Amy nos dejó un cadáver bonito

23 Julio 2011
Vivió demasiado rápido, sin tiempo para disfrutar. Mucho menos para explotar su gran voz y su manera de interpretar el soul, el jazz o el R&B. La fama, la rebeldía y el vértigo de su ascenso llevaron a Amy Jade Winehouse a desarrollar una carrera de sólo ocho años, en la que no faltaron los premios Grammy, los discos, las giras y el reconocimiento mundial. Pero también el descontrol, los abusos y las frecuentes internaciones en instituciones psiquiátricas.
Al contrario de tantas otras que disputaron el cetro de la reina blanca del soul, ella se ubicó siempre en el costado marginal de la historia, aunque sin desprenderse de su pertenencia al mainstream. En septiembre hubiera cumplido 28 años. Su nombre queda desde hoy en la lista de artistas que salieron de gira demasiado jóvenes. La comparación con Janis Joplin, a pesar de la enorme distancia entre ellas, se acentúa con este dato estadístico de estrellas que se fueron este mundo dejando un cadáver bonito, como anunció James Dean en su profesía autocumplida.

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