Los contrastes del 9 de Julio

Kirchner puso en evidencia el desgaste de personajes del Gobierno, mientras la oposición se divide.

13 Julio 2003
Por Carlos Abrehu

El clima político no entró en una meseta. La lucha por el poder es incesante. Que haya concluido el escrutinio de las elecciones provinciales no significa que la puja de los partidos y de los proyectos electorales esté acabada.
Aquella cara del combate político no borra el balance que dejó la primera visita presidencial de Néstor Kirchner. Ser capital de la República por 24 horas es una reivindicación del papel histórico que tuvo San Miguel de Tucumán al albergar a los congresales de 1816.
Ese hecho le aseguró a esta ciudad una proyección nacional distinta de la que se le da con los escándalos que periódicamente oscurecen la imagen de la provincia.
La televisión estatal -Canal 7- retiró de su programación la transmisión en directo de los actos del miércoles pasado. Se evitó, así, que el país viera a Kirchner al lado de Julio Miranda. En rigor, el Presidente se mezcló con la gente, sin temores de ninguna clase.
La movida audaz del jefe del Estado arrastró a los funcionarios locales a una situación inesperada: se expusieron a la reacción de la sociedad en un escenario abierto. El despliegue de la tropa movilizada por el aparato gubernamental no alcanzó para tapar el desagrado de la mayoría.
Sisto Terán encabezó el ranking de la reprobación pública. Sus pergaminos de legislador recién ungido por el voto popular en la sección oeste quedaron por el piso tras su audaz excursión por la vía pública.
Miranda tampoco se salvó de la hostilidad colectiva. El gobernador electo José Alperovich también salió rozado en el episodio. A Kirchner, en rigor, poco le interesó el contraste entre su situación y las de sus anfitriones del Gobierno provincial. Aplausos para uno, y silbidos y gritos irreproducibles para los otros.
Del 9 de julio de 2003 -aparte de la confirmación de la reapertura de los talleres ferroviarios de Tafí Viejo y de la nueva traza de la ruta 38- pasará a la historia aquella realidad dual. El bochorno impactó porque no se condice con la circunstancia de que el Gobierno venía de imponerse con holgura en los comicios del 29 de junio.
Como también ya es un clásico desde el año pasado, fue severa la admonición del arzobispo Luis Villalba al Presidente de turno. Eduardo Duhalde y su sucesor Kirchner escucharon al dignatario eclesiástico machacar acerca del descalabro educativo de Tucumán -en particular- y del país, en forma general.
Villalba alertó el 9 de julio de 2002 respecto del drama de la mortalidad infantil, que después explotó hacia fines de año, con precisión de relojería.
Miranda fue el destinatario directo de la palabra eclesiástica en las dos ocasiones. Y el balance le da las cuentas en rojo, a pocos meses de terminar la gestión.

El choque con la realidad
El Presidente, sin embargo, encontró límites infranqueables para su discurso político. Con extrema sinceridad dijo que no le agradaba que Antonio Bussi fuese el intendente de San Miguel de Tucumán y, por ende, su eventual anfitrión el 9 de julio de 2004. El jefe de Fuerza Republicana jamás ocultó sus preferencias por Carlos Menem, el archirrival de Kirchner.
El guiño del santacruceño empujó a Gerónimo Vargas Aignasse a insistir en sus planteos revisionistas de ocho urnas. Miranda le puso un freno definitivo al planteo del ex candidato a intendente. Antonio Guerrero era uno de los que alentaban al legislador a no bajar los brazos.
En la propia Legislatura, Juan Ruiz Olivares le contestó que ya había firmado el acta de escrutinio definitivo de la capital, en su condición de vocal de la Junta Electoral Provincial. "Hay órdenes de arriba", exclamó con franqueza.
Un reducido grupo de legisladores fue testigo del diálogo. Y Bussi cerró la semana con un certificado de calidad institucional que le extendió la Corte Suprema de Justicia.
Ha quedado libre de trabas jurídicas inmediatas en el terreno doméstico (está pendiente un juicio oral por el cobro de gastos reservados). Sólo el juez español Baltasar Garzón persiste en crearle problemas por causas de derechos humanos. Y una hipotética extradición a España tendría un recorrido laberíntico.
En consecuencia, Miranda sacó las piedras que Bussi podría hallar en el camino a la intendencia. Antes de las elecciones, en el mundo peronista se admitía que lo peor que podía ocurrir era la transferencia de votos de FR a Esteban Jerez, porque habría puesto en peligro la chance de Alperovich. Después del 29 de junio prevalece la impresión de que el bussismo es la oposición preferida por la Casa de Gobierno. El tercer puesto que consiguió en los comicios provinciales fue una luz roja que alarmó al oficialismo.
Los peronistas que no aceptan la estrategia mirandista destacan que los partidos adversos al oficialismo ya están divididos entre ellos, sin que Bussi resulte una pieza necesaria. La conclusión del razonamiento es que se neutralizan entre ellos.En ebullición
El Frente Unión por Tucumán está revuelto por la diversidad de enfoques y de actitudes respecto del qué hacer hasta las elecciones de octubre. No todos comparten que Jerez se siga mostrando con Osvaldo Cirnigliaro -Frente Anticorrupción- en presentaciones judiciales, porque desdibuja su perfil.
Ambos pidieron a la Justicia que anule las elecciones, planteo que difícilmente vaya a prosperar. Es un recurso que garantiza un final inocuo porque la Corte es poco propensa a lesionar los intereses del oficialismo.
No firmó el escrito el diputado Roberto Lix Klett, pese a que conocía su contenido. Lix Klett alegó que carecía de mandato partidario para ello, pero reconoció diferencias con Ricardo Bussi. Y confirmó su acuerdo con el ex fiscal Jerez y Cirnigliaro en la acción política. "Busco la unidad de la oposición", explicó.La elección de diputados y senadores nacionales de octubre produce reacomodamientos.
Los radicales (retuvieron las cinco bancas legislativas de 1999 y gobernarán en Aguilares y Concepción) sospechan del kirchnerismo. Temen que la Casa Rosada auspicie una lista de congresistas nacionales con peronistas disidentes del mirandismo y con figuras del ARI, como José Vitar. Este dialogó estrechamente con el santacruceño, a bordo del avión Tango 02.
La teoría del corte transversal de los partidos para generar un apoyo movimientista al Presidente en el Congreso sustenta una jugada de esa naturaleza. Vitar explicitó más de una vez que Kirchner ejecuta parte del programa que el Frepaso no supo aplicar con la Alianza. Desde algunos sectores hostiles al mirandismo justifican la maniobra: el Presidente no puede ser un rehén de los gobernadores.
Jerez está al tanto de las definiciones radicales. Estos creen que Recrear puede formar parte de una alianza remodelada, por su rol de control del kirchnerismo. La UCR quiere, además, que el ex fiscal decida el rumbo en consulta con los partidos. El frente jerecista estallará de candidatos. Octubre está lejos, pero la pelea se prepara desde ahora.

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