"Ahí no murió una persona; morimos todos"
Damián Romano, el taxista que presenció el crimen de Elda Hovannes, quedó destrozado por el episodio, y dijo que no quiere salir de su casa. En diálogo con LA GACETA, el chofer recordó cómo trató de salvar a la vecina de barrio Kennedy. "La ejecutaron a sangre fría", dijo. En la cartera había $ 150 y documentos. Video
21 Julio 2011 Seguir en 
"Esa bala no era para mí", dice Damián Romano. En las retinas aún tiene grabadas la violencia del asaltante, la desesperación de Elda Ana Hovannes y la despiadada ejecución. No puede contener las lágrimas; su rostro transmite el pavor de quien ha visto la muerte en su faceta más tremenda. Él trató de salvar a la pasajera. Pero el arma del ladrón homicida lo anuló; sólo pudo regresar al taxi y observar. Nada más. "No sé qué voy a hacer. Quiero vender el auto, vender todo lo que tengo y encerrarme en mi casa. No quiero salir nunca más a la calle", asegura el joven.
El taxista aceptó contar el drama que vivió el martes, pero antes pidió que no se publicaran imágenes de su cara ni sus datos personales. "No quiero quedar expuesto, ¿entendés?", explica con preocupación.
Esa tarde, estaba estacionado en la esquina de Colombia y Viamonte cuando escuchó que la operadora de la empresa transmitía un pedido para calle Federico Helguera 2.046. En esa casa de barrio Ampliación Kennedy vivía Elda, de 54 años. "Ella era una cliente nuestra desde hace muchísimo tiempo; yo la conocía, porque en más de una oportunidad la llevé", narró Romano.
El taxista se detuvo ante el garaje y tocó la bocina. "Enseguida salió la señora", remarcó.
Estaba oscuro, pero en ese sector había algo de luz. El joven vio que Elda cerraba con esfuerzo el pesado portón de su vivienda. Cuando estaba poniendo la llave, de pronto, apareció el ladrón. "Era un tipo flaco y alto, que empezó a forcejear con ella", señaló.
Romano recordó los gritos desafiantes del delincuente y el pedido desesperado de su clienta. "Yo le dije: ?soltala, hijo de puta?", expresó. Pero el ladrón no se dio por aludido.
Entonces, decidió interceder. "Cuando la apartó del portón, yo me bajé del auto e intenté ayudarla. Hice un paso para adelante, pero el tipo levantó la mano derecha, me apuntó con la pistola e hizo el ademán de que iba a tirar", describió el joven. No tuvo otra opción que volver sobre sus pasos. "Me subí de nuevo al auto. Ahí, el tipo ya la arrastró a la vuelta, porque es una casa esquina del pasaje (Monserrat), y la tenía en el suelo", expresó.
Romano no se dio por vencido. "Lo quería encarar con el auto para subir a la vereda y chocarlo al tipo para que la soltara. No sé si la tenía sujetada de los pelos o de la cartera, porque ya estaba de espaldas. Entonces, se agachó y le dio un tiro a quemarropa", relató.
Azorado, el taxista vio que el delincuente pasaba corriendo y se perdía en la oscuridad. Más tarde, le contaron que un cómplice lo esperaba a la vuelta de la esquina. "Yo a la moto (en la que se fugaron) no la vi; pero un vecino sí, y le gritaba", expresó. Y añadió: "hice el ademán para salir a ver dónde se había ido el tipo, pero no lo encontré. En el piso había quedado la cartera de Elda. Allí dentro había sólo $ 150, un celular, algunos documentos y maquillaje.
"Yo empecé a hablar por radio para pedir una ambulancia y policías, porque le habían pegado un tiro a la pasajera", dijo.
Romano, en las calles, con frecuencia se topa con situaciones dramáticas. Pero ninguna como la del martes. "Yo vi que a la mujer la ejecutaron a sangre fría, y bueno... eso fue todo lo que pasó", repitió.
Ayer, el taxista no salió a trabajar. Sólo fue al médico, y luego se refugió en su casa. "Ahí no murió una persona; morimos todos, viejo", dijo, y no pudo seguir hablando.
El taxista aceptó contar el drama que vivió el martes, pero antes pidió que no se publicaran imágenes de su cara ni sus datos personales. "No quiero quedar expuesto, ¿entendés?", explica con preocupación.
Esa tarde, estaba estacionado en la esquina de Colombia y Viamonte cuando escuchó que la operadora de la empresa transmitía un pedido para calle Federico Helguera 2.046. En esa casa de barrio Ampliación Kennedy vivía Elda, de 54 años. "Ella era una cliente nuestra desde hace muchísimo tiempo; yo la conocía, porque en más de una oportunidad la llevé", narró Romano.
El taxista se detuvo ante el garaje y tocó la bocina. "Enseguida salió la señora", remarcó.
Estaba oscuro, pero en ese sector había algo de luz. El joven vio que Elda cerraba con esfuerzo el pesado portón de su vivienda. Cuando estaba poniendo la llave, de pronto, apareció el ladrón. "Era un tipo flaco y alto, que empezó a forcejear con ella", señaló.
Romano recordó los gritos desafiantes del delincuente y el pedido desesperado de su clienta. "Yo le dije: ?soltala, hijo de puta?", expresó. Pero el ladrón no se dio por aludido.
Entonces, decidió interceder. "Cuando la apartó del portón, yo me bajé del auto e intenté ayudarla. Hice un paso para adelante, pero el tipo levantó la mano derecha, me apuntó con la pistola e hizo el ademán de que iba a tirar", describió el joven. No tuvo otra opción que volver sobre sus pasos. "Me subí de nuevo al auto. Ahí, el tipo ya la arrastró a la vuelta, porque es una casa esquina del pasaje (Monserrat), y la tenía en el suelo", expresó.
Romano no se dio por vencido. "Lo quería encarar con el auto para subir a la vereda y chocarlo al tipo para que la soltara. No sé si la tenía sujetada de los pelos o de la cartera, porque ya estaba de espaldas. Entonces, se agachó y le dio un tiro a quemarropa", relató.
Azorado, el taxista vio que el delincuente pasaba corriendo y se perdía en la oscuridad. Más tarde, le contaron que un cómplice lo esperaba a la vuelta de la esquina. "Yo a la moto (en la que se fugaron) no la vi; pero un vecino sí, y le gritaba", expresó. Y añadió: "hice el ademán para salir a ver dónde se había ido el tipo, pero no lo encontré. En el piso había quedado la cartera de Elda. Allí dentro había sólo $ 150, un celular, algunos documentos y maquillaje.
"Yo empecé a hablar por radio para pedir una ambulancia y policías, porque le habían pegado un tiro a la pasajera", dijo.
Romano, en las calles, con frecuencia se topa con situaciones dramáticas. Pero ninguna como la del martes. "Yo vi que a la mujer la ejecutaron a sangre fría, y bueno... eso fue todo lo que pasó", repitió.
Ayer, el taxista no salió a trabajar. Sólo fue al médico, y luego se refugió en su casa. "Ahí no murió una persona; morimos todos, viejo", dijo, y no pudo seguir hablando.










