BUENOS AIRES.- Como un toro desenfrenado, el presidente Néstor Kirchner sigue en la huella que, estima, lo llevará hacia la ansiada meta del poder real. Sin demasiada prolijidad ni cuidados, Kirchner avanza en su rol de jefe del Estado, seguro de sí mismo, procurando convencer y, a la vez, despreocupado por las acechanzas de aquellos que quieren preservar espacios de poder logrados en otros años de la Argentina.
El patagónico ha protagonizado 50 días de pura política, y no faltan quienes le endilgan cierta modorra a la hora de pensar en la complicada economía nacional.
En el Gobierno parafrasean al Presidente y dicen que no habrá, como en otras épocas de la Argentina, anuncios rimbombantes ni paquetes incumplibles, sino que todo será paso a paso.
Pero admiten que, para ser fuerte en la economía y en sus eventuales medidas, Kirchner necesitaba, primero, consolidar la precaria situación de poder con la que llegó a la Rosada.
En ese corredor, el santacruceño se ha movido como pez en el agua. Pero seguramente se equivoca si imagina para el futuro un camino tan asfaltado como el que hasta ahora vio.
Sus movimientos siguen generando dudas y, a veces, preocupación. Su empecinamiento en confrontar con algunos sectores del establishment y de las empresas privatizadas mantiene en alerta a muchos que vaticinan futuros tiempos ásperos en la relación con el Gobierno.Kirchner, durante el lanzamiento del plan "El hambre más urgente", cayó en el simplismo de castigar por igual a todos los empresarios del país. No distinguió entre los que dan trabajo; los que invierten; los que, a pesar de la devaluación siguieron aportando su grano de arena, de los que hicieron de la timba un festival, fugaron ganancias, trampearon a la gente y, frente a la primera adversidad, bajaron las persianas.
Otro malestar
El malestar de los empresarios se suma al abierto frente castrense, convulsionado por duplicado por la renovación de las cúpulas militares y por la posibilidad de que militares acusados de violaciones a los derechos humanos puedan ser extraditados para declarar ante la Justicia de terceros países.
Kirchner está ahora en un brete. El pedido del juez español Baltasar Garzón para que sean extraditados 46 militares argentinos a España dejó en una peligrosa encrucijada al patagónico que ahora comienza a distinguir entre el discurso y la gestión.
A pesar de haber hecho, inicialmente, señales de que su gobierno convalidaría las extradiciones, Kirchner comenzó rápidamente a ver -con la ayuda de expertos- los inconvenientes de la medida. Pasó, entonces, como otros gobiernos, la pelota a la Justicia, aunque a su regreso de Europa deberá decir sobre el tema esta boca es mía, a riesgo de quedar a mitad de camino, como le pasó a Fernando De la Rúa.
Si la Corte falla que las leyes de Obediencia Debida y Punto Final han dejado de tener vigencia, se abrirán en la Argentina centenares de causas contra militares acusados de violaciones a los derechos humanos.
Mientras, la comisión de Juicio Político de la Cámara de Diputados avanza en la ruta que, oportunamente, Kirchner le señaló.Una decena de causas por presunto mal desempeño en sus funciones ya pesan sobre la espalda del ex vicepresidente del tribunal, Eduardo Moliné O´Connor.
La inseguridad
Mientras planificaba su viaje a Europa, Kirchner se vio compelido a hacerse un tiempo para un tema crucial: la inseguridad.
El patagónico advirtió que la falta de seguridad no es un problema del distrito donde se instala, sino que, con tino, advirtió que es un flagelo que puede llegar hasta las puertas mismas de la Casa de Gobierno. Por eso, los esfuerzos conjuntos con el gobernador bonaerense Felipe Solá.
En tanto, mientras se aguarda para fin de mes las cifras oficiales del Indec, que marcarán el desempleo, la pobreza y la indigencia en el país, el Gobierno sacó aumentos en los sueldos mínimos, en algunas jubilaciones y pensiones y convirtió -aunque en cuotas- en parte remunerativa del salario los $ 200 no que tenían esa condición. Con todas estas variables, el ministro Roberto Lavagna se anima a torear al Fondo. Mandó a decirle por los diarios que si se les paga a los acreedores privados, la Argentina no estará en condiciones de pagar, en simultáneo, los compromisos con organismos internacionales.
Los tiempos más difíciles de las negociaciones con el Fondo recién están por venir. A la Argentina se le siguen pidiendo deberes que tendrá, en mayor o menor medida, que hacer si quiere lograr el vital acuerdo de tres años con el FMI. Habrá que ver si, como en otros temas, Kirchner sigue actuando como un toro desenfrenado o, si las señales que recoja por Europa más las advertencias del Fondo, le imponen algo de sosiego. (DyN)







