En favor de individualizar las responsabilidades docentes

MARÍA DEL PILAR PRIETO, DOCENTE DE LA FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE LA UNT.

Por Redacción Política 01 Agosto 2011
Comencé mi carrera docente en la Facultad de Derecho de la UNT en el año 1965 concursando para el entonces cargo de profesora adscripta que se ejercía ad honorem, por entender que ello era un modo no sólo de seguir en la Universidad, sino también de devolver a la educación pública en la que me formé y que era considerada mundialmente como una de las mejores; lo que de ella recibí.

Desde entonces y hasta hoy (con el solo interregno del proceso militar), formé parte del plantel docente de esa alta casa de estudios con el orgullo propio de quienes estamos aportando formación para quienes eligieron la carrera de abogar por los demás, inculcándoles el respeto por aquellos derechos que casualmente fueron pisoteados en los años de plomo: la libertad de expresión, los valores democráticos, la igualdad ante la ley, el debido proceso, el juez natural, no responder con violencia a la violencia, etcétera; y trayéndoles a su conocimiento ejemplos de otros países donde ellos son la norma (hoy la respuesta estatal de Noruega a los atentados es el ejemplo).

En esa empresa que buscaba que las cosas se hicieran cada vez mejor, representé a mis pares en cinco oportunidades en el consejo directivo de la Facultad, siempre presta a todo requerimiento de mis alumnos, ya que considero que cada profesor debe ser émulo, ejemplo a seguir para ellos.

Lo que en pocas líneas he narrado hasta aquí me lleva a expresar mi total desacuerdo con el informe sobre la conducta del cuerpo docente de la casa en la denominada "causa de las notas truchas", que fuera recientemente dado a publicidad y en el que sólo se deja a salvo a un pequeño grupo.

Los firmantes del informe sostienen "el desaliño advertido alcanza asimismo al plantel académico (con excepciones)?" y culmina afirmando que "no son competentes para analizar la conducta del estamento docente?". Es de preguntarse entonces ¿por qué la analizan y la ponen en la palestra en una generalización dañosa, en lugar de poner tal situación inmediatamente, con nombres y apellidos, en conocimiento de las autoridades correspondientes? Vaya esto también como un ejercicio de docencia destinado a los sumariantes a quienes nuestra Facultad formó, recordándoles que actitudes como esta costaron 30.000 muertes a nuestra historia reciente.

Yo sufrí en carne propia las consecuencias de generalizaciones como la que se desliza en el informe antes mencionado, por cuanto a raíz de criterios similares fui separada de mi cátedra por nueve años y expulsada de esa casa que defiendo con ardor porque amo y respeto.

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