Ni siquiera patente

La ilegalidad se extiende en forma alarmante en nuestra sociedad.

16 Julio 2003
Resultan por todos conocidos los extremos hasta los cuales ha llegado el problema del transporte ilegal en taxis y remises, en nuestra ciudad. Es una cuestión que creció alentada por la irresponsable indiferencia o complicidad de las sucesivas autoridades, y cuya dificultosa solución se ha convertido ahora en uno de los grandes interrogantes -uno más- que deberá encarar la comuna.
Lo que resulta tan singular como alarmante es que quienes transportan pasajeros en sus autos, ya ni siquiera se preocupan por observar los recaudos mínimos del conductor. Por ejemplo, muchas de las unidades de remises carecen de chapas patente, de manera que resulta imposible su identificación, a la vez que se abren justificadas sospechas sobre la procedencia del vehículo.
Nos parece que alguien tiene que poner un límite a esta aceptación de la ilegalidad que se desarrolla a la vista y paciencia de los inspectores; cuya función, en teoría, es precisamente la de detectar infracciones tan evidentes como la que consignamos. La nueva intendenta de la capital debiera tomar buena nota de esta cuestión y obrar en consecuencia.

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