10 Julio 2003 Seguir en 
Como es sabido, hasta el 29 de octubre próximo, fecha fijada para la asunción de las autoridades electas, San Miguel de Tucumán tiene un nuevo intendente municipal, la profesora Marta de Ezcurra. La ha designado el Concejo Deliberante, tras la destitución del anterior titular. Hemos informado que la intendenta concurrió a la Casa de Gobierno para entrevistarse con el jefe del Poder Ejecutivo provincial. Según sus declaraciones, este le garantizó una ayuda financiera de 2,1 millones de pesos, con la posibilidad de aportes extras si se registran efectivamente cambios en la marcha de la administración municipal.
Hasta que se produzca el recambio del equipo conductor, habrán de transcurrir todavía casi cuatro meses. Y sucede que la realidad que enfrenta nuestro municipio es tan grave, que durante ese lapso deben producirse forzosamente novedades que la corrijan, siquiera en sus aristas más candentes.
Como lo expresábamos días atrás en esta columna, la Municipalidad de San Miguel de Tucumán carga sobre sus espaldas una deuda de más de 250 millones de pesos. A ello debe agregarse un déficit mensual superior a los $ 3 millones. Se adeudan más de cuatro meses de sueldo a los empleados jerárquicos; y a la totalidad del personal, el 15% de aumento acordado, así como el aguinaldo; ello aparte de la cuestión de las polémicas recategorizaciones que pesan sobre la planilla de sueldos. Igualmente, se registra una gran mora de los contribuyentes, en buena parte motivada por la imposibilidad de efectuar pagos en oficinas cerradas por la huelga. Es decir que existe un complicado y difícil frente interno que resulta urgente atender y al que hay que acercar soluciones financieras.
Pero esto no agota, ni mucho menos, la lista de las alarmantes cuestiones que son del resorte de la comuna de la capital. En efecto, están otros y muy graves problemas, como los de los vendedores callejeros, del transporte ilegal, de la recolección de basura, para limitarse a los ejemplos más gruesos. Y todo sobre el trasfondo de una ciudad en alarmante estado de abandono y de desdén por las normas más elementales: aquellas cuyo cumplimiento es fundamental en una urbe con más de medio millón de habitantes, con cada vez más edificios y cada vez más vehículos.
Hemos dicho otras veces que la realidad vigente hasta el momento resulta desde todo punto de vista insostenible. Cada día se asiste a una nueva expresión del avance del caos y del crecimiento asombroso de esa cultura de la impunidad que reina entre nosotros. Tal es el panorama que se despliega frente a la nueva intendenta. Es positivo que haya recompuesto la relación con el Gobierno provincial, y también es positivo que este se muestre dispuesto a colaborar con la Municipalidad, con la cual debe actuar de forma mancomunada en muchos rubros. Es verdad que por el momento lo único que existen son promesas; pero resulta urgente que las mismas se lleven a la realidad, dado el cuadro de colapso que exhibe la comuna. Y asimismo es evidente que la ciudadanía aguarda, con angustiosa expectativa, asistir a un cambio en ese orden de cosas. Un cambio que se caracterice por la puesta en marcha de los mecanismos municipales, que hasta el momento, repetimos, han cesado de funcionar en prácticamente todos los órdenes.
Es de esperar, entonces, que tenga comienzo, y con urgencia, esa reconstrucción que debe operarse en la gestión de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán. Cuatro meses pueden no parecer demasiados como dato de calendario, pero constituyen un lapso muy grande frente a la más superficial apreciación de la actual realidad de nuestra capital. Realmente, no hay tiempo para esperar, y debemos asistir de inmediato a la puesta en marcha de soluciones eficaces.
Hasta que se produzca el recambio del equipo conductor, habrán de transcurrir todavía casi cuatro meses. Y sucede que la realidad que enfrenta nuestro municipio es tan grave, que durante ese lapso deben producirse forzosamente novedades que la corrijan, siquiera en sus aristas más candentes.
Como lo expresábamos días atrás en esta columna, la Municipalidad de San Miguel de Tucumán carga sobre sus espaldas una deuda de más de 250 millones de pesos. A ello debe agregarse un déficit mensual superior a los $ 3 millones. Se adeudan más de cuatro meses de sueldo a los empleados jerárquicos; y a la totalidad del personal, el 15% de aumento acordado, así como el aguinaldo; ello aparte de la cuestión de las polémicas recategorizaciones que pesan sobre la planilla de sueldos. Igualmente, se registra una gran mora de los contribuyentes, en buena parte motivada por la imposibilidad de efectuar pagos en oficinas cerradas por la huelga. Es decir que existe un complicado y difícil frente interno que resulta urgente atender y al que hay que acercar soluciones financieras.
Pero esto no agota, ni mucho menos, la lista de las alarmantes cuestiones que son del resorte de la comuna de la capital. En efecto, están otros y muy graves problemas, como los de los vendedores callejeros, del transporte ilegal, de la recolección de basura, para limitarse a los ejemplos más gruesos. Y todo sobre el trasfondo de una ciudad en alarmante estado de abandono y de desdén por las normas más elementales: aquellas cuyo cumplimiento es fundamental en una urbe con más de medio millón de habitantes, con cada vez más edificios y cada vez más vehículos.
Hemos dicho otras veces que la realidad vigente hasta el momento resulta desde todo punto de vista insostenible. Cada día se asiste a una nueva expresión del avance del caos y del crecimiento asombroso de esa cultura de la impunidad que reina entre nosotros. Tal es el panorama que se despliega frente a la nueva intendenta. Es positivo que haya recompuesto la relación con el Gobierno provincial, y también es positivo que este se muestre dispuesto a colaborar con la Municipalidad, con la cual debe actuar de forma mancomunada en muchos rubros. Es verdad que por el momento lo único que existen son promesas; pero resulta urgente que las mismas se lleven a la realidad, dado el cuadro de colapso que exhibe la comuna. Y asimismo es evidente que la ciudadanía aguarda, con angustiosa expectativa, asistir a un cambio en ese orden de cosas. Un cambio que se caracterice por la puesta en marcha de los mecanismos municipales, que hasta el momento, repetimos, han cesado de funcionar en prácticamente todos los órdenes.
Es de esperar, entonces, que tenga comienzo, y con urgencia, esa reconstrucción que debe operarse en la gestión de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán. Cuatro meses pueden no parecer demasiados como dato de calendario, pero constituyen un lapso muy grande frente a la más superficial apreciación de la actual realidad de nuestra capital. Realmente, no hay tiempo para esperar, y debemos asistir de inmediato a la puesta en marcha de soluciones eficaces.







