E l intendente Antonio Lázaro Alvarez es el blanco de los interrogantes de la ciudadanía. Si los resultados de las elecciones fueron sorprendentes para los opositores al oficialismo y para la gente independiente, mucho más lo fue el hecho de que Alvarez saliera electo legislador. La primera pregunta es cómo lo logró. Si es el responsable de esta ciudad que lleva meses de caos, ¿quién lo votó? Y además de su familia y sus amigos, ¿quién lo quiere tanto como para darle 3.000 votos, si no goza de la simpatía de los que transitan a diario por la ciudad; de los empleados de paro; de los concejales ni del Poder Ejecutivo provincial?
El dice que lo aprecian los vecinos que recibieron las obras que inauguró con invitación personal y sin anuncios previos mientras la administración estaba parada: alumbrado público y cordón cuneta en determinados barrios. También lo apoyan algunos sindicalistas -los liderados por Modesto Suárez- que fueron a hacer un escándalo anteanoche en el Concejo Deliberante, y que son los supuestamente beneficiados por las recategorizaciones que él mismo reconoció y por las que ha sido acusado por los ediles, que hablan de numerosos nombramientos.
Pero ese tibio apoyo no alcanza para explicar el singular fenómeno electoral del intendente de una ciudad en llamas, que se da el gusto de enfrentar a los concejales y de ponerse en contra del Gobierno provincial por no haberle dado más apoyo que los 2,1 millones de pesos mensuales que le gira.
Se ganó la antipatía del primer mandatario, del secretario general de la Gobernación, del director de Transporte y del gobernador electo. Al intendente se le están yendo los funcionarios -el ex fiscal Juan Carlos Peral dijo que no conseguía comunicarse con él ni con ningún alto funcionario- y mientras prepara las respuestas para el extenso cuestionario que le harán pasado mañana los concejales por las supuestas irregularidades de su gestión, el Concejo y el Gobierno provincial ya negocian cómo lo destituirán y lo reemplazarán -posiblemente- por la edil Marta de Ezcurra.
Incluso se analiza su futuro político porque, si prosperaran causas penales en su contra, podría incluso serle negado el acuerdo para asumir como legislador. Entre los cargos que le hacen los concejales se encuentra la apertura de una cuenta en la Caja Popular de Ahorros para depósitos municipales y extracción de fondos sin control, y la falta de remisión de rendiciones presupuestarias, o la sospechosa rescisión anticipada -en un mes- del convenio por las grúas y por la compra directa de los camiones (en violación a la ordenanza de contabilidad).
Antonio Lázaro no está muerto como el personaje bíblico. Tras haber desaparecido durante mucho tiempo mientras la Municipalidad ardía, se levantó y desparramó rayos no sólo contra el Gobierno sino contra los 14 concejales que lo quieren destituir. Dice que buscan solucionar su problema económico hasta octubre (ya que a los ediles, como a los empleados profesionales, se les debe tres meses de sueldo), y sólo rescató a los únicos que -como él- salieron frescos en las elecciones: José Costanzo y Jorge Mendía. Estos tuvieron una actitud ambigua: mientras lo apoyaban frente a los sindicalistas enfurecidos, firmaban por aparte una nota pidiéndole la renuncia.
Y es cierto: prácticamente todos los concejales eran candidatos en estas confusas elecciones. De lo cual se vuelve a la pregunta: ¿quién votó por Alvarez y por los dos concejales que lo apoyaron? El mismo termina reconociendo que usó el aparato municipal para su candidatura. ¿Ese fue el proyecto personal que tuvo desde el comienzo, cuando fue elegido por el Concejo para reemplazar al incendiado Raúl Topa?El lunes habrá una respuesta para estas preguntas, cuando se sepa si Lázaro resucita o perece en la batalla.
05 Julio 2003 Seguir en 
Por Roberto Delgado







