04 Julio 2003 Seguir en 
El miércoles, por disposición del Juzgado de Instrucción, personal de la Policía se incautó de más de 1.300 grabaciones ilegales de música en discos compactos, que se vendían en mesones callejeros. Resulta francamente positivo que se haya realizado un procedimiento de tal naturaleza, acerca de cuya necesidad insistimos varias veces en este comentario.
La lucha por el respeto de la propiedad intelectual y artística en la Argentina arranca al fin de la primera década del siglo XX, cuando se sancionó la ley inicial a ese respecto. De esa manera nos equiparamos a los países europeos, donde aquella conquista ya se había formalizado. Desde entonces, nuevas normas fueron perfeccionando un mecanismo destinado, en última instancia, a que nadie pueda comerciar con la creación ajena sin satisfacer a su autor el derecho que le corresponde.
La venta de grabaciones ilegales en la vía pública constituía un alarmante desafío a la ley. No podía tolerarse que siguiera impune una actividad de esa naturaleza, ya que inauguraba peligrosos precedentes. La decisión judicial ha colocado las cosas en el terreno adecuado.
La lucha por el respeto de la propiedad intelectual y artística en la Argentina arranca al fin de la primera década del siglo XX, cuando se sancionó la ley inicial a ese respecto. De esa manera nos equiparamos a los países europeos, donde aquella conquista ya se había formalizado. Desde entonces, nuevas normas fueron perfeccionando un mecanismo destinado, en última instancia, a que nadie pueda comerciar con la creación ajena sin satisfacer a su autor el derecho que le corresponde.
La venta de grabaciones ilegales en la vía pública constituía un alarmante desafío a la ley. No podía tolerarse que siguiera impune una actividad de esa naturaleza, ya que inauguraba peligrosos precedentes. La decisión judicial ha colocado las cosas en el terreno adecuado.







