Una invitación a seguir de largo

Por Redacción LA GACETA 25 Julio 2011
Da algo de vergüenza el simple hecho de imaginarlo. Seguramente, muchos de los turistas que hoy recorren el Paseo de la Independencia y que hacen cola para ingresar a la Casa Histórica se llevarán un oscuro souvenir de su visita a Tucumán: el paisaje con el que los recibió la ciudad. Porque el estado en el que se encuentran la autopista de Circunvalación y su entorno es una triste manera de darle la bienvenida a quien eligió pasar sus vacaciones en la provincia.

Entre la zona del Mercofrut y el acceso Norte, esta enorme vía de cuatro carriles parece un rosario de desgracias. Durante el verano, los enormes yuyales -alimentados por la lluvia y por la desidia de quienes debían mantener el entorno en buen estado- reducían la visión. Ahora ocurre lo contrario: al haber poco pasto, los kilómetros de basurales quedan más a la vista que nunca. Y en cualquier momento del día es posible observar a carreros y a automovilistas en el momento en que arrojan residuos en las banquinas y en el espacio entre las dos trochas.

Los baches obligan a reducir la velocidad. Parece una ironía, pero gracias a esto el conductor corre menos riesgos de terminar arrollando a los animales y a las personas que cruzan indiferentes el camino. Si a todo esto se le suma que la señalización no es la mejor y que casi no hay controles, más que una bienvenida este paisaje parece una invitación a seguir de largo.

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