Aún es posible torcer el destino

El acto eleccionario fue un reflejo de la realidad que vive Tucumán.

30 Junio 2003
El alto porcentaje de votantes que tuvo la jornada comicial puso de relieve no sólo la participación de los ciudadanos, sino también la esperanza de cambiar el rumbo de una provincia agobiada por un alto endeudamiento, por la miseria, por la desocupación y por la corrupción; con un sistema de salud y de educación al borde del colapso. Pero también el acto eleccionario fue un reflejo de la realidad que vive Tucumán, cuya sociedad no ha podido hasta ahora desterrar las nefastas prácticas de una vieja dirigencia que se niega a morir. Si bien no hubo hechos de violencia significativos, las irregularidades volvieron a repetirse. Muchas de ellas, provocadas por la gran cantidad de sublemas que se presentaron a los comicios. Pero también se registraron anormalidades vinculadas a la picardía criolla que desnuda no sólo la intolerancia por el rival, sino también la descomposición del tejido social que padece nuestra comunidad.
Si bien hubo demora en habilitar mesas o votos testigo que nunca llegaron, la Junta Electoral detectó una gran cantidad de certificados ilegales para fiscales. En la escuela Griet, por ejemplo, se encontraron votos de sublemas rivales en el tacho de basura y en los baños, y se repartieron toneladas de mercaderías y de órdenes de compra en todo el sur de la provincia. La práctica de los votos cadena fue intensa y provocó un duro altercado en la mesa donde votó uno de los candidatos a la intendencia de San Miguel de Tucumán. Tuvo que intervenir el presidente de la Corte de Justicia, a su vez titular de la Junta Electoral provincial. Hubo casos de ciudadanos que fueron a sufragar y descubrieron con sorpresa que ya habían votado.La experiencia de la Ley de Lemas, aplicada en nuestra provincia desde 1991, ha demostrado una vez más su ineficacia porque contribuye a una atomización social poco razonable, si se tienen en cuenta los 1.800 sublemas que se presentaron en esta oportunidad. Hasta el momento fueron infructuosos los intentos por derogarla.
Pero esta reforma es apenas una de las aristas de los graves problemas que deberá resolver la próxima gestión de gobierno. La deuda de la Provincia supera los $ 3.000 millones, de los cuales se refinanciaron a 16 años $ 748 millones; es decir, un 24%. Habrá que abrir entonces nuevas negociaciones por el resto del pasivo no ingresado a la operación de canje nacional. Siempre y cuando el gasto público no prosiga incrementándose.
El municipio de Tucumán es una brasa candente. Se trata de una ciudad sin gobierno, con servicios ineficientes, que soporta una alta morosidad de los contribuyentes y arrastra el crónico problema de la basura y de los ambulantes. Su deuda aproximada es de $ 250 millones, a los cuales hay que agregarles más de 3 millones de déficit mensual. La Municipalidad le adeuda cuatro meses de sueldos a parte de su personal y más son los días de huelga que los de trabajo. El transporte público ilegal es otro de los flagelos no sólo del municipio, sino también de la provincia, que los gobernantes no han podido solucionar. Pero existen otros nudos gordianos a resolver, tales como la inseguridad, la falta de transparencia en los actos públicos, la lentitud de la Justicia, así como el diseño de un sistema educativo coherente, de un sistema de salud eficiente que garantice las necesidades básicas de la comunidad. Habrá que apelar a las mejores energías y a la inteligencia para generar políticas de empleo que tiendan a dignificar al elevado índice de comprovincianos sin trabajo y que han sido humillados por un asistencialismo denigrante.Una vez más, Tucumán tiene la ocasión de torcer un destino que lo ha convertido en una vergüenza nacional -y hasta internacional- en reiteradas ocasiones a lo largo de las últimas décadas. Está en los mismos tucumanos trasmutar la esperanza en una realidad de progreso constante.

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