10 Julio 2003 Seguir en 
Actualmente, en cada cuadra del centro de la ciudad es posible contar no menos de 10 perros vagabundos. A veces circulan en jauría. Otras, están tirados a la entrada de los negocios o en medio de las veredas, lo que obliga a la gente a hacer rodeos para esquivarlos. Obviamente que se trata de animales sin dueño, y por tanto sin control sanitario alguno. A muchos se los ve lastimados o con aspecto de enfermos. No es necesario argumentar demasiado para que quede claro el riesgo que significan, además de su cooperación en la suciedad de las calles.
Cabe preguntarse, una vez más, hasta cuándo nuestra ciudad tendrá que soportar semejante situación, que la retrotrae a las épocas coloniales. Décadas atrás, existía la "perrera", ese vehículo que recorría las calles con personal municipal que enlazaba a los canes vagabundos, los encerraba en jaulas y los llevaba a sacrificar. La instauración de la conciencia humanitaria hacia los animales eliminó la brutal "perrera", pero, como vemos, no ha podido instalar un mecanismo que evite la invasión de los perros. Parece evidente que el convenio con instituciones privadas no funciona. Resulta urgente implementar otro camino.
Cabe preguntarse, una vez más, hasta cuándo nuestra ciudad tendrá que soportar semejante situación, que la retrotrae a las épocas coloniales. Décadas atrás, existía la "perrera", ese vehículo que recorría las calles con personal municipal que enlazaba a los canes vagabundos, los encerraba en jaulas y los llevaba a sacrificar. La instauración de la conciencia humanitaria hacia los animales eliminó la brutal "perrera", pero, como vemos, no ha podido instalar un mecanismo que evite la invasión de los perros. Parece evidente que el convenio con instituciones privadas no funciona. Resulta urgente implementar otro camino.







