22 Junio 2011 Seguir en 
A veces la adversidad es tan grande y afecta a todos que consigue una de las cosas más difíciles de lograr en nuestro país: la unión. El 4 de junio pasado entró en actividad el complejo volcánico Puyehue-Cordón Caulle, que desde los años 60 vivía en una suerte de "barrio tranquilo del ayer" del sur de Chile. Al día siguiente, generó una nube de ceniza que se elevó a más de 10.000 metros. Este fenómeno provocó una lluvia de cenizas volcánicas que afectó varias ciudades del sur de la Argentina. Entre las que se vieron seriamente afectadas se hallan Villa La Angostura y San Carlos de Bariloche, donde se generó una capa de hasta 50 centímetros sobre la corteza terrestre y los lagos. El viento llevó las cenizas hasta las costas australianas.
En nuestro país, el fenómeno provocó impensados trastornos y pérdidas millonarias. La compañía aérea LAN informó que, desde la erupción del pasado 4 de junio, alrededor de 400 vuelos fueron suspendidos y 37.000 pasajeros resultaron afectados. La ganadería, en especial el sector ovino, también está sumamente afectada por los residuos volcánicos. Las cenizas cubren los pastizales de los animales y también se depositan sobre sus pelajes. La Comisión Nacional de Emergencia Agropecuaria declaró hace una semana la emergencia en las provincias de Río Negro, Neuquén y Chubut.
En esta última, organizaciones rurales estimaron pérdidas por 750.000 cabezas de ganado ovino. Empresarios de Bariloche estimaron que si los problemas continuaban, en la temporada de invierno las pérdidas podían rondar los $ 600 millones. Según los operadores turísticos, el 80% de las reservas hoteleras efectuadas desde principios de año fueron canceladas en las últimas dos semanas. El panorama sombrío y la queja no desalentaron a los barilochenses. A través de la red social Facebook y bajo el lema "Bariloche, mi casa", se convocó a voluntarios para limpiar la ciudad. El lunes, tras el acto oficial del Día de la Bandera, alrededor de 3.000 vecinos munidos de palas, carretillas y escobillones comenzaron a limpiar la ciudad, mientras una gran cantidad de camiones trasladaban las cenizas hasta la cantera municipal. Las cuadrillas se organizaron en grupos de 20 personas, y se asignaron distintas zonas, para juntar los montones de arena y raspar las veredas y calles sacando lo que estaba más pegado. Otros vecinos se acercaron con mate, tortas fritas, medialunas, agua y demás vituallas para asistir a los voluntarios que decidieron sumarse a la convocatoria. "Esto es para demostrar que Bariloche está de pie y que el turismo puede venir con tranquilidad", afirmó un vecino.
La segunda jornada se realizará el domingo y se avanzará sobre otro sector de la ciudad, donde están los barrios carecientes. A la iniciativa se sumaron empresarios, trabajadores de distintas empresas de turismo y de transporte de cargas, funcionarios provinciales y municipales, impulsados por el propio intendente de la ciudad.
Lo importante es que esta convocatoria surgió del seno de la comunidad y a ella se sumaron los otros sectores. Se trata de una acción de participación ciudadana digna de imitar. Los vecinos no esperaron que sus representantes actuaran en tal sentido, sino que ellos mismos salieron en defensa de su economía y les dieron el ejemplo a los demás. Estos barilochenses no se sentaron a esperar que el tigre los comiera. Como siempre, lo que cuentan son las acciones, no las palabras.
En nuestro país, el fenómeno provocó impensados trastornos y pérdidas millonarias. La compañía aérea LAN informó que, desde la erupción del pasado 4 de junio, alrededor de 400 vuelos fueron suspendidos y 37.000 pasajeros resultaron afectados. La ganadería, en especial el sector ovino, también está sumamente afectada por los residuos volcánicos. Las cenizas cubren los pastizales de los animales y también se depositan sobre sus pelajes. La Comisión Nacional de Emergencia Agropecuaria declaró hace una semana la emergencia en las provincias de Río Negro, Neuquén y Chubut.
En esta última, organizaciones rurales estimaron pérdidas por 750.000 cabezas de ganado ovino. Empresarios de Bariloche estimaron que si los problemas continuaban, en la temporada de invierno las pérdidas podían rondar los $ 600 millones. Según los operadores turísticos, el 80% de las reservas hoteleras efectuadas desde principios de año fueron canceladas en las últimas dos semanas. El panorama sombrío y la queja no desalentaron a los barilochenses. A través de la red social Facebook y bajo el lema "Bariloche, mi casa", se convocó a voluntarios para limpiar la ciudad. El lunes, tras el acto oficial del Día de la Bandera, alrededor de 3.000 vecinos munidos de palas, carretillas y escobillones comenzaron a limpiar la ciudad, mientras una gran cantidad de camiones trasladaban las cenizas hasta la cantera municipal. Las cuadrillas se organizaron en grupos de 20 personas, y se asignaron distintas zonas, para juntar los montones de arena y raspar las veredas y calles sacando lo que estaba más pegado. Otros vecinos se acercaron con mate, tortas fritas, medialunas, agua y demás vituallas para asistir a los voluntarios que decidieron sumarse a la convocatoria. "Esto es para demostrar que Bariloche está de pie y que el turismo puede venir con tranquilidad", afirmó un vecino.
La segunda jornada se realizará el domingo y se avanzará sobre otro sector de la ciudad, donde están los barrios carecientes. A la iniciativa se sumaron empresarios, trabajadores de distintas empresas de turismo y de transporte de cargas, funcionarios provinciales y municipales, impulsados por el propio intendente de la ciudad.
Lo importante es que esta convocatoria surgió del seno de la comunidad y a ella se sumaron los otros sectores. Se trata de una acción de participación ciudadana digna de imitar. Los vecinos no esperaron que sus representantes actuaran en tal sentido, sino que ellos mismos salieron en defensa de su economía y les dieron el ejemplo a los demás. Estos barilochenses no se sentaron a esperar que el tigre los comiera. Como siempre, lo que cuentan son las acciones, no las palabras.







