La marea verde

El trabajador se enfrenta ante una situación extrema: falta de empleo, caída de salarios, suba de precios, inflación, corrida cambiaria y falta de confianza en el futuro.

24 Marzo 2002
Por Edgardo Alfano

BUENOS AIRES.- El Gobierno parece aferrarse a cualquier señal, por más mínima que sea, del FMI y del Tesoro de Estados Unidos para recuperar algo de optimismo en la desquiciada economía argentina. Cuando el presidente Eduardo Duhalde viajó a Monterrey para la cumbre de la ONU, lo hizo consciente de que no obtendría nada reparador de los encuentros previstos con el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Paul O?Neill (se reunió con el ministro Jorge Remes Lenicov) y con el titular del Fondo, Horst Koehler. Hablar de uno o tres meses para recibir ayuda del FMI es toda una vida.
Pero antes de poner un pie en México, Duhalde se enfrentó con una catarata de presiones para que el país ajuste sus cuentas.Fueron duros discursos en sintonía con los enviados en las últimas semanas. No se diferenciaron las palabras del presidente George Bush, Anne Krueger (FMI), O?Neill, Condoleezza Rice (consejera de Seguridad Nacional de Bush) y los presidentes José María Aznar y Fernando Henrique Cardoso. Hasta el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, envió una clara señal: dijo que la Argentina "no tiene mejor amigo que EE.UU.", pero advirtió con la necesidad de lograr "reformas estructurales" y un plan económico "sólido".

Un nuevo sacudón
En síntesis, un mensaje similar de todos con idéntica receta. Eso es lo que recogió también Duhalde en Monterrey. Pero no imaginó que le iba a esperar, a su regreso, una Argentina convulsionada por la escapada alocada del dólar, que llegó a cotizarse a $3,10.
El jefe de Economía y el propio Duhalde sabían que podía esperarse un nuevo recalentamiento de esa divisa, según lo había explicado el titular del Banco Central, Mario Blejer, producto, especialmente, de la constante fuga de divisas del corralito, sustentada, sobre todo, en fallos judiciales. Por esa razón, desde la Rosada se abrió un canal de diálogo con la Corte Suprema de Justicia, la misma que es sometida a un proceso destinado al juicio político en la Cámara de Diputados.Los miembros de la Corte, especialmente aquellos que tuvieron una llegada muy firme con el gobierno menemista, esperaban ansiosos este momento.
Lo cierto es que ahora el Gobierno nacional desea, a través de la Corte o de un decreto de necesidad y urgencia, frenar ese drenaje.
Casi a tres meses de haber asumido, Duhalde enfrenta una nueva y dura crisis política y económica, que amenaza con despertar una vez más el tan temido estallido social. Duhalde siente una sensación de aislamiento que se sostiene en los siguientes puntos:

  • El FMI sigue sin tomarlo de la mano. Espera un ajuste profundo de la economía y la política para luego hablar de ayuda concreta. No obstante, enviará una nueva misión a la Argentina para iniciar negociaciones formales en abril.
  • Estados Unidos marca esa política del FMI y el gobierno de Bush no deja de enviar señales duras. Sin ajuste no habrá guiño de Washington.
  • Las principales naciones europeas están inquietas por la situación de sus empresas en la Argentina, en especial, aquellas que se colocaron al frente de las privatizaciones durante el menemismo.
  • Los países vecinos, sobre todo Brasil, se debaten entre el pedido de ayuda y el reconocimiento de que en la Argentina no se están haciendo las cosas como corresponde, sobre todo en materia del gasto público.
  • Existe un marcado divorcio entre los bloques parlamentarios (PJ y UCR) y el Gobierno. Quedó en evidencia con los vetos al Presupuesto 2002, que siguieron con los mensajes del FMI. Duhalde deberá recomponer esa relación ante el peligro de un quiebre con final incierto.
  • Los gobernadores del PJ cerraron filas alrededor de Duhalde más por desesperación que por convicción. Hay quienes como el cordobés José Manuel de la Sota (cuya provincia está en una crisis más que peligrosa) siguen reclamando un anticipo de los comicios, como una salida no sólo para la Nación sino para su situación personal.
  • Los banqueros, que están obteniendo ganancias importantes con la suba del dólar, aprovechan la situación para presionar al Gobierno en busca de un reaseguro de sus negocios.
  • Las empresas privatizadas pujan por recomponer sus tarifas para no perder con el dólar entre las nubes.
  • Los empresarios no creen en una pronta reactivación de la economía y el 9 de julio prometido por Duhalde está muy lejos.
  • Los sindicatos están aislados, ven que los salarios caen peligrosamente frente a los precios, que la desocupación aumenta y que no tienen el poder político de los 80 y parte de los 90. Daer y Moyano consideran que no hay lugar para otro cambio de presidente.
  • La Iglesia Católica, que está al frente del diálogo político -que no ha dado los frutos esperados-, está preocupada no sólo por la posibilidad de nuevos desbordes sociales y por los alarmantes niveles de pobreza, sino por la falta de esperanza que nota entre sus fieles.

    Las elecciones
    Sin embargo, parece que la mayoría de los argentinos tiene en claro que no hay otra salida que desembocar en un proceso electoral con el actual presidente.
    Ya no hay lugar para una nueva Asamblea Legislativa que nombre a otro jefe de Estado sin respaldo en las urnas. Una situación de esas características podría derivar en un caos que nadie, que desee el bien el país, quiere para la República.
    El Presidente espera poder salir del pozo con la ayuda del FMI y una vez que la economía levante algo la cabeza, comenzar a delinear las futuras elecciones, quizás con un gabinete renovado.
    Pero el problema es el horizonte cercano. Es que la Argentina vive a un ritmo alocado con una falta de confianza alarmante. Y en ese terreno, no hay semillas que puedan dar frutos. (DyN)

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