Déjà vu sin segunda vuelta

Los discursos del 9 de Julio serán como un déjà vu para los tucumanos, aunque las imágenes que observarán no serán las mismas que las del año pasado. Tendrán la sensación de estar viviendo por segunda vez la misma situación cuando escuchen las palabras de algunos funcionarios. "A los ingenios no les faltará gas. No hay crisis energética", dijo el ministro de Planificación Federal, Julio de Vido, el Día de la Independencia de 2010. "Si hay un Gobierno que se ocupó de los trabajadores y de los jubilados fue este", esbozó el mismo día el ministro de Economía, Amado Boudou. "La oposición renunció a ser una alternativa", lanzó el ministro del Interior, Florencio Randazzo, en medio de las celebraciones patrias de aquel momento.

Casi un año después, sus palabras son similares y es esperable que las repitan el sábado, cuando vuelvan a pisar suelo tucumano, porque los problemas energéticos hoy persisten, al igual que el discurso económico y que los planteos oficiales hacia los opositores. No será un déjà vu, sino más de lo mismo.

Sin embargo, la película que verán los tucumanos será distinta a la de aquel 9 de Julio. Sus ojos percibirán imágenes de color gris-valla, esas que rodearán la Casa Histórica. También las de grupos preparados para meter bajo la alfombra la "suciedad" de los reclamos de distintos actores sociales y las de una celebración encerrada bajo la sensación de seguridad de un predio en el que no cualquiera podrá ingresar.

Será un festejo acotado, en el que se hará valer el derecho de admisión. A los tickets los emitirán los intendentes y los dirigentes territoriales. Y los movilizados sólo aplaudirán cuando líderes del aparato alperovichista les den la voz de aura.

Por eso no habrá segunda vuelta respecto de lo que se vivió el 9 de Julio de 2010. No estará la imagen de una Cristina feliz, que decidió quedarse más de la cuenta en la tribuna, ante una -realmente popular- audiencia que disfrutó de una fiesta con color y calor patrio.

Nueve años pasaron para que en 2010 se lograra recuperar el interés y el fervor social por el festejo independentista. Y 12 meses bastaron para regresar a los 9 de Julio separatistas, políticos y electorales.

Las vallas en la Casa Histórica, en la antesala de la semana patria, son testigos inanimados del fracaso de una gestión que no pudo conciliar con diálogo -o con política- un conflicto que involucra a empleados del sector sanitario, a gremios con funciones desdibujadas y a funcionarios tozudos. Porque, más allá de la intransigencia que puedan mostrar los médicos protestantes, les cabe a los que dirigen los destinos de la sociedad desde una posición global, de autoridad y de administración, dar todos los pasos hacia adelante que sean necesarios para buscar soluciones.

El alperovichismo llegará a este 9 de Julio con esa piedra en el zapato y con una cuenta pendiente cuyo no pago redundará en un festejo amurallado.

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