Leyendas urbanas y sistemas de representatividad, esos son los aspectos a considerar después de una elección; siempre. Las denuncias sobre irregularidades en el recuento provisorio, primero, y en el definitivo, luego, alimentan sospechas y generan sensaciones en la calle que, con el tiempo, se convierten en verdades no comprobables, porque nadie revela cuál es el mecanismo usado para adulterar la voluntad popular y quiénes lo hacen y dónde se concreta la maniobra. Quién no recuerda al candidato que se fue a dormir siendo gobernador electo y al día siguiente despertó segundo. Denunció fraude, apuntó al organismo de control, pero las pruebas y los testimonios sobre cómo se concretó el ilícito jamás aparecieron. En la calle, lo que se dice -repito, se dice- es que las travesuras se cometen en el recuento final. Se comenta -repito, se comenta- que allí es donde los números pierden cifras y ganan ceros hacia la derecha. ¿Cómo? Respuesta muy tucumana: vaya uno a saber. La leyenda se alimenta en cada elección, con pequeñas diferencias que dejan afuera a festejantes apresurados e incorporan a silenciosos remadores de votos.
¿Es posible que se modifiquen resultados?, ¿es posible que se "compren" y se "vendan" telegramas de las mesas?, ¿es factible que los fiscales presionen a los presidentes de mesa y los obliguen a poner datos falsos en los telegramas?, ¿es posible que en el escrutinio definitivo se sumen más votos para una lista restando a otra sin alterar el número final de votantes de la urna?, ¿es posible que quien carga los datos lo haga indebidamente y favorezca a alguien en particular?, ¿será posible que se pueda programar el mecanismo de carga de datos para que el sistema sume más para uno en detrimento de otros? Algunos dirán que sí, y es ese rumor que circula bajo las mesas el que genera dudas. De todas formas, las quejas, los pataleos y las protestas pasan al olvido. Y seguirá así hasta que alguien, de "adentro" o de afuera del sistema denuncie con pruebas fehacientes y concretas una irregularidad de este tipo. Como siempre, mientras nadie vaya preso, aquí no pasó nada; el que gana festeja y el que pierde denuncia fraude según la ley general del comportamiento político electoralista.
También el sistema de representatividad siempre queda en el ojo de la tormenta, ya que no deja conformes a todos. Si se repasa la historia electoral de la provincia, veremos que hubo listas sábanas -desaparecieron-, sublemas -también desaparecieron- y ahora el acople que, al parecer, tiene las horas contadas. Bueno, los años contados; hasta el 2015. Sea por las razones que sea -reforma constitucional para habilitar la reelección eterna- sería modificado. En el fondo se trata de conseguir más votos con la excusa de la representatividad. Veamos: con los sublemas sumaban los candidatos a legislador, con el acople suma más el candidato a gobernador. Entre uno y otro método lo que se alteró es la representatividad institucional, ya que con los lemas se fortalecía al Poder Legislativo y con los acoples al Ejecutivo. Ambos regímenes fueron elaborados para conveniencia de un lado o del otro.
Este año, los parlamentarios entendieron que fueron los perjudicados y demandan acople legislativo, algo inconstitucional, según la Justicia. ¿A dónde se va? Si se apunta a mejorar la calidad institucional y la representatividad política de los electos, la dirigencia gobernante se encamina a un sistema mixto; porque, por ahora, hablar de voto electrónico o boleta única es utópico. Tampoco esto último significa una garantía de transparencia. Los sistemas electorales se hacen a conveniencia de alguien, un traje a medida de un sector. Por eso a la larga fracasan, porque no se piensa en los que otorgan la representatividad a los elegidos.
¿Es posible que se modifiquen resultados?, ¿es posible que se "compren" y se "vendan" telegramas de las mesas?, ¿es factible que los fiscales presionen a los presidentes de mesa y los obliguen a poner datos falsos en los telegramas?, ¿es posible que en el escrutinio definitivo se sumen más votos para una lista restando a otra sin alterar el número final de votantes de la urna?, ¿es posible que quien carga los datos lo haga indebidamente y favorezca a alguien en particular?, ¿será posible que se pueda programar el mecanismo de carga de datos para que el sistema sume más para uno en detrimento de otros? Algunos dirán que sí, y es ese rumor que circula bajo las mesas el que genera dudas. De todas formas, las quejas, los pataleos y las protestas pasan al olvido. Y seguirá así hasta que alguien, de "adentro" o de afuera del sistema denuncie con pruebas fehacientes y concretas una irregularidad de este tipo. Como siempre, mientras nadie vaya preso, aquí no pasó nada; el que gana festeja y el que pierde denuncia fraude según la ley general del comportamiento político electoralista.
También el sistema de representatividad siempre queda en el ojo de la tormenta, ya que no deja conformes a todos. Si se repasa la historia electoral de la provincia, veremos que hubo listas sábanas -desaparecieron-, sublemas -también desaparecieron- y ahora el acople que, al parecer, tiene las horas contadas. Bueno, los años contados; hasta el 2015. Sea por las razones que sea -reforma constitucional para habilitar la reelección eterna- sería modificado. En el fondo se trata de conseguir más votos con la excusa de la representatividad. Veamos: con los sublemas sumaban los candidatos a legislador, con el acople suma más el candidato a gobernador. Entre uno y otro método lo que se alteró es la representatividad institucional, ya que con los lemas se fortalecía al Poder Legislativo y con los acoples al Ejecutivo. Ambos regímenes fueron elaborados para conveniencia de un lado o del otro.
Este año, los parlamentarios entendieron que fueron los perjudicados y demandan acople legislativo, algo inconstitucional, según la Justicia. ¿A dónde se va? Si se apunta a mejorar la calidad institucional y la representatividad política de los electos, la dirigencia gobernante se encamina a un sistema mixto; porque, por ahora, hablar de voto electrónico o boleta única es utópico. Tampoco esto último significa una garantía de transparencia. Los sistemas electorales se hacen a conveniencia de alguien, un traje a medida de un sector. Por eso a la larga fracasan, porque no se piensa en los que otorgan la representatividad a los elegidos.







