24 Julio 2011 Seguir en 
Flaca, de dientes grandes y separados, zaparrastrosa, desalineada... todo lo contrario a las pop y a las rockstars de nuestro tiempo. Pero con tanta onda que todos aceptaron su inimputabilidad desde el principio. Murió Amy Winehouse. ¿Es realmente una sorpresa?
Venía de una casa humilde de los suburbios de Southgate, al norte de Londres, donde escuchaba a su padre Mitchel (taxista) entonar canciones del gran Frank. La nena aprendió rápidamente el hábito y en la escuela no podían callarla. A los 14 la noche ya estaba dentro de su repertorio: tocaba la guitarra y cantaba sus propios temas en pequeños pubs. Un par de años más tarde firmó su primer contrato con la discográfica Island/Universal.
"Quiero ser muy famosa y cantar canciones que hagan olvidar a las personas su enfado por cinco minutos", había dicho en algún momento de 2003, en uno de sus numerosos rounds con la prensa. Es que la joven de 20 años ya los volvía locos por su excentricidad, por sus extravagantes adornos en el pelo y por la voz de contralto que lucía en su primer disco, lanzado ese año: "Frank". Hizo de su cuerpo un lienzo en el que se multiplicaron los tatuajes. Signos que más de una vez hablaron por ella.
Amy no tenía tiempo para perder y lo sabía; no disponía de 10 semanas para desperdiciar encerrada en rehabilitación. Lo dijo con todas las letras en la canción que la catapultó a la fama y quizás también a la tumba. Cantó "Rehab" y el mundo le otorgó todos los premios imaginables. El tema forma parte del segundo disco, el ultrapremiado "Back to black".
Ella batió récords cuando se convirtió en la mujer más premiada en una misma noche: se llevó en total cinco Grammys. Ese álbum, su obra maestra, surgió tras un bajón que casi la llevó a tocar fondo a fines en 2005. Y fue el último.
No hacía falta perseguirla para pintar de amarillo las páginas de los diarios. Cada vez que Amy aparecía en público era un escándalo por sí misma: por pasearse en corpiño por las calles y desnuda en los hoteles, por entrar y salir de las clínicas en sucesivos intentos por divorciarse de la heroína, el éxtasis, la cocaína, la ketamina y el alcohol. Se entiende entonces que los videos en los que aparecía con su ex marido Blake Fielder-Civil fumando marihuna en Noruega eran apenas un juego.
A la pequeña Amy le gustaban todas. Aún así, a ese cóctel de elixires del demonio le costó derribar su talento y su voz, con la que cantaba los días tirada en la cama llorando y las noches recordando que no tenía tiempo que perder.
"La policía fue llamada por el Servicio de Ambulancias de Londres a una dirección de Camden Square poco antes de 15.05 a raíz de informaciones sobre el hallazgo de una mujer muerta", explicó el comunicado oficial. Era Amy Winehouse, de 27 años, los mismos que tenían Hendrix, Janis, Jim Morrison, Brian Jones y Kurt Cobain cuando cortaron el cordon con el dolor que les infligía la vida.
No dejó cartas. No fue necesario, porque las principales pistas para entender semejante inmolación están en sus discos. Murió una femme fatal de sí misma. Que nadie hable de sorpresas y mucho menos de reproches. La vida de Amy Winehouse, su música y su muerte son estrofas de la misma canción.
Venía de una casa humilde de los suburbios de Southgate, al norte de Londres, donde escuchaba a su padre Mitchel (taxista) entonar canciones del gran Frank. La nena aprendió rápidamente el hábito y en la escuela no podían callarla. A los 14 la noche ya estaba dentro de su repertorio: tocaba la guitarra y cantaba sus propios temas en pequeños pubs. Un par de años más tarde firmó su primer contrato con la discográfica Island/Universal.
"Quiero ser muy famosa y cantar canciones que hagan olvidar a las personas su enfado por cinco minutos", había dicho en algún momento de 2003, en uno de sus numerosos rounds con la prensa. Es que la joven de 20 años ya los volvía locos por su excentricidad, por sus extravagantes adornos en el pelo y por la voz de contralto que lucía en su primer disco, lanzado ese año: "Frank". Hizo de su cuerpo un lienzo en el que se multiplicaron los tatuajes. Signos que más de una vez hablaron por ella.
Amy no tenía tiempo para perder y lo sabía; no disponía de 10 semanas para desperdiciar encerrada en rehabilitación. Lo dijo con todas las letras en la canción que la catapultó a la fama y quizás también a la tumba. Cantó "Rehab" y el mundo le otorgó todos los premios imaginables. El tema forma parte del segundo disco, el ultrapremiado "Back to black".
Ella batió récords cuando se convirtió en la mujer más premiada en una misma noche: se llevó en total cinco Grammys. Ese álbum, su obra maestra, surgió tras un bajón que casi la llevó a tocar fondo a fines en 2005. Y fue el último.
No hacía falta perseguirla para pintar de amarillo las páginas de los diarios. Cada vez que Amy aparecía en público era un escándalo por sí misma: por pasearse en corpiño por las calles y desnuda en los hoteles, por entrar y salir de las clínicas en sucesivos intentos por divorciarse de la heroína, el éxtasis, la cocaína, la ketamina y el alcohol. Se entiende entonces que los videos en los que aparecía con su ex marido Blake Fielder-Civil fumando marihuna en Noruega eran apenas un juego.
A la pequeña Amy le gustaban todas. Aún así, a ese cóctel de elixires del demonio le costó derribar su talento y su voz, con la que cantaba los días tirada en la cama llorando y las noches recordando que no tenía tiempo que perder.
"La policía fue llamada por el Servicio de Ambulancias de Londres a una dirección de Camden Square poco antes de 15.05 a raíz de informaciones sobre el hallazgo de una mujer muerta", explicó el comunicado oficial. Era Amy Winehouse, de 27 años, los mismos que tenían Hendrix, Janis, Jim Morrison, Brian Jones y Kurt Cobain cuando cortaron el cordon con el dolor que les infligía la vida.
No dejó cartas. No fue necesario, porque las principales pistas para entender semejante inmolación están en sus discos. Murió una femme fatal de sí misma. Que nadie hable de sorpresas y mucho menos de reproches. La vida de Amy Winehouse, su música y su muerte son estrofas de la misma canción.









