La próxima batalla es el 14 de agosto. Y no es contra un rival opositor. Es contra la propia estructura. El poder de movilización de José Alperovich está en estudio. Y el Gobierno nacional quiere aprobar esa materia de fidelidad hacia Cristina Fernández. La Presidenta ya le marcó la cancha el 9 de julio pasado: la verdadera elección son las primarias de agosto, porque en ella se sabrá quién juega realmente para la Casa Rosada. El 28 de agosto es un mero trámite. Así, al menos, lo entienden los que ocupan un cargo en el gabinete del gobernador de la provincia.
Tanta es la seguridad que hay acerca del resultado de las elecciones provinciales que el propio Alperovich pidió, por anticipado, a varios de sus ministros que definan acciones. Claro está, a los que tienen más certeza de continuidad durante el tercer mandato del gobernador que va por todo. Alperovich está en período de cosecha. Los turnos electorales de Santa Fe y -probablemente- de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires han encendido las luces de alerta para un kirchnerismo que apuesta a Buenos Aires y a los aliados con gran caudal de votos. Tucumán es uno de ellos. El más próximo junto con Córdoba, que también va a las urnas en agosto. El oficialismo provincial pretende regalarle en octubre a la Presidenta unos 500.000 sufragios. Y en ese guarismo están confiados en la Rosada.
Sin embargo, el asistencialismo kirchnerista ha sido retaceado durante la primera mitad del año. Las provincias, aliadas o no alineadas con el Gobierno nacional, pagaron por igual el discrecional castigo por el reparto de fondos. El Ejecutivo hizo caja para poner todas las fichas en Buenos Aires, con subsidios metropolitanos para transporte y servicios energéticos, en desmedro de las jurisdicciones del interior. El Fondo Soja, que todo lo disimula, ha sido el sustento que apuntaló las obras públicas de baja y mediana envergadura.
Pese a este contexto, a la gestión Alperovich no le fue tan mal durante la primera mitad del año. Está próxima a presentar una ampliación presupuestaria cercana a los $ 1.500 millones, debido al excedente de ingresos por coparticipación y por la recaudación de la Dirección General de Rentas. Así, el Gobierno manejará al año casi $ 12.000 millones, una cifra que representa la mitad del Producto Bruto Geográfico (PBG) tucumano. Demasiada dependencia estatal para una economía que se apuntala con el consumo.
El Presupuesto 2012 puede superar los $ 14.000 millones. El gasto anual subiría a casi $ 10.000 por habitante. Y el gran interrogante es establecer cuáles serán las prioridades para los próximos cuatro años de mandato (con o sin Alperovich sentado en el despacho del primer piso de la Casa de Gobierno). Eso es lo que quiere saber el mandatario, quien dio instrucciones a algunos de sus ministros para que presentan sus programas de Gobierno cuatrienal, previo al envío del proyecto de Presupuesto a la Legislatura, en octubre próximo. Habrá cambios en el gabinete, pero serán pocos, señalan los oficialistas. Alperovich sigue pensando que el recambio de piezas -si lo hay- debe ser con hombres y mujeres de la estructura que lo acompaña desde hace ocho años.
Por el lado de las acciones, hay un elemento innegociable para el gobernador: conservar la pauta de ahorro del 15% de presupuesto, una suerte de fondo anticíclico que muy pocos saben dónde está guardado o invertido. Por de pronto, la prioridad para el corto plazo es que vuelva la paz en los hospitales, por la salud de la gestión; que haya más presencia policial en la calle; que los jubilados abandonen las movilizaciones en la plaza (con un reconocimiento a sus reclamos) y que no falte energía en los próximos años, algo que mantuvo en vilo a toda la industria tucumana.
Tanta es la seguridad que hay acerca del resultado de las elecciones provinciales que el propio Alperovich pidió, por anticipado, a varios de sus ministros que definan acciones. Claro está, a los que tienen más certeza de continuidad durante el tercer mandato del gobernador que va por todo. Alperovich está en período de cosecha. Los turnos electorales de Santa Fe y -probablemente- de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires han encendido las luces de alerta para un kirchnerismo que apuesta a Buenos Aires y a los aliados con gran caudal de votos. Tucumán es uno de ellos. El más próximo junto con Córdoba, que también va a las urnas en agosto. El oficialismo provincial pretende regalarle en octubre a la Presidenta unos 500.000 sufragios. Y en ese guarismo están confiados en la Rosada.
Sin embargo, el asistencialismo kirchnerista ha sido retaceado durante la primera mitad del año. Las provincias, aliadas o no alineadas con el Gobierno nacional, pagaron por igual el discrecional castigo por el reparto de fondos. El Ejecutivo hizo caja para poner todas las fichas en Buenos Aires, con subsidios metropolitanos para transporte y servicios energéticos, en desmedro de las jurisdicciones del interior. El Fondo Soja, que todo lo disimula, ha sido el sustento que apuntaló las obras públicas de baja y mediana envergadura.
Pese a este contexto, a la gestión Alperovich no le fue tan mal durante la primera mitad del año. Está próxima a presentar una ampliación presupuestaria cercana a los $ 1.500 millones, debido al excedente de ingresos por coparticipación y por la recaudación de la Dirección General de Rentas. Así, el Gobierno manejará al año casi $ 12.000 millones, una cifra que representa la mitad del Producto Bruto Geográfico (PBG) tucumano. Demasiada dependencia estatal para una economía que se apuntala con el consumo.
El Presupuesto 2012 puede superar los $ 14.000 millones. El gasto anual subiría a casi $ 10.000 por habitante. Y el gran interrogante es establecer cuáles serán las prioridades para los próximos cuatro años de mandato (con o sin Alperovich sentado en el despacho del primer piso de la Casa de Gobierno). Eso es lo que quiere saber el mandatario, quien dio instrucciones a algunos de sus ministros para que presentan sus programas de Gobierno cuatrienal, previo al envío del proyecto de Presupuesto a la Legislatura, en octubre próximo. Habrá cambios en el gabinete, pero serán pocos, señalan los oficialistas. Alperovich sigue pensando que el recambio de piezas -si lo hay- debe ser con hombres y mujeres de la estructura que lo acompaña desde hace ocho años.
Por el lado de las acciones, hay un elemento innegociable para el gobernador: conservar la pauta de ahorro del 15% de presupuesto, una suerte de fondo anticíclico que muy pocos saben dónde está guardado o invertido. Por de pronto, la prioridad para el corto plazo es que vuelva la paz en los hospitales, por la salud de la gestión; que haya más presencia policial en la calle; que los jubilados abandonen las movilizaciones en la plaza (con un reconocimiento a sus reclamos) y que no falte energía en los próximos años, algo que mantuvo en vilo a toda la industria tucumana.







