El jefe natural

Alperovich y el mirandismo se disputarán el poder.

02 Julio 2003
Por Juan Manuel Asis

Al mirar lo que obtuvo el oficialismo (276.000 votos -según proyecciones-, 25 legisladores, 14 intendentes -con la posibilidad de que se sumen los de la capital, Tafí Viejo y Graneros- y 60 comisionados rurales), cabe reflexionar sobre el poder que tendrá el próximo gobierno, y preguntar en manos de quién se concentrará.
De buenas a primeras se puede caer en la tentación simplista de decir que José Alperovich absorberá todo ese poder. Sin embargo, hay que hilar fino y bucear un poco en los nombres, las historias y las lealtades de los electos. Si se observa la integración del probable bloque oficialista (en el PE dicen que pueden ser 26 los del Frente Fundacional y que podría sumarse a otro electo -¿Pedro Stordeur?-), se descubrirá que la mayoría es de pura cepa peronista y está abonada al mirandismo. Otro tanto ocurre con los jefes municipales.
Entonces, cabe preguntar si Julio Miranda liderará una fuerza que sirva de contrapeso político-institucional a Alperovich o bien si bendecirá a alguien de su confianza para que cumpla ese papel. Si el mirandismo mantiene su vocación de poder, el futuro gobernador se verá acotado. La verdad se sabrá en poco tiempo más, cuando se renueven los cuadros del PJ. En ese aspecto mucho dirá el nombre del nuevo presidente partidario. El misterio de cómo será la relación entre Alperovich y Miranda después del 29 de octubre comenzará a develarse en la interna partidaria.
La segunda muestra se producirá cuando deba designarse al candidato a senador por el oficialismo. Si es Miranda -después de los números del domingo, nada es imposible para el ex senador-, se aclararán un poco más los términos de la sociedad política entre ambos.
Sugestivamente algunos funcionarios hablaron de que se plebiscitó la gestión de Miranda. Esto tiene otra lectura: están diciendo a los que saben oír que Miranda es más importante que Alperovich.
Otro elemento a considerar será la integración del futuro gabinete. Alperovich dijo que lo dará a conocer dos días antes de asumir. Es buena -y común- la excusa de que es preferible resguardar a los futuros ministros de un desgaste anticipado. Pero el discurso y la realidad transitan por veredas distintas en política. Sucede que la prudencia lo obliga a sopesar seriamente a quién dará cabida en el PE. Debe cuidarse de irritar al peronismo con nombres que no contengan a la dirigencia.
Su primer gesto tiene que estar dirigido al PJ, o por lo menos, al mirandismo que lo cobijó y que lo catapultó hacia la gobernación. En síntesis, está entrampado, ya que al mismo tiempo debe dar a la sociedad el mensaje de que él no es el continuismo, sino algo distinto. Conciliar las necesidades de la sociedad con los intereses políticos sectoriales será un trago amargo.
La composición del gabinete dirá algo sobre cómo se encauzará la relación Alperovich-Miranda en los próximos cuatro años. Además, en esto de desentrañar dónde radicará el verdadero poder, hay que recordar que el mirandismo lleva varios años construyéndose y que el alperovichismo recién nació.
Puede germinar y consolidarse a partir del 43% de los votos que obtuvo, cuestionados o no. El porcentaje habla por sí solo. Su gran drama es cómo encarar la relación con el peronismo mirandista. Puede pelear con la estructura del Estado para doblegarlo en el PJ -lo que lo enfrascaría en una lucha desgastante y sin perspectivas de resultado favorable para su gestión-, o bien asociarse a los que tienen su propio espacio de poder y que aún reconocen en Miranda a su jefe natural.
Tantos números favorables, de buenas a primeras, en política pueden condicionar más que ayudar a una gestión; especialmente si se habla de peronistas, ya que, como lo reconocen, adoran el poder y son muy traviesos.

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