¿El fin? de las citas a ciegas

Por Julio Marengo 01 Julio 2011
Escuché su voz en el teléfono y empezó el ratoneo: su altura, su cuerpo, su pelo, su mirada profunda, con una copa en la mano, el codo en la mesa y la sonrisa de Lucifer. Pasó en poco tiempo, en lo que dura una charla para hacer un par de consultas. Pero la imagen, el ideal, se dio mañas para armarse en mi cabeza. Hasta que entré en Facebook y sobrevino la catástrofe. Es que el "caralibro" tiene la tijera lista para cortarle la venda a la vieja y bien ponderada "cita a ciegas", una forma de conocer gente (sí, de levante) que se potenció y se expandió, precisamente, con internet. Eran tiempos del mIRC, del chat sin imágenes, de charlas y presumidas eternas con las letras de la pantalla, sin tener idea de quién estaba del otro lado si no era por lo que él o ella nos decía. Pero también eran tiempos del "tengo una amiga para presentarte... no sabés lo que está", y que casi nunca era tanto. Ahora es casi un acto reflejo: apenas mencionan un nombre, nos hacen una propuesta (o tenemos ganas de hacerla), o escuchamos una voz por el teléfono... sacamos un "Veraz" a través del Facebook, del Twitter, y ni qué hablar si tiene un blog. Y sabemos que el margen de error está, claramente, por una foto engañosa o porque ese nombre ¡no tenga Face! Pero que la foto que mata el ratón no termine una historia que ni siquiera empezó; porque en un encuentro face to face (sin mayúsculas) una palabra vale más que mil imágenes.

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