Armas no letales

Roberto Delgado
Por Roberto Delgado 13 Septiembre 2011
Una de las tareas más específicas de la Policía es poner orden allá donde la convinvencia comienza a romperse. La mayor parte de su trabajo no es resolver delitos, sino intervenir en el desorden de las conductas cotidianas, peleas de vecinos, conflictos por la medianera, por la música a todo volumen, porque uno le invade con el auto la vereda del otro... y también agresiones entre desconocidos, generalmente a causa del alcohol y con mucha frecuencia en la periferia de la ciudad o fuera del Gran Tucumán. Al menos, así ocurrió este fin de semana en Villa 9 de Julio, Alderetes, Famaillá y San Pablo. La agresión sufrida por el comisario de esta última localidad, Víctor Hugo Medina, a manos de ocho ebrios que lo patotearon, muestra la dimensión de este desorden de conducta: el hombre se recuperó, pero podría haber sido peor. "Acá el problema es el alcohol. Se ponen a tomar y se matan a patadas", dice el comisario Medina, que además advierte que mucha gente "no entiende el respeto que debe tener hacia el vecino y también hacia la autoridad policial".

¿Cuál es la estrategia de atención policial a esos problemas? Armas de fuego, no. Hay policías como la de Londres que ni siquiera las usan (tuvieron bastante quehacer por ello durante los violentos conflictos barriales de hace un mes) y por lo general estas fuerzas usan elementos no letales: redes, bastones largos, bastones cortos con un mango transversal (llamados tonfas) que, en teoría, deben usar con mucho cuidado, de modo que sirvan para disuadir y no para agredir; y escopetas con munición de goma. Se añaden los látigos que usan en la Caballería tucumana y en otras áreas como Infantería, que tuvieron un triste uso hace un mes y medio, cuando los agentes "pacificaron" a latigazos a mujeres que ocupaban un terreno en Villa 9 de Julio. El látigo como elemento para agredir aparece mencionado en "El sueño del Celta", donde Vargas Llosa cuenta cómo un belga llamado Chicot lo había hecho construir con la dura piel del hipopótamo, con el fin de usarlo para esclavizar a los congoleños. Acá es una herencia histórica criolla; el polémico comisario "Malevo" Ferreyra se jactaba en su momento de utilizarlo para "pacificar" a los revoltosos. Tal como hicieron los agentes de Caballería con las mujeres.

Se dice que muchos policías usan también otros elementos disuasivos para defenderse que se pueden adquirir en el mercado tucumano: "picanitas" (aparatos que dan una suave descarga eléctrica) y gas pimienta. Pero estos no aparecen en el catálogo oficial.

¿Está bien que usen armas no letales? La sociedad tomará partido según el caso, como se vio en el desalojo. Pero la agresión sufrida por el comisario desnuda varios interrogantes: ¿tienen los policías suficiente entrenamiento físico para enfrentar este tipo de problemas? Que se sepa, después de las tres semanas de ejercicios de la Escuela de Policía -cuando ingresan a la fuerza- nunca vuelven a tener obligación de mantenerse en buen estado físico. ¿Están capacitados psicológicamente frente a los desórdenes de conducta que -al decir de los vecinos de San Pablo- ocurren todos los días? ¿Cuentan con elementos de apoyo? El comisario Medina ni siquiera tenía vehículo: él y el sargento que lo acompañaba fueron en su motocicleta particular a enfrentar a los ocho ebrios que los agredieron.

En realidad el asunto forma parte de una política de reducción de daño que debería ir acompañada por acciones municipales y administrativas -antes que enfrentar ebrios se podría ver cómo limitar la venta de alcohol o trabajar en una campaña de largo plazo antialcohol- y estudiar cómo aplicar la tolerancia cero, con capacitación para actuar frente a las infracciones menores. Acá estamos acostumbrados a actuar cuando la emergencia ha estallado.

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