Un mayor control estatal o controlar más al Estado

Para más oxigenación, es necesario aplicar un activo sistema de monitoreo social, sumando tanto a las ONG como a las empresas.

30 Junio 2003
BUENOS AIRES.- La nueva etapa augura también una nueva actitud del Estado, que avanza para controlar o vigilar de cerca todos los resortes de la actividad económica.
El primer mes del presidente Néstor Kirchner en el poder afirmó un nuevo estilo de liderazgo, que se apoya en componentes distintos de los que se estilaban en anteriores gestiones, las cuales dictaban un repliegue del sector público en todos los órdenes. Hoy, el consenso ideológico en los que mandan -es decir, en el propio Kirchner, en los ministros Roberto Lavagna y Julio de Vido y en todos quienes los rodean, tanto en los ministerios como los legisladores más importantes del Congreso- marca ensalzar las virtudes del Estado.
La postura firme respecto de Horst Köhler y Anne Krüger -que no comprometan esta reactivación mediante exigencias estrangulantes- no eliminó conflictos de fondo, pero suavizó broncas anteriores y posiblemente abra el camino para un acuerdo de tres años, que es más que lo se podía esperar. La onda estatizante da dividendos al corto plazo, aunque más adelante, a mediano y largo plazo, ello es dudoso.
El paquete impositivo que enviado al Congreso es una prueba palpable de esto, ya que aprieta hasta casi hacer saltar los mecanismos disponibles para la AFIP y para la Justicia penal tributaria, a fin de poner coto a la constante expansión de la evasión impositiva, ya sea efectuada por contribuyentes individuales o por asociaciones ilícitas. Y ahora habrá que ver si los organismos de fiscalización están a la altura de la responsabilidad que se les asigna.
Por de pronto, si la legislación propuesta prospera en el Congreso, como todo lo hace presumir, las cárceles se verán habitadas por residentes diferentes de los habituales en esos recintos. Pasará a haber abogados, contadores, ingenieros e empresarios en cantidad, lo cual no significa que todos los miembros de esos grupos incurran en esos delitos, pero hay la determinación de meter en prisión no excarcelable a quienes así lo hagan. También se pretende, en lo impositivo, controlar a las sociedades que se constituyen en paraísos fiscales y se financian con dinero que entra y sale de locaciones libres de impuestos a otras ahogadas por exceso de presión fiscal y de inspecciones.
Esta es una preocupación que aqueja también a EEUU, la Unión Europea y hasta a Japón, donde la experiencia demuestra que a medida que se aumentan los controles crecen las formas de burlarlos.

Limitan movimientos
Otra demostración de lo mismo son las trabas interpuestas al movimiento de capitales "golondrina" para que se queden por lo menos 180 días en el país y no bicicleteen con el dólar, los bonos y las acciones.
Chile, como se recuerda, a pesar de haber sido proclamado reiteradamente campeón del liberalismo económico, fue pionero en la interposición de barreras a los capitales de cortísimo plazo para que no destruyeran sus equilibrios macroeconómicos. Durante toda la década del 90 y hasta la crisis de finales de 2001, Argentina planteaba lo opuesto, es decir, ningún control ni cortapisa a esos movimientos, y ahora endereza el rumbo.
Sin que hayan transcurrido tres días, esta medida motivó la oposición del secretario del Tesoro de EEUU, John Snow, quien debe haber recibido las quejas de los capitalistas que movían los fondos hacia y desde la Argentina acostumbrados a sacar de este país altísimos dividendos. Máxime ahora, cuando la Reserva Federal acaba de poner la tasa básica de interés al 1% anual, tirando para abajo toda la estructura de tasas en los países ricos.

Lanzan créditos
También se manifiesta la "onda estatal" en lo financiero, con el deseo de poner al Banco Nación a la cabeza de quienes resucitan el movimiento del crédito durante tanto tiempo muerto en el país.
Lanzó préstamos al 18% anual, pero si se tiene en cuenta que la inflación esperada es mucho más baja, esas tasas son altísimas.Una tercera jugada en el mismo sentido son los planes de inversión en construcción y obras públicas que se van poniendo en marcha en distintas regiones, con el objeto de ocupar rápidamente mano de obra, conjurar la crisis social y reanudar proyectos que habían quedado paralizados. Todo ello con la locomotora de dinero estatal abundante, por lo menos en una primera etapa.

La contracara
Pero aquí viene la contracara: el Estado, para controlar, necesita a su vez que lo controlen muy de cerca porque constantemente se desmadra o entra en actos de corrupción. No basta con que un organismo estatal controle a otro, o con que el poder Legislativo controle al Ejecutivo. Ni siquiera con que el tercer y por momentos el más importante poder, como es el Poder Judicial, se depure a través de un cambio en la Corte Suprema que se derrame después a estamentos judiciales inferiores.Para una oxigenación mayor, que dé entusiasmo, se necesita también un activo control social, de los organismos no gubernamentales sin fines de lucro. Pero también de los con fines de lucro, las empresas, los intereses económicos, enzarzados en una competencia plena, sin que el Estado dicte favoritismos o haga repartijas de mercado.
Quizás cuando se avance conceptualmente hasta esta nueva síntesis se comprenderá qué tan perniciosa es una total ausencia de control estatal, como pretender sustituir el control privado por un avance estatizante.Habrá que ver más adelante cómo se traduce en temas tan críticos y sensibles como las tarifas de servicios públicos, ya que si continúa el actual congelamiento es previsible que los prestadores quieran abandonar los servicios, ya sea pacíficamente o mediante fuertes juicios contra la Argentina en tribunales internacionales.
Y en ese caso el Estado tendrá que decidir si avanza un paso más y vuelve a absorber los servicios que privatizó, si busca finalmente un arreglo con los mismos prestadores o procura que lleguen nuevos. (DyN)

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