La perniciosa y crónica quema de cañaverales

30 Julio 2011
Hay sociedades que intentan solucionar sus problemas. Recurren generalmente a las leyes, cuyo espíritu busca el bien común de todos o, por lo menos, de la mayoría. Se necesita de autoridades que las hagan cumplir y de los ciudadanos que las cumplan, para que el objetivo se concrete. Cuando esto no sucede, se cae en un estado de anomia, palabra que define al conjunto de situaciones que derivan de la carencia de normas sociales o de su degradación. Y si esta situación se prolonga en el tiempo y sin que se produzcan cambios ni soluciones de fondo, los problemas ingresan a la categoría de crónicos.

Todos los años, a mediados de julio hasta que concluye la zafra, el cielo, los ojos, los pulmones, la ropa de toda la provincia se barnizan con hollín. La quema de cañaverales que se realiza impunemente en Tucumán desde hace décadas, deja a menudo sin luz a los comprovincianos y a aquellos argentinos conectados a las líneas de alta tensión del NOA. El 22 de julio pasado, a las 16, la línea de extra alta tensión que une Recreo (Catamarca) con la central termoeléctrica de El Bracho (Tucumán) resultó afectada por el fuego de un cañaveral, y dejó durante 20 minutos sin energía eléctrica a 85.000 tucumanos, sobre un total de 400.000 que reciben el servicio que brinda EDET, según informó el jefe de Relaciones Institucionales de esa distribuidora. El 11 de julio, entre las 21.30 y las 22, se había producido la caída de la misma línea que resultó afectada el 22, también por efecto de una quema de caña significativa. La quemazón se efectuó a diez kilómetros al sur de la central termoeléctrica. Quedaron sin luz hogares de los barrios Norte y Sur de la capital, de Banda del Río Salí, de Alderetes, de Tafí Viejo, de Acheral y de Concepción. No obstante, el directivo confía en que la tarea de la Policía con las autoridades de Medio Ambiente y los azucareros contribuyan a disminuir esta práctica deleznable.

Tal vez no tengan la misma creencia los bomberos voluntarios de Lules que en las últimas 72 horas, debieron apagar más de 10 focos en las cercanías de San Pablo; uno de ellos estuvo a punto de afectar a una estación transformadora y a cables de alta tensión, a dos kilómetros de la empresa Papel del Tucumán. El jefe de ese destacamento informó que desde el inicio de la zafra -en la segunda quincena de junio- debieron intervenir en 40 incendios. Los cañaverales y pastizales que ardieron el jueves se ubicaron en San Pablo y en Los Aguirre, sobre la ruta 157, en cercanías de la comuna de García Fernández, al suroeste de esta capital. En uno de ellos, de tres hectáreas, estuvieron en riesgo numerosas viviendas y un campamento de la Dirección Provincial de Vialidad.

El artículo 38 de la ley 6.253 prohíbe la quema de cañaverales como método auxiliar de la cosecha. En enero de 2007, fue reemplazada por la ley 7.459, por la cual los ingenios no pueden recibir caña quemada; en septiembre de 2009, se sancionó una norma que prescribe que quienes fuesen hallados in fraganti quemando caña de azúcar en pie, quedarían detenidos. En casi cinco años no se conocieron responsables de las quemas y en consecuencia, no hubo sancionados. La realidad demuestra que los "quemadores" -que suelen echarle la culpa a la madre naturaleza- se burlan de las leyes, de la ciudadanía y del Gobierno. ¿Se animará alguien algún día a ponerle el cascabel al gato?

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