiones relevantes en infraestructura ni en grandes emprendimientos industriales o agropecuarios. Hubo mejoras en los ingenios, para ampliar su capacidad de producción, especialmente de alcohol para biocombustibles, y para adaptar sus calderas a un escenario de restricción energética. Pero no se instalaron nuevas fábricas y sí empresas que aprovechan el importante mercado consumista de nuestra provincia, como supermercados, shoppings o call centers. Por otra parte, intentar iniciar un emprendimiento agropecuario en Tucumán es definitivamente imposible, porque la tierra cultivable está ocupada en su totalidad, al punto de que la frontera agrícola se expandió a buena parte de los distritos vecinos. En turismo, hay avances en hotelería, pero definitivamente a Tucumán le falta mucho para igualar a las provincias argentinas que se destacan en este rubro.
Entonces, Tucumán no resulta muy atractiva y hoy se presenta más lejana de los centros de actividad económica del país que de costumbre. A la par de una clase política que en todo momento refleja sus intenciones de perpetuarse en el poder, no hay planes de promoción para captar grandes capitales, al punto de que hubo hace poco empresas tucumanas que radicaron fábricas enteras en provincias vecinas. Es una provincia cara en lo tributario, desordenada en el tránsito vehicular, con energía ajustada, sucia en general y con escasa vocación por la calidad institucional. Habría que trabajar, por lo tanto, en mejorar algunos de estos aspectos negativos.
Para colmo, la provincia está supersaturada en varios aspectos. El Censo 2010 reveló que en este distrito hay 1,34 millón de habitantes, lo que la consolida como la más densamente poblada del país (64,3 habitantes por km2, contra 50,8 habitantes por km2 en Buenos Aires y 10,7 del promedio nacional). Estos datos son alentadores para el consumo, pero a su vez reflejan una sensación de caos permanente en una provincia donde circulan 430.000 automotores de todo tipo, según se desprende de datos de la Asociación de Fábricas de Automotores (Adefa) y de la Asociación de Concesionarios Automotores de la República Argentina (Acara). Muchos vehículos demandan mucho combustible, insumo que falta en forma permanente en la provincia, porque los cupos que envían las petroleras no se actualizan al ritmo que crece el parque automotor. Curiosamente, este desabastecimiento crónico sólo afecta a las regiones ubicadas del centro hacia arriba del mapa nacional. En consecuencia, circular por Tucumán es bastante ingrato, por el exceso de vehículos, en especial en la caótica Capital, y porque no se consigue combustible. Punto en contra para captar inversiones.
En el período de mayor crecimiento de la Argentina, de 2003 a la fecha, Tucumán acompañó esa bonanza con mejoras en sus indicadores generales, en particular los que refieren a empleo, educación y mortalidad infantil, por mencionar los más mediáticos. Sin embargo, no hubo inversiones relevantes en infraestructura ni en grandes emprendimientos industriales o agropecuarios. Hubo mejoras en los ingenios, para ampliar su capacidad de producción, especialmente de alcohol para biocombustibles, y para adaptar sus calderas a un escenario de restricción energética. Pero no se instalaron nuevas fábricas y sí empresas que aprovechan el importante mercado consumista de nuestra provincia, como supermercados, shoppings o call centers. Por otra parte, intentar iniciar un emprendimiento agropecuario en Tucumán es definitivamente imposible, porque la tierra cultivable está ocupada en su totalidad, al punto de que la frontera agrícola se expandió a buena parte de los distritos vecinos. En turismo, hay avances en hotelería, pero definitivamente a Tucumán le falta mucho para igualar a las provincias argentinas que se destacan en este rubro.
Entonces, Tucumán no resulta muy atractiva y hoy se presenta más lejana de los centros de actividad económica del país que de costumbre. A la par de una clase política que en todo momento refleja sus intenciones de perpetuarse en el poder, no hay planes de promoción para captar grandes capitales, al punto de que hubo hace poco empresas tucumanas que radicaron fábricas enteras en provincias vecinas. Es una provincia cara en lo tributario, desordenada en el tránsito vehicular, con energía ajustada, sucia en general y con escasa vocación por la calidad institucional. Habría que trabajar, por lo tanto, en mejorar algunos de estos aspectos negativos.







