15 Julio 2003 Seguir en 
BUENOS AIRES.- La reivindicación de las Islas Malvinas como expresión de deseos del presidente Kirchner al premier británico, ha sido poco más que un formalismo con previsible respuesta de silencio en la que no se distinguen laboristas, conservadores o liberales del Reino Unido. Otra cosa no podría haber hecho Tony Blair desde el momento en que, reanudadas las relaciones con Londres hace una década, Gran Bretaña resolvió que todo acuerdo sobre soberanía pasaba en lo sucesivo por la voluntad de la autoridad insular; es decir, los malvinenses, a los que el ex canciller Guido Di Tella trataba de seducir con un trato de buen vecino, aunque por momentos ingénuo. Así las cosas, el reclamo de Kirchner debe ser interpretado como un gesto político para consumo interno, lo mismo que el deseo de modificar la zona de exclusión pesquera, sometido a esa ?política de la corona? o, como decimos aquí, de Estado. Se trata de una fórmula aplicada después de la última guerra mundial cuyos ejemplos más conocido son el de Gibraltar y el de Belice. Esa modalidad, ha permitido a Londres mantener relaciones óptimas para sus intereses económicos en nuestro país, dejando la cuestión de soberanía para los insulares.
A dos caras
Otra cuestión no explicada aquí sobre la conferencia de gobiernos progresistas reunida en la capital británica y a la que asistió Kirchner, ha sido su motivo real. El premier Blair se encuentra muy presionado en su propio partido por la intervención en la guerra de Irak y las encuestas comienzan a favorecer a los conservadores. Su filósofo de cabecera y padre de la tercera vía Anthony Giddens lo acaba de reconocer así, promoviendo la reunión como un elemento de apoyo. Pero el encuentro fue precedido por la noticia de que fue la inteligencia inglesa la que informó a la CIA de Washington sobre las presuntas armas de destrucción masiva de Saddan Hussein, que no existían. La reunión de líderes progresistas ha sido numerosa pero evidenció que entre sus participantes corre una clara línea divisoria marcada por las diferencias profundas entre los países con problemas de desarrollo y los ricos de la comunidad global. El discurso de Giddens reprobando fuertemente a los populismos latinoamericanos ha sido un testimonio elocuente.
Lo que falta
El Poder Ejecutivo ha cumplido con el primer capítulo autoimpuesto para la nominación de jueces de la Corte Suprema, al publicar la solicitada periodística sobre los antecedentes y condiciones profesionales de Eugenio Zaffaroni. Los detalles más precisos de ese informe a la sociedad, pueden recogerse vía Internet (www.jus.gov.ar), pero ya hay un cuestionamiento por el hecho de que no figure el calendario de sus cargos judiciales. Zaffaroni fue designado juez federal en 1975 tras el regreso de Perón al poder, pasando a desempeñarse como juez de sentencia con el Proceso de Reorganización Nacional, jurando el estatuto del régimen. Como puede advertirse, el candidato de Kirchner se ha convertido en el blanco sobre el que está puesta en discusión la ideología presidencial. (De nuestra Sucursal)
A dos caras
Otra cuestión no explicada aquí sobre la conferencia de gobiernos progresistas reunida en la capital británica y a la que asistió Kirchner, ha sido su motivo real. El premier Blair se encuentra muy presionado en su propio partido por la intervención en la guerra de Irak y las encuestas comienzan a favorecer a los conservadores. Su filósofo de cabecera y padre de la tercera vía Anthony Giddens lo acaba de reconocer así, promoviendo la reunión como un elemento de apoyo. Pero el encuentro fue precedido por la noticia de que fue la inteligencia inglesa la que informó a la CIA de Washington sobre las presuntas armas de destrucción masiva de Saddan Hussein, que no existían. La reunión de líderes progresistas ha sido numerosa pero evidenció que entre sus participantes corre una clara línea divisoria marcada por las diferencias profundas entre los países con problemas de desarrollo y los ricos de la comunidad global. El discurso de Giddens reprobando fuertemente a los populismos latinoamericanos ha sido un testimonio elocuente.
Lo que falta
El Poder Ejecutivo ha cumplido con el primer capítulo autoimpuesto para la nominación de jueces de la Corte Suprema, al publicar la solicitada periodística sobre los antecedentes y condiciones profesionales de Eugenio Zaffaroni. Los detalles más precisos de ese informe a la sociedad, pueden recogerse vía Internet (www.jus.gov.ar), pero ya hay un cuestionamiento por el hecho de que no figure el calendario de sus cargos judiciales. Zaffaroni fue designado juez federal en 1975 tras el regreso de Perón al poder, pasando a desempeñarse como juez de sentencia con el Proceso de Reorganización Nacional, jurando el estatuto del régimen. Como puede advertirse, el candidato de Kirchner se ha convertido en el blanco sobre el que está puesta en discusión la ideología presidencial. (De nuestra Sucursal)







