Omnibus de larga distancia

Los vehículos deben ser controlados por las autoridades para que presten el servicio correspondiente.

14 Julio 2003
El jueves último, entre las nueve de la noche y la madrugada del día siguiente, la Estación Central de Omnibus de nuestra ciudad se convirtió en un verdadero caos, acerca de cuyas características informamos en detalle. Parte de la turbulencia se debió a que se aglomeraron varios miles de personas, familiares de 750 alumnos que partían simultáneamente en gira a Bariloche. Esos familiares y amigos ocuparon no solamente los ámbitos destinados a la espera de los pasajeros, sino que desbordaron sobre las calzadas y generaron riesgos y serios inconvenientes para la llegada y partida normal de los vehículos.
Por otro lado, se produjo un vivo problema, planteado por los padres y alumnos, de un grupo que igualmente partía de gira.
Reclamaban que los coches habilitados no tenían en absoluto las características prometidas al contratar el servicio. La discusión derivó en riñas y hasta hubo cristales rotos en una unidad. Finalmente pudo normalizarse el cuadro, con la intervención de la Gendarmería.
Los hechos apuntados mantuvieron en vilo a la gran cantidad de personas que llegan o que parten en esta época del año, y convirtieron a esas instalaciones en un pandemonium. Resultan oportunos para llamar la atención acerca de algunas cuestiones vinculadas a los viajes en ómnibus de larga distancia que, aparentemente, no son tenidas en cuenta por las autoridades. Debe recordarse de entrada que, dado el elevado costo de los pasajes aéreos y, ante la inexistencia del tren, los ómnibus se han convertido en el medio preferido por gran cantidad de viajeros. Así que toda cuestión vinculada a ellos tiene más que extendida resonancia.
Las autoridades debieran intervenir en situaciones que se les presentan con frecuencia a los viajeros. Es común, por ejemplo, que los coches carezcan de la calefacción de la que teóricamente están provistos, según su oferta al pasajero. No se necesita demasiada imaginación para calcular la enorme molestia y el riesgo para la salud que implica viajar varias horas en un ambiente sometido a bajas temperaturas. Lo mismo puede decirse en la época veraniega, cuando la refrigeración no existe o no funciona, en unidades cuyas ventanillas son paños fijos que no pueden abrirse para que ingrese el aire.
Es obvio decir que quien contrata un servicio tiene derecho a que le sea prestado con estricta sujeción a las condiciones que se publicitaron. En el caso de los viajes estudiantiles, es asimismo común que tales condiciones difieran de las pactadas, y generalmente sucede que esa informalidad termina siendo tolerada por los usuarios, ante la urgencia de realizar el viaje. No son los únicos problemas que deben soportarse en los largos trayectos. Es sabido que el cumplimiento de horarios no siempre es respetado. Igualmente, en los casos de una falla mecánica del vehículo, tampoco está previsto el inmediato auxilio, por lo que muchas veces los pasajeros deben aguardar horas hasta que se les suministre un coche de reemplazo que, muchas veces, tampoco está en buenas condiciones. A esto se suma la frecuente desatención de la higiene de los coches y de las instalaciones sanitarias de algunas líneas.
Puesto que, como decimos arriba, el servicio de ómnibus es masivamente utilizado para los recorridos de larga distancia, la autoridad responsable debiera esmerarse especialmente en la vigilancia de su adecuada prestación. El director de Transporte de la Provincia, con ocasión de los desbordes del jueves, reconoció que existen "deficiencias en los controles" que debe realizar la delegación de la Comisión Nacional de Regulación de Transporte, que tiene una oficina en la terminal tucumana. Puesto que estamos en plena temporada turística, se trata de un punto que debe tenerse especialmente en cuenta para aportarle soluciones urgentes y eficaces.

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