Si todos los hombres del mundo -dice Jorge Luis Borges-, los que ya han muerto y los que viven todavía, los de todas las épocas y también los del porvenir, volvieran de pronto a la infancia; vale decir, si el mundo fuera sólo un gran prodigio de niños, ¿qué añorarían? ¿Qué elegirían para divertirse? ¿Qué cosa buscarían afanosamente por todos los rincones de la Tierra?
Seguramente las vacaciones de invierno. Ese feliz período en el que el frío fomenta la diversión y los viajes en lugar de frenarlos. Y, por supuesto, los niños saben elegir, porque habitan el liviano presente y desconocen la gravedad del recuerdo. Para ellos, el receso invernal tiene un hechizo que no posee el descanso de verano. Por empezar, es una etapa sándwich: está a mitad de dos períodos arduos de trabajo y estudio. Y eso la hace mucho más especial. En segundo lugar, es de corto alcance, tiene poca duración. Por eso es mucho más apreciada ("lo bueno viene en frasco chico", dice un conocido refrán). Y, por último, a diferencia de lo que sucede en el verano, las vacaciones de invierno son más intimistas: suelen vivirse hacia adentro. En enero y febrero todo es calor, aire libre, playa, montañas, bosques y ríos. Julio, en cambio, tiene la dignidad del invierno; se vive en la sala de los cines, en los teatros, en los museos y en los clubes de barrio.
Así las cosas, es fácil comprender por qué el séptimo mes del año es clave para la agenda cultural tucumana. Las vacaciones no son sólo una excusa para la explosión de espectáculos, festivales y muestras que actualmente inunda las carteleras; en buena parte son también su razón de ser. Hoy, por ejemplo, se lanzará oficialmente el XIII Julio Cultural Universitario. Y, a pesar de los cambios (la programación fue presentada hace un mes, pero aún sigue siendo modificada), se espera que la fiesta colme las expectativas tanto de grandes y chicos por igual.
En muchas ocasiones, los espectáculos que buscan llegar a los más chicos suelen subestimar la inteligencia de los niños y terminan naufragando en un mar de contradicciones. Pero la gran mayoría de las obras programadas este año apuntan a despertar en los niños una suerte de fervor adormecido, un fanatismo por el teatro que permanece oculto hasta que llegan las vacaciones. Lo mismo puede decirse del cine que, por estos días, despliega su artillería de estrenos fabricados a la medida de los que no alcanzaron la adolescencia. El caso más emblemático es la llegada del final de la saga Harry Potter, evento para el cual LA GACETA tiene prevista una avant premier que ya está generando expectativa entre los fans.
Pero no sólo de teatro y de cine viven los niños en vacaciones. También existen otras alternativas, como las salas de lectura, las bibliotecas públicas, las plazas y los museos. Y es allí donde las autoridades también apuntaron su artillería este año. A través de talleres, cursos y recitales, las plazas dejaron de ser lugares poco hospitalarios para los niños. Hoy es posible jugar, bailar, correr y hasta disfrutar de una obra de teatro en sitios donde antes sólo habitaban toboganes descascarados y bancos desteñidos. Este desborde de la cultura en pleno invierno es la verdadera magia de julio. Sólo resta que las autoridades trabajen en forma coordinada y dejen de lado, de una vez por todas, la improvisación, tan característica en nuestra provincia. Porque, a las actividades propuestas por la UNT se le superpondrá este mes una rica agenda elaborada por el Ente Cultural de la Provincia. Un ejemplo claro es lo que sucederá con las orquestas. Hoy la Sinfónica de la UNT presentará en el Alberdi un concierto dedicado a Tchaikovsky... Y, el domingo, la Orquesta Estable hará otro ¡también dedicado al compositor ruso!
Seguramente las vacaciones de invierno. Ese feliz período en el que el frío fomenta la diversión y los viajes en lugar de frenarlos. Y, por supuesto, los niños saben elegir, porque habitan el liviano presente y desconocen la gravedad del recuerdo. Para ellos, el receso invernal tiene un hechizo que no posee el descanso de verano. Por empezar, es una etapa sándwich: está a mitad de dos períodos arduos de trabajo y estudio. Y eso la hace mucho más especial. En segundo lugar, es de corto alcance, tiene poca duración. Por eso es mucho más apreciada ("lo bueno viene en frasco chico", dice un conocido refrán). Y, por último, a diferencia de lo que sucede en el verano, las vacaciones de invierno son más intimistas: suelen vivirse hacia adentro. En enero y febrero todo es calor, aire libre, playa, montañas, bosques y ríos. Julio, en cambio, tiene la dignidad del invierno; se vive en la sala de los cines, en los teatros, en los museos y en los clubes de barrio.
Así las cosas, es fácil comprender por qué el séptimo mes del año es clave para la agenda cultural tucumana. Las vacaciones no son sólo una excusa para la explosión de espectáculos, festivales y muestras que actualmente inunda las carteleras; en buena parte son también su razón de ser. Hoy, por ejemplo, se lanzará oficialmente el XIII Julio Cultural Universitario. Y, a pesar de los cambios (la programación fue presentada hace un mes, pero aún sigue siendo modificada), se espera que la fiesta colme las expectativas tanto de grandes y chicos por igual.
En muchas ocasiones, los espectáculos que buscan llegar a los más chicos suelen subestimar la inteligencia de los niños y terminan naufragando en un mar de contradicciones. Pero la gran mayoría de las obras programadas este año apuntan a despertar en los niños una suerte de fervor adormecido, un fanatismo por el teatro que permanece oculto hasta que llegan las vacaciones. Lo mismo puede decirse del cine que, por estos días, despliega su artillería de estrenos fabricados a la medida de los que no alcanzaron la adolescencia. El caso más emblemático es la llegada del final de la saga Harry Potter, evento para el cual LA GACETA tiene prevista una avant premier que ya está generando expectativa entre los fans.
Pero no sólo de teatro y de cine viven los niños en vacaciones. También existen otras alternativas, como las salas de lectura, las bibliotecas públicas, las plazas y los museos. Y es allí donde las autoridades también apuntaron su artillería este año. A través de talleres, cursos y recitales, las plazas dejaron de ser lugares poco hospitalarios para los niños. Hoy es posible jugar, bailar, correr y hasta disfrutar de una obra de teatro en sitios donde antes sólo habitaban toboganes descascarados y bancos desteñidos. Este desborde de la cultura en pleno invierno es la verdadera magia de julio. Sólo resta que las autoridades trabajen en forma coordinada y dejen de lado, de una vez por todas, la improvisación, tan característica en nuestra provincia. Porque, a las actividades propuestas por la UNT se le superpondrá este mes una rica agenda elaborada por el Ente Cultural de la Provincia. Un ejemplo claro es lo que sucederá con las orquestas. Hoy la Sinfónica de la UNT presentará en el Alberdi un concierto dedicado a Tchaikovsky... Y, el domingo, la Orquesta Estable hará otro ¡también dedicado al compositor ruso!







