03 Julio 2003 Seguir en 
No hace mucho tiempo, advertimos en un comentario sobre los riesgos que se derivaban de la utilización de bombas de estruendo en las manifestaciones callejeras, a propósito del accidente que costó la pérdida de varios dedos de la mano a un menor. Consignamos entonces que generalmente se olvidaba que tales elementos son, en última instancia, poderosos explosivos, y por lo tanto susceptibles de causar daños considerables a las personas y a las cosas.
Lo que acaba de suceder en Rosario viene a darnos lamentablemente la razón. Como lo hemos informado, el Museo de Ciencias Naturales y la Facultad de Derecho terminaron incendiados a causa de las bombas de estruendo arrojadas por una manifestación gremial que pasaba frente al edificio. Es decir que los referidos explosivos han venido a suscitar un irreparable daño al patrimonio cultural de esa ciudad santafesina.
El hecho no necesita demasiados comentarios, salvo el obvio. Debiera proscribirse absolutamente, en las manifestaciones de protesta, la utilización de esos vehículos de incendio y de destrucción.
Lo que acaba de suceder en Rosario viene a darnos lamentablemente la razón. Como lo hemos informado, el Museo de Ciencias Naturales y la Facultad de Derecho terminaron incendiados a causa de las bombas de estruendo arrojadas por una manifestación gremial que pasaba frente al edificio. Es decir que los referidos explosivos han venido a suscitar un irreparable daño al patrimonio cultural de esa ciudad santafesina.
El hecho no necesita demasiados comentarios, salvo el obvio. Debiera proscribirse absolutamente, en las manifestaciones de protesta, la utilización de esos vehículos de incendio y de destrucción.







