08 Julio 2003 Seguir en 
La crisis de la seguridad pública en la provincia de Buenos Aires y las respuestas que tratan de darle el gobernador Felipe Solá y su ministro de Seguridad, Juan Pablo Cafiero, están tropezando con el detergente que representan las renovadas declaraciones del jurista Eugenio Zaffaroni sobre su visión penal revisionista. Al menos, ese punto ha comenzado a preocupar en el cerrado entorno presidencial, pues tanto Solá como Cafiero parecen apuntar ahora a reformas procesales penales y reglamentarias de la actuación policial que se alejan bastante del discurso del candidato para la Corte Suprema. El asunto golpea al poderoso distrito bonaerense, donde el gobierno provincial pareció sorprendido ante la denuncia periodística de su jefe policial por un grueso depósito desconocido en un paraíso fiscal. En la desorientación inicial, Cafiero dejó entrever que las indagaciones patrimoniales del personal superior policial fueron muy limitadas o no se llevaron a cabo adecuadamente. Entretanto, en el conurbano han comenzado a producirse protestas de grupos sociales afectados por secuestros y otros delitos personales que pintan un escenario negro mientras se dirime la compleja interna justicialista.
Diferencias
El grande y conflictivo cinturón social que rodea a la sede del poder central vuelve así a ser un obstáculo para el andar de un nuevo gobierno, que debe negociar con su propio partido un "statu quo" que lo proteja electoralmente. Es el caso del presidente Kirchner con el dueño del peronismo bonaerense, Eduardo Duhalde, cuyo regreso al país está suscitando más conjeturas de las imaginadas; es decir, la colaboración con la Casa Rosada, como la resistencia a dejarle suficiente cabida en la provincia. Entre ellos, comienzan a insinuarse diferencias ideológicas por voceros más o menos discretos de ambas partes. Uno de esos casos es la irritación con que en la mesa directiva del PJ de Diputados se han recibido promociones electorales apoyadas por el Presidente, como la del periodista Miguel Bonasso y Alicia Oliveira, ombudsman porteña. La velocidad con que Kirchner comenzó a producir actos de gobierno apenas llegado al sillón de Rivadavía está provocando expectativas múltiples, pero también derrapes en las curvas.
Manías
Tras la comida con las Fuerzas Armadas y su primera presentación formal ante el empresariado nacional en la Bolsa de Comercio, -como la CGT legal, también postergado en su agenda- el Presidente partirá a Europa. Se asigna un significado de tipo ideológico a su visita de Londres, una curiosa cita de la ?tercera vía? cuyo anfitrión, Anthony Blair, integra la alianza en Irak con los conservadores George Bush y José María Aznar. La manía local de bautizar mucho de lo que se cruza en el debate político insiste ahora en calificar de ?progresista? esa reunión, mientras Néstor Kirchner se prepara para dialogar con otros pares de la Comunidad Europea, escenario de un mundo económico de mercado y muestra cabal de hasta dónde puede llegar la realidad global. O sea, tal cual la entienden hoy Chile y Brasil, presentes igualmente en Londres. (De nuestra Sucursal)
Diferencias
El grande y conflictivo cinturón social que rodea a la sede del poder central vuelve así a ser un obstáculo para el andar de un nuevo gobierno, que debe negociar con su propio partido un "statu quo" que lo proteja electoralmente. Es el caso del presidente Kirchner con el dueño del peronismo bonaerense, Eduardo Duhalde, cuyo regreso al país está suscitando más conjeturas de las imaginadas; es decir, la colaboración con la Casa Rosada, como la resistencia a dejarle suficiente cabida en la provincia. Entre ellos, comienzan a insinuarse diferencias ideológicas por voceros más o menos discretos de ambas partes. Uno de esos casos es la irritación con que en la mesa directiva del PJ de Diputados se han recibido promociones electorales apoyadas por el Presidente, como la del periodista Miguel Bonasso y Alicia Oliveira, ombudsman porteña. La velocidad con que Kirchner comenzó a producir actos de gobierno apenas llegado al sillón de Rivadavía está provocando expectativas múltiples, pero también derrapes en las curvas.
Manías
Tras la comida con las Fuerzas Armadas y su primera presentación formal ante el empresariado nacional en la Bolsa de Comercio, -como la CGT legal, también postergado en su agenda- el Presidente partirá a Europa. Se asigna un significado de tipo ideológico a su visita de Londres, una curiosa cita de la ?tercera vía? cuyo anfitrión, Anthony Blair, integra la alianza en Irak con los conservadores George Bush y José María Aznar. La manía local de bautizar mucho de lo que se cruza en el debate político insiste ahora en calificar de ?progresista? esa reunión, mientras Néstor Kirchner se prepara para dialogar con otros pares de la Comunidad Europea, escenario de un mundo económico de mercado y muestra cabal de hasta dónde puede llegar la realidad global. O sea, tal cual la entienden hoy Chile y Brasil, presentes igualmente en Londres. (De nuestra Sucursal)







