BUENOS AIRES.- El Gobierno parece aferrarse a cualquier señal, por más mínima que sea, del FMI y del Tesoro de Estados Unidos para recuperar algo de optimismo en la desquiciada economía argentina. Cuando el presidente Eduardo Duhalde viajó a Monterrey para la cumbre de la ONU, lo hizo consciente de que no obtendría nada reparador de los encuentros previstos con el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Paul O?Neill (se reunió con el ministro Jorge Remes Lenicov) y con el titular del Fondo, Horst Koehler. Hablar de uno o tres meses para recibir ayuda del FMI es toda una vida.
Pero antes de poner un pie en México, Duhalde se enfrentó con una catarata de presiones para que el país ajuste sus cuentas.Fueron duros discursos en sintonía con los enviados en las últimas semanas. No se diferenciaron las palabras del presidente George Bush, Anne Krueger (FMI), O?Neill, Condoleezza Rice (consejera de Seguridad Nacional de Bush) y los presidentes José María Aznar y Fernando Henrique Cardoso. Hasta el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, envió una clara señal: dijo que la Argentina "no tiene mejor amigo que EE.UU.", pero advirtió con la necesidad de lograr "reformas estructurales" y un plan económico "sólido".
Un nuevo sacudón
En síntesis, un mensaje similar de todos con idéntica receta. Eso es lo que recogió también Duhalde en Monterrey. Pero no imaginó que le iba a esperar, a su regreso, una Argentina convulsionada por la escapada alocada del dólar, que llegó a cotizarse a $3,10.
El jefe de Economía y el propio Duhalde sabían que podía esperarse un nuevo recalentamiento de esa divisa, según lo había explicado el titular del Banco Central, Mario Blejer, producto, especialmente, de la constante fuga de divisas del corralito, sustentada, sobre todo, en fallos judiciales. Por esa razón, desde la Rosada se abrió un canal de diálogo con la Corte Suprema de Justicia, la misma que es sometida a un proceso destinado al juicio político en la Cámara de Diputados.Los miembros de la Corte, especialmente aquellos que tuvieron una llegada muy firme con el gobierno menemista, esperaban ansiosos este momento.
Lo cierto es que ahora el Gobierno nacional desea, a través de la Corte o de un decreto de necesidad y urgencia, frenar ese drenaje.
Casi a tres meses de haber asumido, Duhalde enfrenta una nueva y dura crisis política y económica, que amenaza con despertar una vez más el tan temido estallido social. Duhalde siente una sensación de aislamiento que se sostiene en los siguientes puntos:
Las elecciones
Sin embargo, parece que la mayoría de los argentinos tiene en claro que no hay otra salida que desembocar en un proceso electoral con el actual presidente.
Ya no hay lugar para una nueva Asamblea Legislativa que nombre a otro jefe de Estado sin respaldo en las urnas. Una situación de esas características podría derivar en un caos que nadie, que desee el bien el país, quiere para la República.
El Presidente espera poder salir del pozo con la ayuda del FMI y una vez que la economía levante algo la cabeza, comenzar a delinear las futuras elecciones, quizás con un gabinete renovado.
Pero el problema es el horizonte cercano. Es que la Argentina vive a un ritmo alocado con una falta de confianza alarmante. Y en ese terreno, no hay semillas que puedan dar frutos. (DyN)





