Un domingo de octubre

(De "Días de furia. Historia oculta de la Argentina desde la caída de De la Rúa hasta la asunción de Duhalde", Sudamericana, Buenos Aires).

24 Marzo 2002
"Para quien supiera leerla, aquel domingo sería el domingo de la profecía.En Buenos Aires, el 14 de octubre de 2001 había amanecido caluroso y nublado y ese día, entre las ocho de la mañana y la seis de la tarde, casi 25 millones de argentinos tendrían que votar por decimocuarta vez desde la recuperación democrática de 1983.
Aunque formalmente se iban a elegir diputados nacionales y provinciales, un gobernador para la provincia de Corrientes, legisladores y ediles comunales y senadores de la Nación por voto directo, lo que estaba en juego en el fondo era el grado de castigo que recibiría el Gobierno nacional.
Nadie dudaba de que se lo sancionaría. Al radical Fernando de la Rúa le faltaban cincuenta y seis días para cumplir dos años como presidente en nombre de una alianza precaria, y el deterioro económico, la debilidad política, el aumento de la desocupación y el endeudamiento externo lo habían asfixiado.
Además de sobre las elecciones, los diarios de aquel domingo hablaban de la inminencia de un ataque terrestre de los americanos en Afganistán, una guerra que cada vez quedaba más lejos, de la violencia doméstica y de los preparativos de Boca Juniors, que en las semanas siguientes tendría que enfrentar al Bayern Munich por la Copa Intercontinental de fútbol.
Aunque la cantidad de opciones electorales que se ofrecían hacían suponer una atomización política, las elecciones servirían sobre todo para medir el crecimiento de la oposición peronista, que ya controlaba el Senado, desde un año antes cuestionado por corrupción, y trece de las 23 provincias, entre ellas las poderosas Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.
En todo el país, durante el comicio, se podría optar entre un partido de alcance nacional, el PJ, y una veintena de provinciales, casi medio centenar de alianzas y frentes. 127 postulantes a diputados y 72 candidatos a senador, que se elegirían por primera vez mediante el voto directo en un intento de transparentar la elección.Si bien la oferta política era vasta, ciertamente no se notaba un gran fervor cívico entre la gente.
Desde los días anteriores, los analistas vaticinaban en la prensa una retracción de la participación popular, un crecimiento del voto castigo y un aumento de las abstenciones.
Unos días antes el riesgo país había superado los 1.800 puntos, y las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional para el refinanciamiento de la deuda de 130 mil millones de dólares parecían estancadas. El riesgo país es un indicador macroeconómico que mide el costo que se debería pagar por conseguir crédito externo, y el alcance de los 1.800 puntos había puesto a la Argentina en peor situación crediticia que Nigeria, Afganistán o Ecuador.
Los economistas advertían sobre el peligro de una cesación de pagos de la deuda externa, y las alternativas que se manejaban consistían en devaluar o dolarizar.
Como un escalofrío espasmódico, el fantasma de "las tres D" -default, devaluación y dolarización- recorría el espinazo de un país inquieto, azorado por su propia realidad, que se disponía a ir a las urnas".

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