03 Julio 2003 Seguir en 
Por Angel Anaya
BUENOS AIRES.- La decisión presidencial de proponer al jurista Eugenio Raúl Zaffaroni como juez de la Corte Suprema ha sido un hecho político excepcional en muchos años, durante los que esos nombramientos siempre estuvieron atados a los intereses del gobierno de turno. Si se lo observa desde un punto de vista más sutil, podría afirmarse que esos intereses, en el caso de Néstor Kirchner, demandan poner fin a la tradicional corruptela, a cambio de respuestas satisfactorias de la sociedad. Otra cuestión diferente es el pensamiento ?garantista? del nominado, que él mismo ha señalado como problema que ciertos sectores conservadores habrán de plantear. Zaffaroni se ha definido como un penalista liberal cuyo pensamiento se afirma en la Constitución y fue coautor distinguido del Código de Convivencia porteño que, en su momento, provocó debates encendidos por dicha orientación. También -se señala ahora- criticó severamente a Kirchner cuando, hace cinco años, reformó la justicia santacruceña, cuya Corte tuvo su propia mayoría automática. Desde una visión política, el perfil del candidato, que debe considerar el Senado tras una revisión pública de sus condiciones, acelera el juicio político de Eduardo Moliné O´Connor, sucesor provisorio de Julio Nazareno. Pluralismo
Zaffaroni es todo lo contrario de lo que comúnmente se entiende cómo mano dura cada vez que se debate sobre la criminalidad en el país. Por ello debe recordarse que fue autor del dos por uno, que redujo las penas, régimen que sigue defendiendo en el momento histórico menos propicio. Cierto es también que nadie se anima a negar su condición académica, observándose sus posicionamientos en el derecho penal como una cuestión de política jurídica que llevaría a la Corte aires ausentes en su jurisprudencia. Al no ser partidario de reducir el número de miembros del máximo tribunal, está afirmando implícitamente que su eventual presencia puede ser una señal de pluralismo no menos bienvenida que el fin de una justicia mucho o poco comprometida con los turnos políticos. Lo mismo hubo sorpresa por el hecho de que Kirchner no haya propuesto más de un candidato, interpretándose la decisión como expresión de firmeza sobre la calidad del elegido.
Si la pauta de Washington es suprimir la ayuda militar a los países que no aseguren la inmunidad de sus ciudadanos ante la Corte Penal Internacional, excluyendo al nuestro por ser aliado extra OTAN, esa excepción durará poco. Al menos, el Presidente ha dejado ver en su entorno que no se puede fraccionar el resuelto apoyo que en su momento dio la Argentina a la CPI, transando inmunidades por una ayuda militar en equipos que "es significativa pero no imprescindible". Lo mismo piensa el canciller Rafael Bielsa, a pesar de que la política con Estados Unidos está dejando de ser en su gestión el viejo reto del llamado progresismo nacional, después de observase al brasileño Lula como líder hemisférico de Washington. (De nuestra Sucursal)
BUENOS AIRES.- La decisión presidencial de proponer al jurista Eugenio Raúl Zaffaroni como juez de la Corte Suprema ha sido un hecho político excepcional en muchos años, durante los que esos nombramientos siempre estuvieron atados a los intereses del gobierno de turno. Si se lo observa desde un punto de vista más sutil, podría afirmarse que esos intereses, en el caso de Néstor Kirchner, demandan poner fin a la tradicional corruptela, a cambio de respuestas satisfactorias de la sociedad. Otra cuestión diferente es el pensamiento ?garantista? del nominado, que él mismo ha señalado como problema que ciertos sectores conservadores habrán de plantear. Zaffaroni se ha definido como un penalista liberal cuyo pensamiento se afirma en la Constitución y fue coautor distinguido del Código de Convivencia porteño que, en su momento, provocó debates encendidos por dicha orientación. También -se señala ahora- criticó severamente a Kirchner cuando, hace cinco años, reformó la justicia santacruceña, cuya Corte tuvo su propia mayoría automática. Desde una visión política, el perfil del candidato, que debe considerar el Senado tras una revisión pública de sus condiciones, acelera el juicio político de Eduardo Moliné O´Connor, sucesor provisorio de Julio Nazareno. Pluralismo
Zaffaroni es todo lo contrario de lo que comúnmente se entiende cómo mano dura cada vez que se debate sobre la criminalidad en el país. Por ello debe recordarse que fue autor del dos por uno, que redujo las penas, régimen que sigue defendiendo en el momento histórico menos propicio. Cierto es también que nadie se anima a negar su condición académica, observándose sus posicionamientos en el derecho penal como una cuestión de política jurídica que llevaría a la Corte aires ausentes en su jurisprudencia. Al no ser partidario de reducir el número de miembros del máximo tribunal, está afirmando implícitamente que su eventual presencia puede ser una señal de pluralismo no menos bienvenida que el fin de una justicia mucho o poco comprometida con los turnos políticos. Lo mismo hubo sorpresa por el hecho de que Kirchner no haya propuesto más de un candidato, interpretándose la decisión como expresión de firmeza sobre la calidad del elegido.
Si la pauta de Washington es suprimir la ayuda militar a los países que no aseguren la inmunidad de sus ciudadanos ante la Corte Penal Internacional, excluyendo al nuestro por ser aliado extra OTAN, esa excepción durará poco. Al menos, el Presidente ha dejado ver en su entorno que no se puede fraccionar el resuelto apoyo que en su momento dio la Argentina a la CPI, transando inmunidades por una ayuda militar en equipos que "es significativa pero no imprescindible". Lo mismo piensa el canciller Rafael Bielsa, a pesar de que la política con Estados Unidos está dejando de ser en su gestión el viejo reto del llamado progresismo nacional, después de observase al brasileño Lula como líder hemisférico de Washington. (De nuestra Sucursal)







