08 Julio 2003 Seguir en 
Es un lugar común advertir que, en nuestra ciudad, quienes guían automotores lo hacen sin otro marco que el de su exclusivo capricho, lo cual se ve facilitado por la asombrosa inercia municipal. Un ilustrativo ejemplo de lo que ocurre se manifiesta en la cuestión de los teléfonos celulares, que hemos mentado, sin eco alguno, en otras ocasiones.
Resulta notorio que, actualmente, nadie que desea operar un teléfono celular mientras guía su vehículo deja de hacerlo, a pesar de tratarse de algo que -según entendemos- está prohibido específicamente por ordenanza. Parece superfluo recordar que la prohibición es más que razonable, ya que quien conduce un automotor debe estar concentrado en esa tarea, y hablar simultáneamente por el teléfono le introduce una distracción que puede ser muy peligrosa.
Pensamos que tal rubro es otro de los muchos que requieren una urgente acción correctiva por parte de los inspectores de tránsito. No es posible que se permita la circulación de quienes ignoran las normas y se colocan en situaciones de las que deriva un riesgo cierto para su propia vida y para la de quienes circulan por la calle.
Resulta notorio que, actualmente, nadie que desea operar un teléfono celular mientras guía su vehículo deja de hacerlo, a pesar de tratarse de algo que -según entendemos- está prohibido específicamente por ordenanza. Parece superfluo recordar que la prohibición es más que razonable, ya que quien conduce un automotor debe estar concentrado en esa tarea, y hablar simultáneamente por el teléfono le introduce una distracción que puede ser muy peligrosa.
Pensamos que tal rubro es otro de los muchos que requieren una urgente acción correctiva por parte de los inspectores de tránsito. No es posible que se permita la circulación de quienes ignoran las normas y se colocan en situaciones de las que deriva un riesgo cierto para su propia vida y para la de quienes circulan por la calle.







