09 Julio 2003 Seguir en 
Hay victorias que tienen el sabor de la derrota. Y viceversa. En Fuerza Republicana costó (y mucho) convencer a Antonio Domingo Bussi para que se presentara como candidato a intendente capitalino. La estrategia de apuntalar la fórmula a la gobernación pudo más que ciertas recomendaciones y el ex gobernador se puso el traje, salió a recorrer la ciudad y se alegró cuando las encuestas lo ponían como seguro ganador. Un triunfo en la capital era la base para garantizar al partido un papel digno en la elección provincial.
La juventud se le presentó como un lastre pesado, que no lo dejó despegar. Unos "mozalbetes" (como el ex gobernador los llamó) lo descalificaron judicialmente por inhabilidad moral para ejercer cargos públicos, en una causa aún sin resolución. Y otro joven puso en jaque el resto de su prestigio político al haberle empatado un municipio que lucía en su frente el signo FR desde hace 12 años.
Desde el cargo, el general deberá gastar muchas horas en negociar políticamente cada paso por dar con un Concejo Deliberante en contra, que incluso se presenta como autónomo (aunque sea en parte) de los deseos del futuro gobernador José Alperovich. La experiencia de Bussi con cuerpos colegiados no es la mejor, como lo atestigua la relación que entabló con la Legislatura de 1995-1999, cuando era gobernador. Para peor, es inimaginable que la oposición acceda a que el presidente del Concejo sea de FR, y así asegurar un orden sucesorio de la misma línea. Ese puesto es el próximo objetivo del justicialista Juan Carlos Mamaní, parado sobre sus 7.433 sufragios, que obtuvo como el sublema más votado de la capital.
Condiciones de jineteador
El potro municipal es difícil de domar. Nadie pudo con él, y la lista de los intendentes que sucumbieron bajo su peso es extensa. Los últimos años dan acabado ejemplo de sus complicaciones, pero la historia está jalonada de picos y caídas. Desde el regreso de la democracia en adelante, sólo Rubén Chebaia logró ser electo legislador y Rafael Bulacio, diputado nacional, pero ninguno de los otros que llegaron al cargo obtuvo luego el respaldo de las urnas. Raúl Martínez Aráoz fue intervenido, y Oscar Paz y Raúl Topa renunciaron a mucho más que la intendencia. Jorge Uasuf no se aleja de la política, pero tampoco piensa en postularse a ningún cargo. Y ahora Antonio Alvarez deberá superar varias piedras para poder jurar como legislador y así tener protección por cuatro años para defenderse de una posible investigación penal por sus efímeros 11 meses como jefe municipal.
La idea de tratar de impedir judicialmente que Alvarez asuma como legislador chocaría con el resultado de las urnas. Aun cuando falta todavía la promulgación oficial de la Junta Electoral de quiénes fueron electos para las bancas, los votos obtenidos por el ex intendente están fuera de discusión. Entró en el séptimo puesto de nueve legisladores del peronismo, y tiene la protección de los fueros parlamentarios desde el momento de su consagración.
Si la Justicia decide avanzar en una pesquisa sobre Alvarez como imputado de violación de los deberes de funcionario público, deberá pedir su desafuero.
La alternativa es que la próxima Legislatura le rechace el pliego antes de jurar en la banca, y ese lugar pase a manos de Karina Seoane, quien votó contra él en el Concejo. En el medio del laberinto municipal, Bussi tratará de encontrar una salida.
Mientras camine por los pasillos, inevitablemente se le aparecerá la imagen del rey guerrero Pirro, aquel que ganó una batalla a un costo demasiado alto. Perdió a la mayoría de sus mejores soldados y jefes intermedios. "Otra victoria como esta, y estoy perdido", dicen los libros que dijo el primer militar formado en la escuela griega que enfrentó a los romanos.
La juventud se le presentó como un lastre pesado, que no lo dejó despegar. Unos "mozalbetes" (como el ex gobernador los llamó) lo descalificaron judicialmente por inhabilidad moral para ejercer cargos públicos, en una causa aún sin resolución. Y otro joven puso en jaque el resto de su prestigio político al haberle empatado un municipio que lucía en su frente el signo FR desde hace 12 años.
Desde el cargo, el general deberá gastar muchas horas en negociar políticamente cada paso por dar con un Concejo Deliberante en contra, que incluso se presenta como autónomo (aunque sea en parte) de los deseos del futuro gobernador José Alperovich. La experiencia de Bussi con cuerpos colegiados no es la mejor, como lo atestigua la relación que entabló con la Legislatura de 1995-1999, cuando era gobernador. Para peor, es inimaginable que la oposición acceda a que el presidente del Concejo sea de FR, y así asegurar un orden sucesorio de la misma línea. Ese puesto es el próximo objetivo del justicialista Juan Carlos Mamaní, parado sobre sus 7.433 sufragios, que obtuvo como el sublema más votado de la capital.
Condiciones de jineteador
El potro municipal es difícil de domar. Nadie pudo con él, y la lista de los intendentes que sucumbieron bajo su peso es extensa. Los últimos años dan acabado ejemplo de sus complicaciones, pero la historia está jalonada de picos y caídas. Desde el regreso de la democracia en adelante, sólo Rubén Chebaia logró ser electo legislador y Rafael Bulacio, diputado nacional, pero ninguno de los otros que llegaron al cargo obtuvo luego el respaldo de las urnas. Raúl Martínez Aráoz fue intervenido, y Oscar Paz y Raúl Topa renunciaron a mucho más que la intendencia. Jorge Uasuf no se aleja de la política, pero tampoco piensa en postularse a ningún cargo. Y ahora Antonio Alvarez deberá superar varias piedras para poder jurar como legislador y así tener protección por cuatro años para defenderse de una posible investigación penal por sus efímeros 11 meses como jefe municipal.
La idea de tratar de impedir judicialmente que Alvarez asuma como legislador chocaría con el resultado de las urnas. Aun cuando falta todavía la promulgación oficial de la Junta Electoral de quiénes fueron electos para las bancas, los votos obtenidos por el ex intendente están fuera de discusión. Entró en el séptimo puesto de nueve legisladores del peronismo, y tiene la protección de los fueros parlamentarios desde el momento de su consagración.
Si la Justicia decide avanzar en una pesquisa sobre Alvarez como imputado de violación de los deberes de funcionario público, deberá pedir su desafuero.
La alternativa es que la próxima Legislatura le rechace el pliego antes de jurar en la banca, y ese lugar pase a manos de Karina Seoane, quien votó contra él en el Concejo. En el medio del laberinto municipal, Bussi tratará de encontrar una salida.
Mientras camine por los pasillos, inevitablemente se le aparecerá la imagen del rey guerrero Pirro, aquel que ganó una batalla a un costo demasiado alto. Perdió a la mayoría de sus mejores soldados y jefes intermedios. "Otra victoria como esta, y estoy perdido", dicen los libros que dijo el primer militar formado en la escuela griega que enfrentó a los romanos.







