La tendencia: huirle al peso

Por Fernando García Soto 01 Agosto 2011
La proximidad de las elecciones nacionales, los problemas en la Eurozona y en Estados Unidos y el tradicional exceso de cautela y de desconfianza de los argentinos llevan inexorablemente al desarrollo de una práctica ya considerada histórica en nuestro país: el resguardo del dinero en instrumentos lo más seguros posibles, como los bienes raíces y las divisas extranjeras, por caso. La situación tiene su correlato en Tucumán, donde los que tienen mucho dinero se refugian en la compra de campos y viviendas, mientras los que poseen ahorros limitados compran dólares, con relativo apuro.

La sensación generalizada parece de temor hacia lo que puede pasar en los próximos meses, en especial si ocurre lo inesperado, como sería que el kirchnerismo cediera el centro del poder político en la Argentina. Como suele suceder en cada elección presidencial, se instala la idea de que un cambio de nombres o de rumbo del país significaría el desplome del sistema económico, político y social vigente, lo que inquieta a los mercados y altera a los inversores, a los ahorristas y todo aquel que se empeña para vivir el día a día con lo poco o mucho que gana. Mientras el Estado argentino emite dinero sin pausa para sostener alto el nivel de consumo en el país, los que tienen algún tipo de capacidad de ahorro se desesperan por abandonar la moneda nacional en la búsqueda de escaparle a la nefasta inflación, en primera medida, y a la sensación de que una devaluación del peso está al por caer. La demanda de dólares y de euros en Tucumán es creciente, tanto en bancos y casas de cambio como en el mercado paralelo, donde la divisa norteamericana ya se comercializa a $ 4,3 ($ 4,21 en las casas de cambio). "Nadie quiere los pesos, hasta el punto de que hay gente que prefiere comprarse un plasma nuevo antes que guardar plata que no sea dólares o euros", sintetizó un empresario tucumano, con fuertes vinculaciones con referentes del sector privado de Buenos Aires.

En el orden de prioridades, los inversores fuertes prefieren comprar campos cultivables, pese a que tal opción se diluye cada vez más en Tucumán, porque nadie quiere desprenderse de los activos más buscados. Le siguen casas y departamentos, terrenos y cualquier cosa vinculada a los ladrillos que se revalorice. Cuando la plata no alcanza para ese tipo de negocios inmobiliarios, la opción son las divisas externas, los plazos fijos y por último el consumo en general. Pero nadie quiere billetes en la mano, en la casa, que no brinden rentabilidad y pierdan un 2% mensual por la suba de los precios, según las mediciones de las consultoras privadas. "La sensación es que la inflación se le está yendo de las manos al Gobierno. Muchos inversores creen que se van acortando las variables de ajuste que puede aplicar el Estado sin recurrir a una devaluación para contener la suba de los precios", observó un funcionario del Gobierno provincial. Esta percepción es abonada por la falta de iniciativas contundentes del Estado nacional para buscar una solución de fondo al problema que más molesta a los argentinos, como es la inflación. Lo peor es que el oficialismo gobernante sigue intentando tapar el sol con un dedo, y continúa negando el proceso inflacionario, que comenzó a desmadrarse a partir de 2008.

Lo bueno es que sin dudas la situación económica general del país es mucho más consistente que en otros momentos, cuando crisis incontenibles se desataban con toda dureza y destruían las expectativas de los argentinos. Pese a la convulsión internacional, se insiste en que las perspectivas del mercado externo son cada vez más favorables para nuestro país, de manera que las cosas se deben hacer muy mal para que la Argentina derrape.

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