El paseo de la piratería

01 Agosto 2011
Cuando las persianas de los negocios caen al final de cualquier día de semana o cuando la noche del domingo se adueña de la calle, la peatonal Muñecas, entre San Martín y Mendoza, se transforma. Entre las 22 y las 24 se llena de música, los peatones se sacuden el apuro de la tarde, caminan más despacio, se amontonan en distintos puntos de la cuadra y entorpecen el tránsito de aquellos pocos que no se sienten atraídos por las pequeñas pantallas que emiten videoclips y películas. Duele pensar que la mayor parte de esos caminantes están congregados alrededor de una actividad ilegal: la venta de filmes y de música pirateada. Aunque parezca una ironía, es probable que muchos de ellos sean padres que a diario se esfuerzan por educar a sus hijos, pero que no dudan en regalarles uno o varios de estos DVD. Es posible también que otros sean ciudadanos que jamás se llevarán un producto de un comercio sin pagarlo, pero que no sienten cargo de conciencia al adquirir un CD con música que, al fin y al cabo, es robada. Quienes se dedican a esta actividad forman parte de un circuito muy aceitado: los vendedores que se instalan en la calle cuentan con reproductores de imágenes y de audio, con pantallas y con generadores que les proveen electricidad. Los mayoristas recorren la peatonal cargados con grandes bolsos y reponen la mercadería que se va agotando. Si alrededor de las 21 nos detenemos algunos minutos en la esquina de Muñecas y San Martín se advierte la tranquilidad con la que descargan de autos y de taxis los parlantes con los que atronarán la noche de la peatonal ¿Es que acaso somos ciegos y sordos como para no escandalizarnos con la prepotencia de la ilegalidad? Lo más preocupante de esta situación es que no ocurre en algún barrio alejado del centro, donde los controles suelen ser escasos, sino a menos de 100 metros de la Casa de Gobierno.

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