Confieso: no he tomado ayer el té de ruda, pero tengo la sensación de que lo haré hoy. Nunca es tarde. Los ritos ancestrales son tan necesarios como los valores; están siempre allí como cuando desde niño observaba a mi madre darle de comer a la "Pacha". Los valores no pasan de moda y hoy cotizan más que el oro. Por caso, con todo lo que está sucediendo en EEUU, muchos dicen que más vale la confianza que el mismísimo dólar. Pero, ¿qué sucede cuando la confianza se desgasta? Aparece la sensación como excusa. Y algo de eso le está sucediendo al Gobierno -en cualquiera de sus estamentos-, que trata de mostrar una realidad paralela a lo que vive cualquier trabajador. Hay una sensación de que los precios suben, pero (¡ojo!) no es inflación. Las tasas del Indec nos llevan hacia un mundo ideal, ese que nos da la sensación de bienestar, con una desocupación del 5% y una pobreza que afecta sólo al 11% de la población. Los barrios carenciados son una escenografía olvidada para esta puesta en escena oficial. Como también parece decorativa (?) la sensación de inseguridad. En la calle muchos se preguntan qué es lo que está sucediendo con tantos ilícitos violentos. Y pocos se animan a denunciar para no pasar otro mal rato si deben reconocer a los autores en alguna seccional. Entonces, esos hechos no aparecen en las estadísticas. Los funcionarios tienen la sensación de que ganarán con holgura, pero a rivales que no son ni la inflación, la pobreza o la inseguridad. Tal vez algunos de ellos deberían tomar té de ruda y alimentar un plan de gestión que nos saque del mundo de las sensaciones.







