06 Octubre 2011 Seguir en 
Una tucumana divulgó, hace casi dos meses, un mail que después se convirtió en cadena, en donde relató los minutos de tensión que vivió, aparentemente con el taxista que fue aprehendido ayer por la Policía. A continuación, reproducimos parte de ese mensaje:
Ayer, jueves 11 de agosto, a las 21, salía de dar clases en un instituto donde cada semana imparto un curso de Locución y Periodismo. Me dirigía al Sanatorio 9 de julio para visitar a mi abuela. Apurada, caminé hasta la esquina de Bernabé Aráoz y allí tomé un taxi.
Apenas subí, el taxista se dió vuelta para mirarme y me saludó con un "Hola mi amor, a donde vas muñeca?", a lo que respondí: "buenas, al sanatorio 9 de julio". Cuando pasabamos por el Hotel Crillon, me dijo: "¿sabes lo que hacen ahí?", traté de hacerme la tonta y pensar que era solo un desubicado más. Pero apagó el reloj y siguió diciendome cosas obsenas.
Cuando le dije que se detenga, que quería bajarme, me dijo que no, que no iba a parar y que todavía "no sabía que iba a hacer conmigo". Empezó a mandar mensajes de texto. En ese momento no me asusté, ni sentí miedo. Sentí terror, algo que jamás había experimentado. No sabía qué hacer ni cómo reaccionar. Me quedé muda y paralizada, mientras este tipo (un pelado con cicatrices en la cabeza y de bigotes) se daba vuelta a cada rato con una sonrisa repugnante que no creo olvidar.
Frenó en un semáforo. Sin pensarlo, abrí la puerta (él se dió vuelta sorprendido y con cara de bronca) y salí casi corriendo. Me temblaban las piernas.
Luego de ese mensaje, comenzó circular un segundo mail, cuyo contenido es el siguiente.
"Chicas, ¿como están? No se si les llegó hace como un mes y medio o dos, un mail de una chica que contaba que se subió a un taxi en la Bernabé Araoz a las 21. El taxista le decía guarangadas, cuando pasaron por un hotel alojamiento le preguntó si sabía lo que hacían ahí. Apago el taxímetro y le cambió el recorrido, pero ella en un semáforo en rojo logró bajarse. En fin, esta chica lo describía al taxista como un pelado con bigotes y con cicatrices en la cabeza, decía que el auto era nuevo y que no pudo anotar ni la licencia ni patente de los nervios que tenia.
La cuestión es que el martes pasado, a las 10, se me rompió el zapato cuando iba a hacer unos trámites al centro y paré un taxi. Yo estaba hablando por celular y me subí sin mirarle la cara, le di la dirección de mi casa, le dije que ahí me iba a esperar dos minutos y que después volveríamos hasta el centro. El tipo me escuchó cuando yo hablaba por teléfono y contaba que se me había roto el zapato.
Cuand corté, me pregunto "¿se te rompió el zapato?". Contesté que sí, que era un bajón. Se dio vueltas y me agarró el zapato, y me dijo: "se te rompió bastante, eso por comprar zapatos truchos", entre otras cosas. Cuando me agarró el pie, la verdad, dudé qué hacer.
Me pareció raro, pero no quería hacerme la cabeza. Hasta que me empieza a preguntar qué tipo de trámites iba a hacer y después me saltó con: "¿che y vos sos soltera o casada?". Ahí me quedé dura y me acordé del mail que había mandado una chica antes. Lo miré, me di cuenta que era pelado, con bigotes y que tenía las muy llamativas cicatrices en la cabeza que decía el mail (porque son llamativas, como muchas crucecitas).
En ese momento me quería morir. Lo primero que se me ocurrió fue contestarle que era casada hace bastante y le dije que me deje a la vuelta de mi casa, para que no sepa bien donde vivo. Cuando frenó, abrí la puerta y le pregunté cuánto era. El me dijo: "¿pero no seguimos? Te espero". Cuando le dije que no, que estaba apurada, que me di cuenta que tenía que hacer otras cosas, él se enojó y en tono violento me dijo: "pero te dije que te espero, no hay apuro. Dale, en serio, te espero, no hay drama".
Le dí la plata y me baje del auto. Gracias a Dios yo pude verle la patente y la licencia. Es un Fiat, seguro, y creo que Siena. No se suban a ese taxi. Sumado a esto, una amiga, cuando iba al trabajo que queda en plena San Martín al 700, un taxista la siguió media cuadra gritándole guarangadas mientras sacaba la cabeza por afuera del auto. Le vio el número de licencia y era la misma. Así que chicas, tengan cuidado". LA GACETA ©
Ayer, jueves 11 de agosto, a las 21, salía de dar clases en un instituto donde cada semana imparto un curso de Locución y Periodismo. Me dirigía al Sanatorio 9 de julio para visitar a mi abuela. Apurada, caminé hasta la esquina de Bernabé Aráoz y allí tomé un taxi.
Apenas subí, el taxista se dió vuelta para mirarme y me saludó con un "Hola mi amor, a donde vas muñeca?", a lo que respondí: "buenas, al sanatorio 9 de julio". Cuando pasabamos por el Hotel Crillon, me dijo: "¿sabes lo que hacen ahí?", traté de hacerme la tonta y pensar que era solo un desubicado más. Pero apagó el reloj y siguió diciendome cosas obsenas.
Cuando le dije que se detenga, que quería bajarme, me dijo que no, que no iba a parar y que todavía "no sabía que iba a hacer conmigo". Empezó a mandar mensajes de texto. En ese momento no me asusté, ni sentí miedo. Sentí terror, algo que jamás había experimentado. No sabía qué hacer ni cómo reaccionar. Me quedé muda y paralizada, mientras este tipo (un pelado con cicatrices en la cabeza y de bigotes) se daba vuelta a cada rato con una sonrisa repugnante que no creo olvidar.
Frenó en un semáforo. Sin pensarlo, abrí la puerta (él se dió vuelta sorprendido y con cara de bronca) y salí casi corriendo. Me temblaban las piernas.
Luego de ese mensaje, comenzó circular un segundo mail, cuyo contenido es el siguiente.
"Chicas, ¿como están? No se si les llegó hace como un mes y medio o dos, un mail de una chica que contaba que se subió a un taxi en la Bernabé Araoz a las 21. El taxista le decía guarangadas, cuando pasaron por un hotel alojamiento le preguntó si sabía lo que hacían ahí. Apago el taxímetro y le cambió el recorrido, pero ella en un semáforo en rojo logró bajarse. En fin, esta chica lo describía al taxista como un pelado con bigotes y con cicatrices en la cabeza, decía que el auto era nuevo y que no pudo anotar ni la licencia ni patente de los nervios que tenia.
La cuestión es que el martes pasado, a las 10, se me rompió el zapato cuando iba a hacer unos trámites al centro y paré un taxi. Yo estaba hablando por celular y me subí sin mirarle la cara, le di la dirección de mi casa, le dije que ahí me iba a esperar dos minutos y que después volveríamos hasta el centro. El tipo me escuchó cuando yo hablaba por teléfono y contaba que se me había roto el zapato.
Cuand corté, me pregunto "¿se te rompió el zapato?". Contesté que sí, que era un bajón. Se dio vueltas y me agarró el zapato, y me dijo: "se te rompió bastante, eso por comprar zapatos truchos", entre otras cosas. Cuando me agarró el pie, la verdad, dudé qué hacer.
Me pareció raro, pero no quería hacerme la cabeza. Hasta que me empieza a preguntar qué tipo de trámites iba a hacer y después me saltó con: "¿che y vos sos soltera o casada?". Ahí me quedé dura y me acordé del mail que había mandado una chica antes. Lo miré, me di cuenta que era pelado, con bigotes y que tenía las muy llamativas cicatrices en la cabeza que decía el mail (porque son llamativas, como muchas crucecitas).
En ese momento me quería morir. Lo primero que se me ocurrió fue contestarle que era casada hace bastante y le dije que me deje a la vuelta de mi casa, para que no sepa bien donde vivo. Cuando frenó, abrí la puerta y le pregunté cuánto era. El me dijo: "¿pero no seguimos? Te espero". Cuando le dije que no, que estaba apurada, que me di cuenta que tenía que hacer otras cosas, él se enojó y en tono violento me dijo: "pero te dije que te espero, no hay apuro. Dale, en serio, te espero, no hay drama".
Le dí la plata y me baje del auto. Gracias a Dios yo pude verle la patente y la licencia. Es un Fiat, seguro, y creo que Siena. No se suban a ese taxi. Sumado a esto, una amiga, cuando iba al trabajo que queda en plena San Martín al 700, un taxista la siguió media cuadra gritándole guarangadas mientras sacaba la cabeza por afuera del auto. Le vio el número de licencia y era la misma. Así que chicas, tengan cuidado". LA GACETA ©









