14 Septiembre 2011 Seguir en 
La inseguridad es, por cierto, uno de los temas que más preocupa a los tucumanos. Es innegable que en los últimos años, la sociedad se ha vuelto cada vez más violenta y una buena parte de la ciudadanía, más transgresora de las leyes. El auge del delito en la vía pública a cualquier hora del día ha puesto en vilo a los comprovinciano. Por ejemplo, en julio pasado, Elda Hovannes, de 54 años, fue asesinada alrededor de las 20 por dos motoarrebatadores frente a su casa del barrio Ampliación Kennedy, cuando se aprestaba a subir a un taxi. El hecho aún permanece impune. Este avance de la marginalidad ha llegado al extremo de que ni siquiera se respeta a la misma Policía.
El sábado pasado, alrededor de las 10, el comisario de San Pablo y un sargento intentaron persuadir a un grupo de jóvenes que estaban alcoholizados a media cuadra de la iglesia de la localidad, de que bajaran el volumen de la música. Recibieron a cambio una feroz golpiza y tuvieron que ser hospitalizados. El principal agresor es un agente, según se informó. Una vez recuperado, el comisario dijo que la agresión se debió por el estado de ebriedad en el que se encontraban. "En general, esta falta de respeto hacia la Policía es así, es impresionante. Mucha gente no entiende el respeto que debe tener hacia el vecino, y también hacia la autoridad policial. En televisión puede verse constantemente el abuso que hay hacia el personal policial. El tema de la droga y el alcohol afectó mucho a los jóvenes", aseveró y agregó: "A veces hay mucha decepción porque veo a gente que detuve porque cometió un delito caminando tranquilamente por la calle, por el tema de la Justicia. Eso lo dicen los mismos vecinos. Hay mucha violencia. Preferiría que mis hijos o mis nietos eligieran otra profesión, porque la calle está muy peligrosa".
No es la primera vez que sucede un hecho de esta naturaleza en los últimos tiempos. El 28 de agosto pasado, el día de los comicios provinciales, alrededor de las 19, cuando se estaban recontando los votos, unas 50 personas armadas con palos y piedras irrumpieron en la escuela Nº 60 de El Chañar, golpearon a quien se cruzaba en su camino, destrozaron varias urnas y boletas y atacaron al comisario del pueblo a quien le robaron su arma reglamentaria y como consecuencia de las heridas debió ser hospitalizado. Los policías no pudieron detener a los inadaptados. A más de dos semanas del bochornos incidentes, no hay ningún arrestado.
No creemos, por cierto, que se trate de un súbito complot contra los comisarios. Los episodios están reflejando la crisis de valores de la sociedad. Habría que preguntarse qué está sucediendo si los delincuentes no respetan ya ni siquiera a quienes debieran temer.
Por otro lado, si una parte de los malhechores que arresta la fuerza, luego sale fácilmente en libertad, se genera una sensación de desprotección en la población, que además se siente menos proclive a efectuar las denuncias policiales de que han sido víctimas de un delito, por temor a las represalias del victimario liberado.
En nuestra sociedad, pareciera haberse perdido el respeto por las leyes y por el prójimo. Si bien las causas, son muchas, seguramente, la desocupación, la miseria, la marginalidad, la falta de educación y de sanciones ejemplares a la violación de las normas influyen en este deterioro social que padecemos a diario. Urge un debate profundo en la comunidad para encontrarle una salida a esta realidad.
El sábado pasado, alrededor de las 10, el comisario de San Pablo y un sargento intentaron persuadir a un grupo de jóvenes que estaban alcoholizados a media cuadra de la iglesia de la localidad, de que bajaran el volumen de la música. Recibieron a cambio una feroz golpiza y tuvieron que ser hospitalizados. El principal agresor es un agente, según se informó. Una vez recuperado, el comisario dijo que la agresión se debió por el estado de ebriedad en el que se encontraban. "En general, esta falta de respeto hacia la Policía es así, es impresionante. Mucha gente no entiende el respeto que debe tener hacia el vecino, y también hacia la autoridad policial. En televisión puede verse constantemente el abuso que hay hacia el personal policial. El tema de la droga y el alcohol afectó mucho a los jóvenes", aseveró y agregó: "A veces hay mucha decepción porque veo a gente que detuve porque cometió un delito caminando tranquilamente por la calle, por el tema de la Justicia. Eso lo dicen los mismos vecinos. Hay mucha violencia. Preferiría que mis hijos o mis nietos eligieran otra profesión, porque la calle está muy peligrosa".
No es la primera vez que sucede un hecho de esta naturaleza en los últimos tiempos. El 28 de agosto pasado, el día de los comicios provinciales, alrededor de las 19, cuando se estaban recontando los votos, unas 50 personas armadas con palos y piedras irrumpieron en la escuela Nº 60 de El Chañar, golpearon a quien se cruzaba en su camino, destrozaron varias urnas y boletas y atacaron al comisario del pueblo a quien le robaron su arma reglamentaria y como consecuencia de las heridas debió ser hospitalizado. Los policías no pudieron detener a los inadaptados. A más de dos semanas del bochornos incidentes, no hay ningún arrestado.
No creemos, por cierto, que se trate de un súbito complot contra los comisarios. Los episodios están reflejando la crisis de valores de la sociedad. Habría que preguntarse qué está sucediendo si los delincuentes no respetan ya ni siquiera a quienes debieran temer.
Por otro lado, si una parte de los malhechores que arresta la fuerza, luego sale fácilmente en libertad, se genera una sensación de desprotección en la población, que además se siente menos proclive a efectuar las denuncias policiales de que han sido víctimas de un delito, por temor a las represalias del victimario liberado.
En nuestra sociedad, pareciera haberse perdido el respeto por las leyes y por el prójimo. Si bien las causas, son muchas, seguramente, la desocupación, la miseria, la marginalidad, la falta de educación y de sanciones ejemplares a la violación de las normas influyen en este deterioro social que padecemos a diario. Urge un debate profundo en la comunidad para encontrarle una salida a esta realidad.







