Primero fue el e-mail. A los ponchazos aprendimos lo que era el spam, el attach y a elucubrar contraseñas en apariencia seguras. Más tarde irrumpió el messenger con sus íconos gestuales y las camaritas. Estábamos contentos de poder "charlar" en tiempo real con amigos de todos lados. Entonces llegó el Facebook. Fotos y videos que etiquetamos y en las que somos etiquetados. Miles de personas que nos invitan a eventos a los que podemos darnos el lujo de decirles que no asistiremos con un solo click.
Hoy, el TT, el DM, el TL, el RT y no sé cuantos códigos más, nos reducen a un lenguaje de 140 caracteres, donde "seguimos", incluso, a nuestros ídolos. Twitter parecía apoderarse de nuestras vidas. Pero como éramos pocos y mi abuela aprendió lo que era el @, ahora apareció Google+. Y otra vez, como al inicio, somos ignorantes.







