Claudio María Domínguez parece disfrutar de este momento de éxito, pero no se le escapa ningún gesto de divismo. Los teatros llenos en Salta y en Tucumán hablan de una búsqueda generalizada de aquello que no encontrás en la profesión, empleo o negocio, aunque tengás éxito, y a veces ni en la familia, por muy bien que te vaya. Y este periodista-escritor-conductor-difusor ha logrado construir una respuesta adecuada. ¿Es un chanta? ¿Se mueve por interés económico? Si pensás que lo viene haciendo desde hace 17 años sin ganar demasiado, no parecería que lo motorice el dinero, aunque lo esté disfrutando. Si leés sus columnas y escuchás sus charlas, te das cuenta de que el hombre tiene mucha lectura encima. No de cualquier literatura, sino la de los grandes maestros espirituales, los que menciona (Sai Baba, Krishnamurti, Teresa de Calcuta) y seguramente muchos más. Lo que no se percibe en Claudio es que haya experimentado el contacto con lo profundo de su ser espiritual. Habla demasiado rápido, repite lo dicho hasta el cansancio en anteriores entrevistas, si una pregunta lo saca de "libreto" la responde al vuelo. En síntesis, no profundiza ni reflexiona. Su mensaje suena bien. Pero ni transmite hondura ni convoca al compromiso de transformar la vida.
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