15 Julio 2003 Seguir en 
La Junta Electoral de la provincia pone su broche a los comicios. No fue lecho de rosas el camino recorrido desde el 29 de junio, cuando los tucumanos decidieron cómo sería el futuro.
Tal vez no sean rebatibles las decenas de miles de votos que separan a José Alperovich de Esteban Jerez. Sin embargo, sólo los peronistas que no quieren discutir nada dicen que están satisfechos con los resultados del escrutinio definitivo.
El bussismo es un caso aparte, que llama la atención. Sus dirigentes están seguros de que ganaron por más votos. Cuando perdieron con Julio Miranda hace cuatro años prácticamente tildaron de ilegítima la diferencia de apenas 1.000 votos que tenían en contra. Hoy festejan los 17 sufragios que figuran en las actas.
Gerónimo Vargas Aignasse, el principal derrotado del general retirado, no es hombre de hacer silencio y mucho menos cuando hay ocho urnas anuladas que podrían darle una revancha. No son sólo cuestiones electorales las que lo separan del militar. La aceptación que hizo el legislador del resultado electoral, más que la actitud de un cabal perdedor parece la de un obediente soldado de la causa peronista que no quiere hacer bulla. Si el resultado del lema Frente Fundacional sacó tanta diferencia en su favor, ¿cuál sería el problema de remover las urnas y sacudirlas al máximo para confirmar si realmente perdió por esos 17 votos?
Prohibido tocar
La explicación que dan a estas preguntas los políticos de la oposición en los pasillos de la Junta Electoral es que es preferible no tocar nada para evitar cualquier sospecha de irregularidad.
Precisamente, en la búsqueda de un cambio de la política que generaba desconfianza, la apertura de urnas y llegar a la exageración en la búsqueda de la transparencia son actos de justicia. No tanto para los candidatos como para los electores, que por mandato constitucional fueron hasta las urnas para expresar su voluntad y un voto que se haya cambiado significa un daño a la democracia.
Las sospechas se acrecentaron cuando los apoderados de los lemas pidieron, durante la última semana, que les dieran los resultados parciales mesa por mesa. ¿Cuál era el objetivo? De esa manera podrían ir controlando y cotejando con los informes de sus fiscales, cómo iban evolucionando los números. Esa información permitía tranquilizar a los sublemas y a los mismos lemas, de manera que pudieran revisarse aquellos casos específicos donde podrían existir irregularidades.
Sí, pero...
Finalmente, se accedió ayer al pedido y los apoderados recibieron en sus manos los datos mesa por mesa. Pero lo curioso fue que sólo tenían los resultados de sus propios lemas y no los de sus rivales. Es decir que seguían imposibilitados de cotejar los números para comprender si alguien había falseado algún dato. Ilusorio sería pensar que los otros apoderados accederían a mostrar a sus rivales los datos mesa por mesa que ellos tenían.
El hecho volvió a cargar una mancha más en el traje de la Junta Electoral, que comenzó este escrutinio con la ilusión de completar un proceso absolutamente transparente, algo que Tucumán viene pidiendo desde hace varios comicios.
Hoy empieza el capítulo final de las elecciones 2003. Los candidatos dejarán de serlo para transformarse en las futuras autoridades de la provincia en el mismo momento en que la Junta Electoral los proclame electos.
La historia continuará en los estrados de Tribunales. No tuvo el final esperado. Y lo más lamentable sería que quede la sospecha de que lo que eligió el ciudadano no sea lo que verdaderamente se votó. Pronto a las urnas las devorará el fuego. De esas cenizas tal vez deberían renacer, en el futuro, elecciones ejemplares.
Tal vez no sean rebatibles las decenas de miles de votos que separan a José Alperovich de Esteban Jerez. Sin embargo, sólo los peronistas que no quieren discutir nada dicen que están satisfechos con los resultados del escrutinio definitivo.
El bussismo es un caso aparte, que llama la atención. Sus dirigentes están seguros de que ganaron por más votos. Cuando perdieron con Julio Miranda hace cuatro años prácticamente tildaron de ilegítima la diferencia de apenas 1.000 votos que tenían en contra. Hoy festejan los 17 sufragios que figuran en las actas.
Gerónimo Vargas Aignasse, el principal derrotado del general retirado, no es hombre de hacer silencio y mucho menos cuando hay ocho urnas anuladas que podrían darle una revancha. No son sólo cuestiones electorales las que lo separan del militar. La aceptación que hizo el legislador del resultado electoral, más que la actitud de un cabal perdedor parece la de un obediente soldado de la causa peronista que no quiere hacer bulla. Si el resultado del lema Frente Fundacional sacó tanta diferencia en su favor, ¿cuál sería el problema de remover las urnas y sacudirlas al máximo para confirmar si realmente perdió por esos 17 votos?
Prohibido tocar
La explicación que dan a estas preguntas los políticos de la oposición en los pasillos de la Junta Electoral es que es preferible no tocar nada para evitar cualquier sospecha de irregularidad.
Precisamente, en la búsqueda de un cambio de la política que generaba desconfianza, la apertura de urnas y llegar a la exageración en la búsqueda de la transparencia son actos de justicia. No tanto para los candidatos como para los electores, que por mandato constitucional fueron hasta las urnas para expresar su voluntad y un voto que se haya cambiado significa un daño a la democracia.
Las sospechas se acrecentaron cuando los apoderados de los lemas pidieron, durante la última semana, que les dieran los resultados parciales mesa por mesa. ¿Cuál era el objetivo? De esa manera podrían ir controlando y cotejando con los informes de sus fiscales, cómo iban evolucionando los números. Esa información permitía tranquilizar a los sublemas y a los mismos lemas, de manera que pudieran revisarse aquellos casos específicos donde podrían existir irregularidades.
Sí, pero...
Finalmente, se accedió ayer al pedido y los apoderados recibieron en sus manos los datos mesa por mesa. Pero lo curioso fue que sólo tenían los resultados de sus propios lemas y no los de sus rivales. Es decir que seguían imposibilitados de cotejar los números para comprender si alguien había falseado algún dato. Ilusorio sería pensar que los otros apoderados accederían a mostrar a sus rivales los datos mesa por mesa que ellos tenían.
El hecho volvió a cargar una mancha más en el traje de la Junta Electoral, que comenzó este escrutinio con la ilusión de completar un proceso absolutamente transparente, algo que Tucumán viene pidiendo desde hace varios comicios.
Hoy empieza el capítulo final de las elecciones 2003. Los candidatos dejarán de serlo para transformarse en las futuras autoridades de la provincia en el mismo momento en que la Junta Electoral los proclame electos.
La historia continuará en los estrados de Tribunales. No tuvo el final esperado. Y lo más lamentable sería que quede la sospecha de que lo que eligió el ciudadano no sea lo que verdaderamente se votó. Pronto a las urnas las devorará el fuego. De esas cenizas tal vez deberían renacer, en el futuro, elecciones ejemplares.







